Alimentación sostenible

Un estudio aboga por reducir un 75% la ingestión de carne en la UE para salvar el planeta

Los científicos admiten que en algunas partes del mundo no es viable ni aconsejable erradicar la ganadería

Un estudio aboga por reducir un 75% la ingestión de carne en la UE para salvar el planeta
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Joan Lluís Ferrer

Cada ciudadano de la UE consume alrededor de 80 kilogramos de carne al año, según un reciente estudio científico. Pero cada jugoso bistec, cada delicioso chorizo tiene un precio que no pagamos en el mostrador: la ganadería daña el clima y el medio ambiente. Los rumiantes, por ejemplo, producen metano, que acelera el calentamiento global. Los animales, además, convierten en carne solo una parte de las calorías con las que se alimentan, por lo que necesitan una superficie de tierra muy grande. Esto va en detrimento de los ecosistemas, ya que reduce el territorio necesario para la conservación de las especies silvestres. Asimismo, quienes comen demasiada carne asumen serios riesgos para su salud: su ingesta en exceso no es saludable y puede provocar enfermedades crónicas.

Existen buenas razones para reducir significativamente el consumo de alimentos de origen animal. "Si todos los humanos consumieran tanta carne como los europeos o los norteamericanos, sin duda no alcanzaríamos los objetivos climáticos internacionales y muchos ecosistemas colapsarían", explica el autor del estudio, Matin Qaim, del Centro de Investigación para el Desarrollo (ZEF) de la Universidad de Bonn (Alemania).

Por tanto, Quaim aboga por reducir drásticamente esos 80 kilos de carne al año: "Debemos reducir significativamente nuestro consumo de carne, idealmente a 20 kilogramos o menos al año. La guerra en Ucrania y la escasez resultante en los mercados internacionales de granos de cereales también subrayan que se debe alimentar a los animales con menos grano para apoyar la seguridad alimentaria”, añade. En la actualidad, alrededor de la mitad de todo el cereal producido en todo el mundo se utiliza como alimento para animales, explica Qaim.

Pero el vegetarianismo masivo no es la mejor solución

¿No sería mejor para la humanidad cambiar completamente a una dieta vegetariana o, mejor aún, vegana? Según el estudio, esta sería una decisión equivocada. Por un lado, hay muchas regiones donde no se pueden cultivar alimentos de origen vegetal.

La ganadería industrial daña el planeta / Pixabay

"Nosotros no podemos vivir de la hierba, pero los rumiantes sí", aclara el colega y coautor del trabajo, Martin Parlasca. "Por lo tanto, si los pastizales no se pueden usar de otra manera, tiene perfecto sentido mantener el ganado en ellos". Desde un punto de vista ambiental, tampoco existe una objeción real al pastoreo cuidadoso con un número limitado de animales.

Las regiones más pobres en particular también carecen de fuentes vegetales de proteínas y micronutrientes de alta calidad. Por ejemplo, las verduras y las legumbres no se pueden cultivar en todas partes y, además, solo se pueden cosechar en determinadas épocas del año.

“En estos casos, los animales suelen ser un elemento clave de una dieta saludable”, apunta Parlasca. "Para muchas personas, también son una importante fuente de ingresos. Si se pierden los ingresos de la leche, los huevos y la carne, esto puede poner en peligro su sustento", añade.

En cualquier caso, los países más pobres no son el problema, señalan los autores. Para sus habitantes, la carne suele estar mucho menos presente en el menú que en las naciones industrializadas. Esto significa que los que deben reducir su consumo de carne son los países ricos.El impuesto sobre los productos cárnicos tiene sentido

Por el momento, hay pocas señales de que esto vaya a suceder. Aunque ahora hay más vegetarianos que hace unas décadas, el consumo acumulado de carne se está estancando en toda Europa. Sin embargo, es más alto en América del Norte y Australia. Qaim cree que es importante considerar también la aplicación de impuestos más altos sobre los alimentos de origen animal.

El estudio considera inviable un vegetarianismo masivo / pixabay

"Eso es ciertamente impopular, especialmente porque un recargo del 10 o 20 por ciento probablemente no sería suficiente, si se supone que ha de tener un efecto disuasorio", señala. "La carne, sin embargo, tiene un alto coste ambiental que no se refleja en los precios actuales. Sería completamente razonable y justo que los consumidores compartan más de estos costes", agregó.

Los autores también piden que el "consumo sostenible" se integre cada vez más en los currículos escolares. Estos contenidos también deberían incluirse mejor en la formación de los futuros docentes. “Necesitamos ser más sensibles al impacto global de nuestras decisiones”, enfatiza Qaim, quien también es miembro del Clúster de Excelencia PhenoRob y (al igual que su colega Martin Parlasca) del Área de Investigación Transdisciplinaria (TRA) “Futuros Sostenibles” en la Universidad de Bonn.

"Esto es cierto no solo en lo relativo a la comida, sino también en lo referido a la camisa que compramos en la tienda para usar una sola noche en una fiesta", comenta.

Estudio de referencia: https://www.annualreviews.org/doi/10.1146/annurev-resource-111820-032340

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