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La primera barbacoa tradicional japonesa de Barcelona

En Carlota Akaneya se puede degustar la Matsuska Beef de Ito Ranch, una de las mejores carnes del mundo

Akaneya Matsusaka Beef

Akaneya Matsusaka Beef / Cedida

Alberto G. Reina

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En la puerta de la calle del Pintor Fortuny, 32, hay varias personas paradas. Miran a un lado a otro para intentar dilucidar qué tipo de restaurante se esconde dentro. Es un local discreto, un tanto misterioso y, por lo que se lee en el exterior, únicamente ofrece dos menús degustación, no precisamente económicos, aunque el precio bien valga la experiencia.  

Al atravesar la puerta, se descubre Carlota Akaneya, el primer sumibiyaki (barbacoa japonesa tradicional) de Barcelona. Una atmósfera cálida, unas pocas mesas escasamente iluminadas y un ambiente completamente inmersivo que transporta directamente al país nipón, y que incluye un cántico de bienvenida –contundente y al unísono– de todo el personal.  

Lo primero que llama la atención son las parrillas incorporadas a las mesas de los comensales, donde el carbón kishū binchōtan garantizará las brasas durante toda la experiencia gastronómica. A lo largo del viaje, el equipo de sala conduce al cliente en los rituales de cada uno de los platos: la procedencia de los alimentos, los puntos de cocción, los secretos de cada pieza… Así es como se degustan algunos de los mejores productos de Japón, tratados con mimo mediante elaboraciones únicas y técnicas ancestrales.  

Parrillas en las mesas de Akaneya

Parrillas en las mesas de Akaneya / Cedida

Los cortes de wagyū japonés, preparados en la propia mesa, despiertan todos los sentidos gracias a su marmoleado y delicadeza. La anguila estilo Kanto muestra la sensibilidad de la técnica. Y el exquisito Crown Melon –muy preciado y conocido como un regalo simbólico en Japón– pone el broche final con un toque fresco y refinado.  

Pero el que es gran tesoro de Carlota Akaneya es el Matsusaka Beef de Ito Ranch, una de las carnes más exclusivas y valoradas del mundo. Su crianza, basada en un cuidado meticuloso de hasta 45 meses, permite alcanzar un nivel de marmoleado y ternura que se considera excepcional incluso dentro de Japón. La carne se funde literalmente al contacto con el calor debido a su bajo punto de fusión, generando una textura única que se deshace en la boca. En un momento del año en el que se buscan obsequios con significado, esta experiencia se convierte en una opción única para quienes desean sorprender con un detalle que trascienda lo material.