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Abro hilo

La técnica rusa para desestabilizar España con la dana, al descubierto

Un informe de Seguridad Nacional, la soporífera final de la Europa League y los métodos de Trump con los líderes extranjeros, protagonistas en las redes

Disturbios en la visita de los Reyes, Sánchez y Mazón a Paiporta

Disturbios en la visita de los Reyes, Sánchez y Mazón a Paiporta

Daniel G. Sastre

Daniel G. Sastre

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Hace mucho tiempo que las guerras no se dirimen solo en el campo de batalla. Los medios de comunicación de masas, desde que lo son, han sido objeto de deseo para los gobiernos, que siempre han querido aprovechar su influencia y convertirlos en herramientas de propaganda. El auge de las redes sociales, en los últimos años, no ha hecho sino redireccionar esos esfuerzos, y en muchos casos ampliarlos. Y, aunque todos los gobiernos querrían controlar los medios y las redes, unos lo hacen mejor que otros.

La gran virtud del Informe Anual de Seguridad Nacional, aprobado esta semana por el Consejo de Seguridad Nacional (CSN), no es que deje en evidencia las constantes injerencias rusas en la UE, ni su voluntad de desestabilizar las democracias occidentales con cualquier pretexto, ni siquiera la audacia con la que se conducen los chavales de Vladímir Putin. Es que deja negro sobre blanco algunos de sus métodos, que utilizaron con profusión con la tragedia de la dana de Valencia. El informe del CSN detalla que los tentáculos del Kremlin difundieron bulos como el de los cientos de cadáveres del párking de Bonaire, o que la policía había abandonado a los ciudadanos necesitados para escoltar al Rey y a Pedro Sánchez en Paiporta. El objetivo es sembrar la discordia, "incrementar la división social", para, en última instancia, "deslegitimar el apoyo a Ucrania" en la UE. Para, en resumen, denunciar que España estaba dilapidando en una guerra a miles de kilómetros recursos que debían servir para ayudar a los valencianos.

En España, los más molestos con lo que dice el informe han sido los usuarios de redes sociales vinculados a Vox, que han mostrado de nuevo una cercanía, que ya no parece casual, con el Kremlin. "El régimen de Putin ha fijado especial prioridad por destruir la impecable democracia española", se burlaba en X el eurodiputado de ese partido Hermann Tertsch.

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en una fotografía del pasado viernes. EFE/EPA/ALEXANDER VILF/POOL MANDATORY

El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en una fotografía del pasado viernes. / EFE

La final de la Europa League entre el Tottenham y el Manchester United, que se celebró el miércoles en San Mamés, tuvo mucha miga en las redes sociales. Primero recogieron episodios de la ebria turbamulta inglesa que asoló Bilbao durante todo el día: hay que hacer especial mención a la inquina con la que los 'hooligans' maltrataron el mobiliario urbano, sobre todo los semáforos –que arrancaron en un buen número en el centro de la ciudad– y cómo se defendieron algunos lugareños de la invasión. Se hicieron virales, por ejemplo, las imágenes de un señor que ahuyentaba a los hinchas borrachos de las inmediaciones de su piso en la plaza Nueva con una especie de puya de las que se usan en las corridas de toros. Y aún así costaba echarlos, para que después hablen de la elegancia y el saber estar británicos.

Pero, sobre todo, la gente comentó lo malo que fue el partido. Después de unas semifinales de Champions que constituyeron un monumento al buen gusto futbolístico –en el caso del Inter-Barça– o, al menos, a la emoción –en el de la eliminatoria que enfrentó al PSG y al Arsenal–, el partido entre los Spurs y el United parecía de otro deporte. Es comprensible que el Tottenham quisiera dar épica en las redes a su victoria, lograda gracias a un gol en propia puerta de sus rivales, pero quienes no tuvieran una implicación emocional en el partido lo sufrieron más que lo disfrutaron.

Los memes fueron sangrantes. "Eso no puede ser fútbol, tiene que ser algo distinto", escribía la cuenta @TrollFootball, con 4,5 millones de seguidores. "No sé si estoy viendo la final de la Europa League o un partido de playoff de descenso de la Premier", apuntaba @raulschalke7. "El Tottenham campeón de la Europa League, sin tirar a puerta en todo el partido (el gol fue en propia), decimoséptimo en la Premier con 38 puntos, mismas derrotas en la Premier que Las Palmas. El peor campeón de la UEFA en muchos años", resumió @marmolista_gc2.

El Tottenham celebra la Europa League conquistada en San Mamés frente al Manchester United.

El Tottenham celebra la Europa League conquistada en San Mamés frente al Manchester United. / Bernat Armangue / AP

Si algo no se le puede negar a Donald Trump es sentido del espectáculo. Eso no es necesariamente bueno si uno es presidente de un país; es más, quienes estén educados en una cultura política tradicional pueden considerar grotescos sus numeritos. Pero el caso es que Trump lo lleva en la sangre, para disgusto de los mandatarios internacionales que lo visitan en la Casa Blanca. Hace unas semanas fue Volodímir Zelenski, el presidente de Ucrania, quien sufrió una encerrona en el Despacho Oval, y el miércoles pasado fue su homólogo sudafricano, Cyril Ramaphosa, a quien Trump acusó de permitir un "genocidio" contra los blancos en su país. El presidente de EEUU tenía preparada la sorpresa a su invitado hasta el punto de que, en un momento dado, proyectó un vídeo de varios minutos con los supuestos desmanes contra los blancos en Sudáfrica. "Apagad las luces", ordenó a sus ayudantes.

El pobre Ramaphosa, como Zelenski en su momento, resistía el chaparrón como podía, incapaz de creer que Trump le estuviera dando lecciones de lo que pasa en su propio país. Le pasaba artículos, impresos en papel, de publicaciones de internet, e iba recitando sus títulos, siempre acerca de supuestos ataques a granjeros afrikáner: "Muerte, muerte, muerte horrible". No aportó pruebas. A su lado, Elon Musk, nacido en Sudáfrica, asentía durante el 'show', en el que varios miembros blancos del gobierno de Ramaphosa defendieron a su presidente y negaron las acusaciones del líder de Estados Unidos.

El presidente sudafricano mantuvo la calma y le explicó que sí, en su país hay violencia, pero que las víctimas son mayoritariamente negras. E incluso se permitió un chiste, muy celebrado en las redes sociales, a cuento del suntuoso obsequio que Trump recibió en su último viaje oficial a Catar: "Lo siento, no tengo un avión para regalarte". 

El presidente surafricano Cyril Ramaphosa con su homólogo de EEUU, Donald Trump

El presidente surafricano Cyril Ramaphosa con su homólogo de EEUU, Donald Trump / X

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