EN WRANGEL (RUSIA)
Osos polares famélicos viven hacinados en una isla del Ártico
El calentamiento global ha adelantado el deshielo y los animales buscan refugio y alimento fuera de su hábitat natural
Los pasajeros del crucero Akademik Shokalski han descubierto una población de 200 osos polares hambrientos en la isla rusa de Wrangel. Desde lejos, los turistas vieron puntos blancos en la orilla de la isla y creyeron que estaban viendo pequeños bloques de hielo o parches de nieve. Sorprendidos, se acercaron a la isla y descubrieron a un grupo de osos polares devorando el cadáver de una ballena, que habría sido arrastrada hasta la costa por las olas.
Este "espectáculo" pudo fascinar a los turistas, pero realmente refleja una de las consecuencias más preocupantes del cambio climático. El calentamiento global transforma el hábitat natural de los animales, aumenta la competencia por los alimentos y los acerca a zonas habitadas.
En el caso de los osos polares, no se trata de un problema puntual, sino que el cambio climático es desde hace tiempo una gran amenaza para la supervivencia de la especie. De momento, está empujando a los osos a pasar más tiempo en tierra firme y a acercarse cada vez más a los pueblos.
Peligra el futuro del grupo
Este otoño, los observadores censaron 589 osos polares. Según alerta Eric Regehr, especialista de la Universidad de Washington, se trata de un número "anormalmente alto". El mismo Regehr, afirma que la especie sigue en buena salud, aunque solo de momento.
Cada vez más osos polares acuden a la isla de Wrangel. De hecho, pasan en la isla, de media, un mes más de lo que lo hacían hace 20 años. El deshielo está cambiando el hábitat de los osos y eso, pone en peligro el futuro de la especie.
En tierra firme existen algunas fuentes de alimentación como bueyes almizcleros, roedores o incluso la hierba. De todas maneras, ninguno de estos alimentos puede sustituir el aporte energético de las focas, esencial para la supervivencia de los osos polares.
Desde mediados de octubre, los osos polares se acercan peligrosamente al pueblo de Ryrkaipi, en tierra firme y situado a 200 kilómetros de la isla de Wrangel. Es un lugar frecuentado por las morsas y eso ya ha provocado el primer conflicto entre osos y humanos. Este mismo año, algunos esqueletos de morsa llegaron flotando hasta el pueblo y eso atrajo a los osos polares. Según Viktor Nikiforov, coordinador del centro ruso de mamíferos marinos, uno de los osos "rompió la ventana de una casa".
La localidad, de unos 600 habitantes, se puso en alerta: la gente se refugió en sus casas y se cerró el colegio. Unas grúas se encargaron de retirar los esqueletos y todo volvió a la normalidad. De todas maneras, el mismo Nikiforov afirma que "la concentración de seres humanos y animales en la misma zona aumenta y eso provoca conflictos". Además, avisa que hay que preocuparse "por las transformaciones que se dan en la naturaleza".
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