La ciencia cuestiona las repoblaciones: “Los árboles se plantan solos”

La ciencia cuestiona las repoblaciones: “Los árboles se plantan solos”
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La regeneración natural es la mejor forma de lograr bosques nativos a partir de tierras de cultivo abandonadas. En vez de protectores de plástico, dejar que crezca el matorral. Y en vez de repoblaciones, dejar que aves y roedores entierren semillas y que el viento las arrastre. “Los árboles se plantan solos, con la ayuda del viento, las aves y los mamíferos”, resaltó Tony Juniper, presidente de Natural England. 

Las mejores estrategias para conseguir bosques, las más rápidas, baratas y valiosas para la biodiversidad, son las de menor intervención humana, según un estudio científico realizado en Gran Bretaña. «La recuperación natural de los bosques es gratuita, no hay riesgo de importar enfermedades, captura ozono y ayuda a reducir el riesgo de inundaciones”, resaltó Juniper.

Los autores del estudio se han declarado contrarios a las repoblaciones con árboles foráneos, normalmente  con plantaciones de coníferas. Sostienen que pueden “dañar la vida silvestre y las turberas que almacenan carbono. Asimismo, resaltan que hay que aprender a “valorar el matorral”, que proporciona refugio a la vida silvestre. “El matorral es un festival de vida salvaje”, subrayó Richard Brouhgton, autor principal del estudio.

Según los científicos, la regeneración pasiva a través de la regeneración natural podría ser una “herramienta importante” en la políticas de repoblaciones de árboles autóctonos.

En el caso del Reino Unido, que invertirá 5,7 millones de libras (6,65 millones de euros) para aumentar los bosques en Inglaterra mediante la plantación de al menos 12 millones de árboles en 185.000 hectáreas hasta 2042, la aplicación de la regeneración pasiva podría suponer un “importante ahorro”.

Los arrendajos, «diseñadores» de bosques nativos

Los arrendajos, «diseñadores» de bosques nativosLa investigación, publicada en la revista ‘Plos One’, revela datos sorprendentes, como que más de la mitad de los árboles en los nuevos bosques analizados en las tierras bajas de Inglaterra fueron “plantados” por arrendajos (Garrulus glandarius). Las conclusiones del estudio son aplicables en toda la Europa templada, según los autores.

Los científicos, mediante estudios de campo y sensores, analizaron dos áreas agrícolas abandonadas durante 24 y 59 años, ambas adyacentes a bosques antiguos con árboles de múltiples especies. La que los autores denominan “reconstitución pasiva” de estos dos parajes resistió tanto a la presencia de herbívoros como al clima variable.

Los antiguos campos se convirtieron rápidamente en bosques autóctonos sin necesidad de protectores de plástico, riegos o manejos costosos, solo dejando que la naturaleza siguiera su curso.

Se registró un “rebrote pasivo” gracias sobre todo a que los zorzales esparcieron semillas de zarzas, espinos y endrinos. Este matorral proporcionó protección natural a los árboles, principalmente robles, que crecieron a partir de las bellotas enterradas en el suelo por arrendajos y, en menor medida, por el arrastre de semillas debido a la acción del viento.

“La nueva naturaleza salvaje”

“La nueva naturaleza salvaje”De esta manera, 24 años después de que fueran abandonados, los pastizales se habían transformado en bosques jóvenes con una media de 132 árboles vivos por hectárea, de los cuales el 57% eran robles. Es lo que los científicos denominan “la nueva naturaleza salvaje”.

En el otro campo estudiado, 59 años después de su abandono, el viejo páramo se había convertido en un bosque maduro, con 390 árboles por hectárea, de los cuales el 52% eran robles.

También en este caso el “diseño” del bosque correspondió mayoritariamente a los arrendajos y a su labor de almacenamiento de bellotas durante el invierno, aunque las aves del género Turdus (tordos, mirlos y zorzales) y los ratones de campo (Apodemus sylvaticus) ayudaron también notablemente a la “creación” de los nuevos espacios arbolados.

La “colaboración” de una dañina especie invasora

La “colaboración” de una dañina especie invasora“Colaboró” asimismo en la reconstitución pasiva de los bosques una especie invasora: la ardilla gris o de las Carolinas (Sciurus carolinensis), incluida en la lista de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Una especie que llegó a finales del siglo XIX al Reino Unido desde los Estados Unidos y que desplazó a sus parientes autóctonos: en la actualidad hay en el país 3 millones de ardillas grises y apenas 30.000 rojas (Sciurus vulgaris).

El estudio concluye que la colonización por arbustos y árboles comienza espontáneamente poco después del abandono de la tierra, sin necesidad de repoblaciones activas. Hay una fase de matorral arbustivo de rápido desarrollo en las dos décadas iniciales después del abandono, que progresa después a una cubierta arbórea en crecimiento y, finalmente, se convierte en bosque mixto cerrado después de aproximadamente 50 años.

En ninguno de los dos campos estudiados hubo intervención humana más allá de la limpieza de caminos. De hecho, la vegetación del bosque se desarrolló “sin ningún tipo de intervención o manejo”.

No hubo protección contra los animales ramoneadores, como la liebre marrón (Lepus europaeus), la ya citada ardilla gris, el conejo europeo (Oryctolagus cuniculus), el muntjac (Muntiacus reevesi) y el corzo (Capreolus capreolus), que fueron “muy comunes o abundantes durante parte o la totalidad del período de estudio”, pero que no frenaron las repoblaciones naturales de árboles autóctonos.

La regeneración natural resiste cinco sequías notables

La regeneración natural resiste cinco sequías notablesLa regeneración y el crecimiento de los bosques también resistió el clima cálido de la región, “con veranos cada vez más calurosos desde la década de 1960” a causa del cambio climático. Resistieron incluso cinco “sequías notables”, las ocurridas en 1973, 1976, 1990, 1995 y 2003, que no impidieron que la cubierta vegetal y las repoblaciones naturales continuaran desarrollándose.

Los investigadores resaltan en sus conclusiones que existen patrones similares en la regeneración de pastos en España y de campos antiguos en las zonas templadas de América del Norte.

“En Europa occidental, la etapa de matorral arbustivo en las primeras décadas después del abandono es un ‘hábitat clave’ para varias aves de interés comunitario, como el mosquitero musical (Phylloscopus trochilus), el carbonero montano (Poecile montanus), la tórtola europea (Streptopelia turtur) y el ruiseñor común (Luscinia megarhynchos)”, apuntan los investigadores.

“La sucesión posterior a bosques cerrados y dominados por robles favorece a otras especies en declive, como el carbonero común (Poecile palustris) y el mosquitero silbador (Phylloscopus sibilatrix)”, añaden.

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Informe de referencia (en inglés): https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0252466

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