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Origen del brote

La teoría del bocata: Catalunya analiza el origen del brote de peste porcina y especialistas apuntan a un residuo alimentario como posible vía de entrada

Una comida tirada en un área de servicio podría estar detrás del brote que ha reactivado todas las alarmas en Collserola

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Cerdos adultos en una explotación porcina de engorde.

Cerdos adultos en una explotación porcina de engorde. / CRAIG LASSIG / EFE

Alexandra Costa

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La teoría del bocata se ha convertido en la principal línea de investigación para esclarecer cómo ha llegado la peste porcina africana (PPA) a Collserola tres décadas después de desaparecer del territorio. El Govern trabaja a marchas forzadas mientras los laboratorios completan la secuenciación genética de los jabalíes hallados muertos en Cerdanyola del Vallès, un análisis que permitirá comparar las muestras con cepas detectadas en otros países.

En una entrevista a 3Cat, Vicens Enrique-Tarancón, coordinador del Grup de Sanejament Porcí de Lleida, explica que la secuenciación sirve para identificar el “origen familiar” del virus y determinar si encaja con variantes documentadas en lugares tan distantes como Georgia o Italia. Según detalla, si el rastreo genético confirma que la PPA ha llegado “desde muy lejos”, la vía de entrada más plausible sería el movimiento de productos animales contaminados que acaban en la basura.

El propio Enrique-Tarancón apunta que la hipótesis más sólida es la conocida como teoría del bocadillo: que alguien de paso tirara un embutido infectado, inocuo para las personas pero capaz de transmitir la enfermedad a la fauna salvaje. El veterinario insiste en la importancia de tirar los restos de comida en lugares adecuados y mantener los contenedores cerrados, una recomendación que vuelve a escena con cada brote de PPA en Europa.

La ubicación de los primeros jabalíes muertos refuerza esta posibilidad. El hallazgo se produjo en Cerdanyola, junto a Collserola, la UAB, autopistas, carreteras y áreas de servicio, un entorno donde los animales acceden con facilidad a restos de comida. El parque natural recibe entre cinco mil y seis mil visitantes cada fin de semana, además de las más de 16.000 personas que viven en sus alrededores, un flujo constante que aumenta el riesgo de contacto entre humanos y fauna.

Para contener el brote, la Generalitat ha cerrado los accesos al Parc Natural de Collserola, donde vive una población estimada de 900 jabalíes que se desplazan con frecuencia hacia los municipios del entorno. Las autoridades recuerdan que está prohibido alimentar a los animales y manipular ejemplares muertos.

Ninguna granja afectada

El Govern confirmó este domingo que las 39 explotaciones porcinas situadas en el radio de seis kilómetros alrededor del foco han dado negativo en las analíticas. Aun así, por protocolo europeo, deberán mantener restricciones de movimiento y exportación durante al menos un año.

Las granjas, protegidas con medidas de bioseguridad, han reforzado los controles de acceso, la limpieza de vehículos y la desinfección de instalaciones para impedir que el virus salte del entorno silvestre al ámbito ganadero.

El Ejecutivo catalán pide a la ciudadanía que evite entrar en las zonas restringidas, que mantenga cerradas las papeleras y los contenedores, que sitúe las comidas de colonias felinas en lugares elevados y que avise al 112 ante cualquier jabalí muerto sin tocarlo. Todas estas medidas buscan contener la situación mientras se confirma si un simple bocadillo mal tirado pudo desencadenar un brote que ha encendido todas las alarmas.