Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Educación

El psicólogo Alberto Soler marca la línea roja con la educación de tus hijos: "Dar un premio a tus hijos no es pecado capital, los castigos son claramente peores"

El pediatra Carlos González, experto en crianza: "Premiar y castigar a los hijos es profundamente inmoral"

El pediatra Carlos González, sobre cómo conseguir que los hijos estudien: "Matamos su deseo de estudiar"

Familia paseando con dos hijos

Familia paseando con dos hijos / Pexels

Cloe Bellido

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Educar a los hijos es todo un reto. Muchos padres siguen recurriendo hoy en día al método de los premios y los castigos, muy común para moldear el comportamiento infantil y corregir ciertas actitudes pero que también ha sido muy criticado por varios expertos en crianza.

"Dejemos de simplificar y polarizarlo todo, que ya bastante dura es la crianza como para que se critique absolutamente todo", expone Alberto Soler, psicólogo y experto en crianza con más de 600 mil seguidores en Instagram.

"Dar un premio no es pecado capital"

Soler defiende que no es comparable "el efecto de una amenaza o un castigo con una recompensa". "Dar un premio a tus hijos no es pecado capital, y no me parece justo cuando premios y castigos se miden bajo el mismo rasero como si fueran lo mismo, y es que no es así. Los castigos son claramente peores que los premios", defiende el psicólogo.

Eso sí, matiza, "el tema con los premios es no pasarnos y, sobre todo, nunca premiar ciertas conductas que no deben ser premiadas".

Dos tipos de motivación

Según Soler, hay dos tipos de motivación, la intrínseca y la extrínseca. "La intrínseca es la que nace de dentro y es muy muy poderosa, la extrínseca viene de fuera y es mucho más débil y menos duradera. La clave es que nunca tenemos que premiar una conducta que está intrínsecamente motivada, porque entonces vas a sustituir la motivación intrínseca de tu hijo por una motivación externa que es más débil y es menos duradera", expone.

Para entenderlo mejor, pone un ejemplo. "Imagina que a tu hija o hijo le encanta leer, y entonces decides potenciar la lectura dándole X euros por cada libro que se lea. Error. Estás cambiando motivación intrínseca por extrínseca. Para ganar más dinero, poco a poco empezará a leer libros cada vez más cortos, empezará a saltarse páginas o incluso a decirte que se ha leído un libro cuando realmente no es así".

De esta manera, "habrás matado su gusto por la lectura y lo habrás cambiado por ganas de conseguir dinero".

En cambio, hay otras circunstancias en las que un premio no tiene por qué ser malo. "¿Darle un premio o llevarle a merendar cada vez que vais al dentista? Pues a no ser que tu hijo tenga una motivación innata por ir al dentista, no hay ningún problema. No estás matando su motivación interna, sino que le estás animando a hacer algo que no le motiva en absoluto", concluye Soler.