Océanos

Estos son los 15 nuevos peligros que afrontarán los mares en diez años

Los científicos desvelan cómo afectarán ciertas actividades futuras a la biodiversidad marina

Estos son los 15 nuevos peligros que afrontarán los mares en diez años

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Verónica Pavés

La biodiversidad oceánica se enfrenta a innumerables riesgos conocidos, como el cambio climático, la acidificación o la contaminación marina. La humanidad está tratando de reducir dichos impactos, pero el océano seguirá siendo vulnerable. En cinco o diez años, de hecho, es posible que surjan nuevos peligros que pongan en jaque la vida marina. Teniendo esto en cuenta, un equipo de investigadores internacionales liderados por la Universidad de Cambridge ha elaborado una lista con los 15 problemas que tendrán un impacto significativo en la vida marina en la próxima década.

Los científicos han identificado una serie de problemas que actualmente no reciben la atención necesaria, pero que probablemente adquieran relevancia durante la próxima década. “La identificación temprana de estos problemas y sus posibles impactos en la biodiversidad marina y costera permitirán abordar los desafíos que enfrentan los ecosistemas marinos desde distintos puntos de vista”, resalta James Herbert-Read, coautor de este artículo publicado en Nature Ecology & Evolution.

1.   Incendios forestales

El cambio climático está detrás del aumento de los incendios forestales y, pese a ocurrir en tierra, también tienen efectos en el medio marino. Además de dióxido de carbono, los incendios forestales emiten aerosoles y partículas con distintos elementos químicos, como nitrógeno, fósforo y trazas de metales como cobre, plomo y hierro. Los vientos y lluvias posteriores pueden transportar todos esos materiales a largas distancias y pueden depositarlos en los ecosistemas marinos. Los grandes incendios forestales de Australia en 2020, por ejemplo, desencadenaron una floración exacerbada de fitoplancton en el Antártico, lo que provocó la muerte de peces e invertebrados.

2.   Oscurecimiento costero (Coastal darkening)

La luz es esencial para el buen funcionamiento de los ecosistemas costeros, pero el océano está cada vez más oscuro. El calentamiento global, la contaminación marina, las tormentas o el deshielo pueden enturbiar el agua, atenuando la luz que llega a los ecosistemas. De manera moderada y limitada, ‘apagar’ la luz en las costas puede llegar a ser positivo, porque, por ejemplo, limita que los corales y arrecifes se blanqueen. Pero si ocurre a menudo y en muchos lugares a la vez, puede causar un estrés degenerativo con alteraciones permanentes para los ecosistemas.

Peces nadando sobre posidonia / Shutterstock

3.   La contaminación por metales, más tóxica

Aunque desde hace décadas existe estricta regulación sobre los contaminantes con contenido en metales, estos materiales son muy escurridizos. Los metales han conseguido permanecer en los sedimentos durante muchísimo tiempo gracias al arrastre continuo de tormentas o de las actividades pesqueras. Pero el problema va más allá, pues la acidificación marina, provocada por el cambio climático, aumenta la absorción y toxicidad de los metales en el agua de mar y los sedimentos, lo que tendrá consecuencias en la fauna marina. Y aunque no tendrá impacto en todos los organismos por igual, una de las especies más afectadas será la de los bivalvos.

4.   El ecuador se “vacía” por la migración climática

El aumento de temperaturas está convirtiendo a algunas partes del océano en lugares cada vez más inhóspitos. Las especies se están desplazando hacia los polos, donde las temperaturas son más agradables. Y si bien aquellos que viven en latitudes medias y altas pueden ser reemplazadas por especies de regiones más cálidas. En las zonas climáticas más cálidas, como las regiones ecuatoriales, ya no hay reemplazo, pues las que viven allí son las especies más tolerantes al calor. Las consecuencias ecológicas de esta disminución en las zonas ecuatoriales no están claras, pero es probable que las comunidades ecológicas que emerjan en el Ecuador no sean tan buenas como sus sucesoras, lo que pondrá en jaque el papel biológico de todo el ecosistema. 

5.   Alteración del valor nutricional de los peces

Los efectos continuos del cambio climático están afectando la producción de ácidos grasos esenciales por parte del fitoplancton. El calor es inversamente proporcional a la cantidad de ácidos grasos esenciales (entre ellos el Omega-3) que el plancton puede crear. Los cambios en esta producción podrían tener un efecto mariposa en el contenido de nutrientes de las especies que se alimentan de ellos, por lo que tendría consecuencias tanto para los depredadores marinos como para la salud humana.

Banco de peces / Roger Grace

6.   El nuevo mercado del colágeno

El colágeno es un bien cada vez más demandado para aplicaciones en la cosmética, la farmacia o las biomedicina. Esa carrera por el colágeno ha impulsado también la búsqueda de nuevas fuentes de explotación, y los organismos marinos son una de las mejores alternativas. Sin embargo, como inciden los investigadores, esta nueva fuente de colágeno también puede mermar los esfuerzos para reducir la pesca masiva. Hay varias especies que pueden suministrar colágeno (esponjas, medusas o tiburones), pero la forma más sostenible, según estos científicos sería la de utilizar productos derivados de la industria pesquera (por ejemplo, piel, huesos y recortes) que, además, podría contribuir a la economía azul y circular.

