Zamora
Se enamora de España y compra un pueblo entero: "Un lugar que todos podrán disfrutar"
Por la asombrosa cifra de 310.000 euros, menos de lo que cuesta un pequeño apartamento en Madrid

Salto de Castro / WIKIMEDIA
En el corazón de la España Vaciada, donde el silencio y el abandono a menudo escriben el último capítulo de la historia de muchas aldeas, ha surgido un relato de esperanza que cruza el Atlántico. El protagonista es Jason Lee Beckwith, un estadounidense originario de California que, lejos de ser un magnate excéntrico o un especulador inmobiliario, se presenta como un preservacionista con un sueño. Tras recorrer Europa, encontró su "paraíso" personal en la provincia de Zamora y tomó una decisión radical: comprar un pueblo entero. Por la asombrosa cifra de 310.000 euros —menos de lo que cuesta un pequeño apartamento en Madrid—, se ha convertido en el dueño de Salto de Castro, una aldea abandonada desde finales de los años 80. Su objetivo no es crear una "California Ibérica" exclusiva, sino iniciar un proyecto de revitalización que respete el entorno y abra las puertas a todo el mundo.
De la vida industrial al olvido
La historia de Salto de Castro es un reflejo de la historia industrial y demográfica de muchas comarcas españolas. Situado en el municipio de Fonfría, en la frontera misma con Portugal, este pueblo no nació de la tradición secular, sino de la necesidad. Fue construido en 1946 por la compañía eléctrica Iberduero para albergar a las familias de los trabajadores que levantaron la imponente presa de Castro. Durante décadas, fue una comunidad vibrante y autosuficiente. Contaba con más de 40 viviendas, una escuela para los niños, una iglesia para el culto, un bar como centro social e incluso un cuartel de la Guardia Civil que velaba por la seguridad.
Sin embargo, su destino estaba ligado al de la presa. Una vez finalizadas las obras y con la automatización de las centrales hidroeléctricas, la razón de ser del pueblo desapareció. En 1989, los últimos vecinos se marcharon, cerrando tras de sí un capítulo de vida y dejando que la naturaleza reclamara lo que era suyo. Durante 36 años, Salto de Castro se convirtió en un pueblo fantasma, un conjunto de ruinas devoradas por la maleza y el olvido. Sus calles, antes llenas de vida, se quedaron mudas, esperando un futuro que parecía no llegar nunca. Hasta que Jason Lee Beckwith lo visitó y, en lugar de ruinas, vio un lienzo en blanco lleno de posibilidades.
El renacimiento
El proyecto de Lee Beckwith es tan ambicioso como inspirador. Su intención es resucitar Salto de Castro transformándolo en un complejo turístico, residencial y comunitario. El plan maestro contempla la rehabilitación integral de las 44 viviendas, la iglesia, la escuela y el antiguo cuartel. La visión, según sus propias palabras, es crear "un lugar que todos podrán disfrutar, sin importar su presupuesto", rompiendo con el modelo de resorts de lujo y apostando por un turismo más inclusivo y accesible. El proyecto arrancará con la construcción de un edificio principal que funcionará como corazón del complejo, albergando alojamientos, un restaurante, un centro de bienvenida, una piscina y zonas de ocio al aire libre.
La inversión necesaria es considerable, estimada entre cuatro y siete millones de dólares. Para financiarla, el empresario californiano planea recurrir a una combinación de fondos privados, inversores internacionales y posibles ayudas públicas del Gobierno español y de la Unión Europea, alineándose con las estrategias de desarrollo rural. Pero el impacto que busca va más allá de lo económico. Su meta es que el nuevo Salto de Castro se convierta en un motor para la comarca, generando empleo local de calidad, atrayendo visitantes durante todo el año y fomentando una conexión profunda entre naturaleza, cultura y comunidad.
El desafío ecológico
A pesar del entusiasmo generalizado, el sueño de Lee Beckwith se enfrenta a un importante obstáculo: la espada de Damocles ecológica. Salto de Castro no está en un lugar cualquiera; se encuentra enclavado dentro del Parque Natural de los Arribes del Duero, un espacio de altísimo valor ecológico protegido por la UNESCO y la Red Natura 2000. Esta ubicación privilegiada es, a la vez, su mayor atractivo y su mayor
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