Fuerteventura, un paraíso amenazado por varios proyectos

Fuerteventura, un paraíso amenazado por varios proyectos
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Un paisaje caracterizado por dunas, largas playas y extensas áreas de malpaís (terreno volcánico intransitable) son el sello natural de Fuerteventura. Pero en los últimos años la isla asiste a una fuerte presión sobre su medio ambiente, que amenaza con modificar el característico paisaje majorero con proyectos urbanísticos.

En el marco de una economía basada en el turismo de masas, el Cabildo de Fuerteventura ha tratado de sacar adelante varios proyectos relacionados con la edificación de grandes complejos de ocio y hoteles de lujo en los últimos años.

Pero no es sólo el ladrillo. También hay numerosos proyectos de campos de energías renovables que, por sus dimensiones y emplazamiento, causan cada vez más preocupación.

Pero el desarrollo económico sin contemplaciones en Fuerteventura viene de lejos. Concretamente comenzó en los 90. En la isla, el turismo, tanto en la llegada de turistas y sus pernoctaciones como en el negocio inmobiliario constructivo, origina en la isla en torno al 70% del producto interior bruto y da empleo a más del 60% de la población activa.

Fuerteventura está considerada la isla española con mayor peso proporcional del turismo: por cada 100 habitantes, recibe más de 2.200 turistas al año, por encima de Lanzarote o de Ibiza. La actividad turística ocupa buena parte de la costa oriental de Fuerteventura, en especial en los municipios de La Oliva, Pájara y Antigua; en cambio, está poco desarrollada en la costa oeste y por el interior.

A pesar de que el suelo está protegido con figuras como Reserva de la Biosfera o Parques Naturales y rurales, eso no ha impedido que numerosos parajes hayan caído víctimas de la degradación: dunas de Corralejo, playas de Sotavento, algunos espacios interiores de la isla, y las proximidades de Puerto del Rosario y de Caleta de Fuste, donde el exceso de construcciones ha reducido el valor paisajístico y ambiental de la zona.

Intentona urbanizadora

En 2017, la Consejería de Ordenación del Territorio que dirigía Blas Acosta (PSOE), apostaba por revisar el Plan Insular de Ordenación (PIO) para aumentar de forma significativa el número camas turísticas y la superficie destinada a oferta industrial y comercial en la isla.

Fuerteventura tenía, antes de la crisis del coronavirus, 62.000 plazas alojativas, más de 160 establecimientos turísticos y a la isla llegaban unos 150.000 turistas al mes.

Pero incluso en aquel momento de bonanza, la Consejería insular ya se escudaba en la “difícil coyuntura económica” que atravesaba la isla para defender este crecimiento y “desbloquear la inversión estratégica turística”.

Ese Plan Insular, cuya aprobación se encontró de frente con la oposición, proponía crear hasta 12 zonas turísticas, en algunas de las cuales no había aún ni una sola edificación. Finalmente, las nuevas modificaciones se quedaron sobre la mesa y nunca se llevaron a cabo ni se incluyeron en el PIO que entró en vigor en 2020.

Dreamland: el macrocomplejo del cine

Tras intentar sin suerte implantarse en Tenerife y Gran Canaria, Dreamland, un macrocomplejo de ocio para los amantes del cine, puso el foco en la isla de Fuerteventura, donde en estos momentos trata de encontrar acomodo, no sin dificultades.

El negocio fue redondo, pues el bajo precio del suelo rústico permitió a los promotores comprar los terrenos para la macroestructura de esta ciudad cinematográfica a un precio irrisorio. Se trata de un espacio que se encuentra a tan solo 400 metros del Parque Natural de las Dunas de Corralejo.

El proyecto tiene un presupuesto de ejecución que roza los 77 millones de euros, y no solo consistiría en un centro dedicado al trabajo de postproducción y efectos especiales de la industria audiovisual mundial, sino que también se convertiría en un verdadero parque de atracciones con hoteles, restaurantes y museos.