7.   Nuevos productos marinos ‘de lujo’

Del mar a su mesa. El consumo de ‘piezas’ marinas de lujo ha encontrado un nuevo producto: las vejigas natatorias de pescado. Este órgano que permite a los peces flotar -también conocida como fauces del pescado- está teniendo una demanda creciente y en el mercado ya se cotiza por 46.000 dólares el kilo. Los científicos creen que esta tendencia es peligrosa, pues la búsqueda de vejigas natatorias sin control puede alentar a la sobreexplotación pesquera, así como el uso de técnicas perjudiciales para el medio ambiente, como las redes de arrastre.

8.   Impacto de la pesca profunda

La preocupación por la seguridad alimentaria mundial ha llevado a muchos países a intentar pescar más allá de lo normal. En las profundidades mesopelágicas (200 a 1.000 metros) habitan todo tipo de peces que nunca han sido explotados o consumidos, como los pequeños peces linterna. De hecho, los peces mesopelágicos no son aptos para el consumo humano, pero podrían proporcionar harina de pescado para la acuicultura o utilizarse como fertilizantes. El problema es que estos animales tienen un papel fundamental en el ciclo del carbono, hasta tal punto que son los responsables de transportar el CO2 que se deposita en las aguas superficiales para ‘atraparlo’ en las profundidades junto a sus excrementos. La eliminación masiva de peces mesopelágicos podría interrumpir una de las vías más importantes de secuestro de carbono.

9.   Extracción de litio en el mar

La demanda de baterías, incluidos los vehículos eléctricos, probablemente conducirá a una demanda de litio que sea más de cinco veces su nivel actual para 2030. Si bien las concentraciones son relativamente bajas en el agua de mar, algunas piscinas de salmuera en aguas profundas se consideran grandes reservas de litio. Por tanto, hay posibilidades de que se conviertan en puntos de extracción habituales. Pero antes de hacerlo habrá que tener en cuenta los daños que puede generar, dado que estas piscinas de salmuera probablemente albergan muchas especies endémicas que, probablemente, ni siquiera se han identificado aún.

10. Nuevas infraestructuras marinas

El mundo ha propuesto nuevas infraestructuras asentadas en el mar, como parques eólicos marinos, para poder dar respuesta a las crecientes necesidades energéticas, la demanda pesquera y transporte marítimo. El objetivo es seguir generando beneficios y dar cobertura a la demanda de la humanidad, optimizando el espacio y minimizando los impactos ambientales. Sin embargo, nada es tan sencillo. La falta de un marco normativo común de gestión y evaluación ambiental genera dudas entre los científicos sobre su posible impacto de estas infraestructuras a largo plazo.

Parque eólico marino / Shutterstock

11. Ciudades marinas flotantes

El concepto de ciudades marinas flotantes nació a mediados del siglo XX y hoy está a punto de hacerse realidad en las Maldivas. La principal ventaja de estas urbes sobre el mar es que permitirá dar estabilidad habitacional a miles de familias pese al incremento del nivel del mar. Aunque su diseño está concebido para adaptarse a los ecosistemas marinos sin hacerles un daño irreparable, los científicos creen que sus cimientos también podrían ayudar a aumentar la propagación de especies invasoras.

12. La contaminación de las energías verdes

La transición hacia las energías verdes es la única forma para poder paliar el calentamiento global. Pero el mayor uso de vehículo eléctrico llevará consigo un aumento de la demanda de baterías, que empezará a crecer un 10% al año. El problema está en que las baterías de los vehículos eléctricos no se suelen reciclar como residuos nocivos, pese a que existe el riesgo de que emitan ciertos elementos tóxicos durante su ciclo de vida.

13. El seguimiento de las especies instaladas en las profundidades

Los científicos conocen a la perfección el comportamiento de las especies marinas que emergen de vez en cuando a la superficie. Sin embargo, las que viven en las profundidades y jamás emergen, son unas completas desconocidas y por ello están a salvo. Pero esto está a punto de cambiar. El MIT ha desarrollado un sistema de ‘GPS submarino’ - conocido como ‘Underwater Backscatter Location’ o UBL - que permite el seguimiento de esos escurridizos animales de los fondos marinos con una precisión de centímetros. Sin embargo, detrás de esta novedosa tecnología hay aún problemas sin resolver, como el impacto que tendrá en el comportamiento de los animales.

14. Los robots ‘blandos’ que llegarán al mar

Los robots blandos - denominados así por utilizar materiales flexibles inspirados en organismos vivos- podrían llegar a más profundidad que los robots rígidos actuales. Estos artefactos podrán ayudar a la recolección de muestras en aguas profundas, pero también se corre el riesgo de que abandonen contaminantes y desechos en estos entornos inexplorados. Además, los propios robots blandos también pueden ser ingeridos por especies depredadoras que los confunden con presas.

15. Efectos de los nuevos materiales biodegradables

Si bien los nuevos materiales biodegradables utilizados parecen ser la respuesta a la contaminación por plásticos mundial. Pero como relatan los científicos, muchos de estos polímeros utilizados no han sido evaluados correctamente para conocer su toxicidad ni su ciclo de vida. Se desconoce el efecto a largo plazo y a gran escala en el medio natural del uso de materiales biodegradables para distintos productos, como la ropa. Ya se ha visto que algunas microfibras naturales tienen mayor toxicidad que las plásticas cuando son consumidas por peces.

Fuente: https://www.nature.com/articles/s41559-022-01812-0#ref-CR22

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