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Consejos prácticos

Adiós a esperar dos horas para bañarte: el truco de un técnico de emergencias para que no se te corte la digestión

Este fenómeno puede provocar desde vómitos hasta un fallo cardíaco si no se toman precauciones

El método de la Policia Nacional que debes conocer para evitar los ahogamientos infantiles

El técnico de emergencias Miguel Assal explica cómo aclimatar tu cuerpo para evitar desgracias

El técnico de emergencias Miguel Assal explica cómo aclimatar tu cuerpo para evitar desgracias / ED

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Luis Miguel Mora

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Eres un niño en un cálido día de verano, disfrutando en la piscina o en la playa junto a tu familia. Acabas de terminar de comer y estás ansioso por meterte en el agua, pero tu madre te advierte que esperes un poco antes de hacerlo, ya que "podrías sufrir un corte de digestión". Aunque este mito ha sido desmentido en numerosas ocasiones por los médicos, sí existe un riesgo real de sufrir el llamado síndrome por hidrocución. Para prevenirlo, sigue las recomendaciones del técnico de emergencias Miguel Assal.

El riesgo del verano es el síndrome por hidrocución, que no está relacionado con el estómago, sino con el choque térmico que sufre el cuerpo al pasar de temperaturas altas a un agua muy fría. "Pasar de estar a 40 grados al sol a meterte en agua fría de forma brusca puede provocar una pérdida de conocimiento, fallo respiratorio y cardíaco", advierte el experto.

En el mejor de los casos, la persona puede sufrir náuseas, vómitos o malestar general, pero si el desmayo ocurre en el agua y la víctima está sola, las consecuencias pueden ser fatales.

El truco para evitar sustos: ponerse agua poco a poco

Assal recomienda seguir lo que él llama la 'técnica de la abuela': mojarse primero el cuello, las axilas y las ingles antes de entrar completamente en el agua. Esto permite que el cuerpo se adapte gradualmente a la temperatura y reduce drásticamente el riesgo de sufrir este síndrome.

Además, lanza un mensaje directo a los padres para que se lo hagan siempre a sus hijos. La clave está en evitar el cambio brusco y no confiarse, incluso si han pasado las famosas dos horas después de comer. La precaución salva vidas todos los veranos.

Fuente: El Día - La Opinión de Tenerife