¿Por qué no levantar este complejo en suelo urbano? Aunque los promotores se escudan en el mejor emplazamiento del punto elegido, las razones parecen ser puramente económicas, dado que el precio por metro cuadrado en suelo urbano es mucho más elevado.

Para ponerse a trabajar solo se precisaba la declaración de Interés Insular del Cabildo de Fuerteventura que, sin embargo, no salió adelante debido a la postura de los partidos de la oposición e, incluso, de los socios del Gobierno socialista.

La iniciativa también se encontró de frente con el colectivo Ben Magec- Ecologistas en Acción de Canarias, que considera “que el suelo rústico debe ser cuidado, e incluso mejorado. No buscar atajos legales para dedicarlo a fines industriales”. Por esto insistieron en que “para este tipo de actividades ya hay suelo urbano suficiente o polígonos industriales con áreas libres”.

Como posible subsanación a esta lucha de intereses, el alcalde de Puerto del Rosario, Juan Jimenez, ha propuesto ahora ubicar el macroproyecto en el municipio que alberga la capital de la isla.

“Puerto del Rosario necesita proyectos ambiciosos de este tipo, dados los puntos a favor que su puesta en marcha conllevaría en nuestro municipio y, además, podría instalarse en suelo rústico común del municipio”, aseguró en Onda Fuerteventura a mediados de marzo. Aún es un misterio dónde acabará ese proyecto, que sigue pendiendo sobre la isla como una espada de Damocles.

Las renovables se ceban con la naturaleza

Aunque las energías renovables son la gran apuesta mundial para lograr la descarbonización, en Fuerteventura su implantación se está convirtiendo en una verdadera pesadilla.

Los parques eólicos y fotovoltaicos construidos y por construir amenazan el paisaje natural, con un incremento de instalaciones que supera en mucho a la demanda local. En la capital de la isla se tiene previsto instalar un total de 22 parques eólicos, lo que supone 2,6 millones de metros cuadrados. En toda la isla, se pretende instalar también otros 51 parques fotovoltaicos, lo que cogerá un espacio de 4 millones de metros cuadrados.

La producción fotovoltaica de estos parques se estima en unos 217,30 MW, mientras que la de la eólica se podría situar en 227,63 MW. En total, casi 450 MW para una población que, en su máxima demanda -cuando hay turismo- tan solo necesita 76 MW.

El ingeniero Roque Calero, que ha estudiado la implantación de las energías renovables en la isla, afirmó en un programa de Radio Sintonía que en estos momentos “viene todo el mundo a ‘cazar’ terrenos a la islas, no solo para instalar energías renovables en un futuro, sino también para  aumentar el valor de estas empresas”.

El ingeniero consideró que es necesaria la colaboración de las autoridades insulares para frenar este voraz desarrollo turístico que amenaza con arrasar el paisaje natural y virgen de una isla en medio del Atlántico.

Y un camping de caravanas en zona protegida

Por otra parte, hace apenas tres meses el Cabildo declaró de interés social la construcción de un cámping de caravanas en la zona de Piedra Playa, en la localidad de El Cotillo. Se trata de un paraje protegido como Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) e integrado en la Red Natura 2000.

Aunque la promotora presenta el proyecto como “un campamento especializado para el turismo ornitológico y deportivo” e integrado dentro de la “modalidad de ecoturismo ornitológico”, Ecologistas en Acción ha destacado el impacto que tendrá.

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Este ‘ecocamping’ estará formado por cinco cabañas de madera, una zona de depuradoras, recinto para caravanas y tiendas de campaña y un aforo de 200 personas.

En definitiva, amplios sectores de la sociedad insular temen que se esté configurando un boom turístico y urbanístico que amenace la riqueza natural y paisajística de una isla que siempre se caracterizó por su tranquilidad y autenticidad.