El tiempo se acaba para salvar el clima

El tiempo se acaba para salvar el clima
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Dos informes que acaba de emitir la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) demuestran que los esfuerzos que se realizan a favor del clima son indudables, pero también resultan claramente insuficientes para lograr los objetivos del Acuerdo de París. Uno de esos estudios es una radiografía completa de la situación actual en cuanto a reducción de emisiones, muy alejada aún de esas metas. Y el otro demuestra que la polución sigue siendo todavía la peor pandemia que azota a Europa: 380.000 muertes prematuras en un año a causa de la contaminación atmosférica, 31.600 de ellas en España.

Las conclusiones del ‘European environment, state and Outlook 2020’ revelan que las diferentes políticas adoptadas por la Unión Europea en las últimas décadas han ayudado, de manera evidente, a mejorar el estado general del medio ambiente. Sin embargo, la mala noticia es que no se están realizando suficientes avances ni a la velocidad requerida .

Por ello, las perspectivas medioambientales no son positivas y, aunque queda un cierto margen de tiempo para remediarlo, se trata de un plazo corto. El estudio es la evaluación medioambiental más completa realizada hasta ahora en Europa y no solo aborda el estado del clima, sino también aspectos como la biodiversidad, el reciclaje, la economía circular y todo tipo de aspectos medioambientales.

De hecho, las tendencias generales no han experimentado una mejora desde el último informe que emitió la AEMA hace cinco años. La mayoría de los objetivos que entonces se fijaron para 2020 no se van a cumplir, aunque aún hay una segunda oportunidad para las metas planteadas más a largo plazo, para el periodo 2030-2050.

Biodiversidad en estado crítico

En materia de biodiversidad (protección de especies y de espacios naturales) los resultados son especialmente decepcionantes. Entre los objetivos fijados para 2020 destacaban la plena aplicación de las leyes europeas vigentes, la restauración de ecosistemas, reorientar la agricultura a la protección de la biodiversidad, luchar contra las especies invasoras, aumentar la preservación del medio marino, y otras en la dirección de hacer efectivas políticas concretas para preservar la riqueza ambiental europea. Sin embargo, solo se cumplirán dos de ellas: la declaración de nuevas zonas marinas protegidas y la preservación de nuevos espacios terrestres.

Por lo que se refiere al clima, el informe alerta de que se está produciendo una ralentización en los avances para aminorar las emisiones de gases de efecto invernadero y tampoco está despegando como se esperaba la generación de energías limpias. Las perspectivas indican que si sigue el actual ritmo en estos campos, no será suficiente para cumplir los objetivos climáticos y energéticos en 2030 y 2050.

Así y todo, «tenemos una pequeña oportunidad en la próxima década para ampliar las medidas destinadas a proteger la naturaleza, atenuar las repercusiones del cambio climático y reducir radicalmente el consumo de los recursos naturales», afirma el director ejecutivo de AEMA, Hans Bruyninckx. «Nuestra evaluación muestra que los cambios graduales han permitido realizar avances en algunos ámbitos, pero no bastan para alcanzar nuestros objetivos fijados a largo plazo. Y nuestra prosperidad y bienestar futuros dependen de esto, así como de nuestra capacidad para generar un cambio», añade.

31.600 ESPAÑOLES MUEREN AL AÑO DE FORMA PREMATURA POR LA POLUCIÓN DEL AIRE

Llama la atención la evolución de las emisiones de toneladas equivalentes de CO2. Si se mantiene el actual ritmo de disminución será imposible llegar a una disminución de entre el 80% y el 95% para el año 2050, que es lo estipulado en los acuerdos internacionales para evitar una subida de las temperaturas más allá de lo que el planeta puede tolerar. Pero incluso si se adoptan medidas adicionales, éstas deberían ser especialmente contundentes para lograr esas metas. Los expertos alertan de que no es el momento de relajarse ni bajar la guardia.

Para ello, el informe destaca siete ámbitos específicos en los que tendrán que tomarse medidas realmente valientes para que Europea pueda doblegar la curva de la degradación ambiental y alcanzar las metas previstas antes de 2050. Uno de ellos es, sencillamente, «aprovechar todo el potencial de las políticas medioambientales vigentes», lo que, traducido al lenguaje llano, equivale a hacer cumplir a rajatabla las leyes que ya existen. Otros retos son que la UE use su influencia mundial para liderar acuerdos internacionales ambiciosos, así como ampliar las inversiones y apoyos a empresas y proyectos sotenibles, fomentar la innovación y crear más conocimiento y tecnologías al servicio del cuidado del planeta.

El informe advierte con claridad de que «para conseguir los objetivos de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible y el Acuerdo de París será necesario una actuación urgente en cada uno de estos ámbitos durante los próximos diez años». Es decir, «Europa no materializará su idea de sostenibilidad consistente en ‘vivir bien, respetando los límites de nuestro planeta’ mediante la mera promoción del crecimiento económico y tratando de gestionar sus efectos secundarios», alerta. Por el contrario, «la sostenibilidad debe convertirse en el principio rector de unas políticas y acciones ambiciosas y coherenets en el conjunto de las sociedad». Se trata de una declaración que invita a aspirar a un crecimiento económico menor, pero con mayor cuidado por el planeta.

La otra pandemia que no descansa

Un ejemplo clarificador de la situación climática actual en el continente lo ha ofrecido en los últimos días otro informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente, referido en concreto a la calidad del aire. Los resultados demuestran que en 2018 (los datos más recientes) hubo 380.000 muertes prematuras en la UE debido a la contaminación atmosférica, sobre todo por la inhalación de partículas finas, es decir, diminuto hollín en suspensión en los gases emitidos. En España, las víctimas por la mala calidad del aire en 2018 fueron 31.600, de las cuales 23.000 se debieron a las partículas finas, 6.800 al dióxido de nitrógeno y 1.800 al ozono troposférico. Son datos trágicos, que sin embargo se ven ampliamente superados por las 80.000 muertes de Alemania. Los fallecimientos en España se concentran en grandes ciudades y núcleos industriales.

Pese a tan estremecedoras cifras, el lado bueno consiste en que las medidas adoptadas para reducir las emisiones lograron reducir ese año los muertos un 13% respecto al anterior, lo que supuso en concreto 60.000 muertes prematuras menos que en 2017. «Es una buena noticia, pero no podemos ignorar la parte negativa: el número de muertes prematuras en Europa es demasiado elevado», afirma el comisario de Medio Ambiente, Virginijus Sinkevicius.

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Este informe coincide con otros que se elaboran periódicamente sobre esta misma materia y todos coinciden en diagnosticar las emisiones tóxicas a la atmósfera como una causa de muerte para miles y miles de ciudadanos en todos los países de la unión. Los vehículos a motor son uno de los principales responsables, pero eso no significa únicamente coches particulares, camiones y otros medios de desplazamiento terrestre. Los grandes cruceros, trasatlánticos y cargueros de gran tonelaje se han convertido también en una amenaza para los enclaves portuarios donde atracan estas embarcaciones.

Se trata de una pandemia silenciosa que todos los años se cobra su tributo en forma de millares de víctimas y que, sin embargo, no siempre reciben el despliegue informativo y la atención pública que suscitan otras enfermedades.