24 nov 2020

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¡Recicla aluminio! Una lata de bebida se puede utilizar millones de veces

En 60 días podrías comprar en el súper la lata que tiraste ayer. Y así días durante miles de años. El aluminio puede ser reciclado infinitamente en un proceso mucho más barato que extraerlo.

El Periódico

Los plásticos son el envase por excelencia. Son baratos y maleables, con miles de funciones diferentes. Pero tal y como vemos día tras día, se acumulan en el medio ambiente de una manera dañina incluso para nuestra propia salud.

La solución no es sencilla, pero hay pautas para que nuestro impacto sea menor. Principalmente reducir su uso, reutilizarlos tantas veces como podamos y, en última instancia, reciclarlos en el contenedor amarillo.

Sin embargo, no es ni mucho menos el único material utilizado para envasar. Hay otro tremendamente extendido y al que no solemos prestar tanta atención: el aluminio.

Una vastedad de envases que utilizamos a diario están hechos total o parcialmente de aluminio. Todos los tetrabriks, por ejemplo, tienen una lámina interior de este metal. Latas de refrescos y cervezas. Bolsas de patatas fritas. Incluso en nuestras cocinas tenemos rollos de papel de aluminio.

Está por todas partes. Y no solo envases. Vehículos, ventanas, herramientas, ordenadores...

Y ya adelantamos que sí, que es muy importante reciclar también el aluminio.

El metal más abundante

A pesar de que se trata del metal más abundante en la corteza terrestre, la minería para la obtención de aluminio es altamente contaminante y energéticamente costosa.

La gran mayoría del metal se obtiene de la bauxita, un mineral presente principalmente cerca del ecuador y los trópicos. Guinea, Australia y Vietnam son, por este orden, los países con las mayores reservas estimadas de bauxita del mundo.

Y la 'extracción' de la bauxita tiene un gran impacto para el medio ambiente. Por lo general, la bauxita se encuentra cerca de la superficie, realizando una minería abierta que provoca un cambio drástico en el entorno.

Son muchos los ejemplos de cómo bosques tropicales de gran valor ecológico y cultural han sido destruidos para la obtención del mineral. Grandes bulldozers arrasan con la vegetación y la capa de suelo, exponiendo en la superficie el preciado mineral.

La bauxita es entonces extraída y cargada hacia las plantas de procesamiento, donde se desmenuzará en trozos pequeños.

Tras ello el mineral es bañado en sosa cáustica a altas temperaturas, después será decantado, purificado y finalmente, tras ser sometido a una electrolisis a una temperatura cercana a los 1.000°C, se obtiene el aluminio.

Pero en el camino nos encontramos con otros dos grandes impactos medioambientales.

El primero, la cantidad de energía necesaria para realizar todo este proceso, que se obtiene mayoritariamente de fuentes emisoras de CO2.

El segundo, el enorme volumen de residuos tóxicos que genera: el llamado barro rojo. Un líquido muy alcalino y que debe ser almacenado con seguridad, pues hay ejemplos recientes de vertidos al medio ambiente, como el ocurrido en Akja (Hungría) en 2010, que acabó con la vida de diez personas y llegó hasta el río Danubio.

A pesar de los numerosos estudios y proyectos para valorizar este residuo como fuente de metales o para cemento, hoy día la gran mayoría se sigue almacenando y poniendo en riesgo el entorno que le rodea.

Solo en 2018 se produjeron 126 millones de toneladas de estos residuos contaminantes.

Esto es un plano muy general de cómo el aluminio se produce desde su origen. Una minería costosa en los planos económico, energético y ambiental.

La cara buena del aluminio, que no aprovechamos

Pero el uso del aluminio tiene otra cara de la moneda mucho más favorable para el planeta. Puede ser reciclado infinitamente y, además, ese proceso sale mucho más barato que la minería.

Al llegar a la planta de reciclaje es separado del resto de residuos, normalmente con el uso de imanes, y troceado. Las piezas después se limpian para eliminar impurezas como pintura o aceites que mejoren la recuperación del metal y eviten emisiones de gases contaminantes.

Finalmente, el residuo se compactará en bloques que pasarán a los hornos para fundir el metal a unos 750°C.

El metal resultante será refinado, degasificado y se le pueden añadir otros metales en función del producto que se desee.

El resultado de este simple proceso es que una lata de refresco podría volver a estar en las estanterías del supermercado ¡en tan solo 60 días!

Aunque como hemos mencionado al principio, no solo las latas de refrescos están hechas de aluminio.

Los tetrabriks son uno de los productos con aluminio más abundantes, y no son tan fáciles de reciclar como las latas. En España la única planta capaz de separar por completo los elementos de estos envases cerró hace pocos años, provocando que el polietileno y el aluminio, muy complejos de separar, tengan que ser llevados a vertederos.

Otros envases, como las bolsas de patatas fritas, también contienen aluminio. Pero, de nuevo, su dificultad para reciclarlo hace que termine en incineradoras y con el residuo restante enterrado.

Ambos suponen una cantidad no desdeñable de metal que acaba perdido y que, de haber sido reciclado, podría haber tenido una vida infinita.

Porque son muchas, muchísimas, las ventajas que tiene el reciclaje sobre la obtención del metal virgen.

El aluminio reciclado requiere de un 95% menos de energía para su producción respecto a la obtención de aluminio desde la bauxita.

Lo que ha llevado a que aproximadamente el 35% de todo el aluminio que se utiliza hoy día sea aluminio reciclado.

Visto en escala global, el reciclaje de aluminio en un año ahorra tanta energía como toda la producida por los Países Bajos. Y con ello, se salvan 90 millones de toneladas de CO2.

Sin embargo, este porcentaje lleva décadas estancado. Cada año se produce una mayor cantidad de aluminio virgen que deja una huella importante en el planeta.

Por eso sigue siendo importante reciclar todos estos envases lo máximo posible.

El aluminio dedicado a construcción alcanza una tasa de reciclaje superior al 90%. La de envases, tan solo un 50%.

El margen de mejora es aún muy amplio. Y solo con la colaboración de todos podremos lograr que este metal tan útil alargue su vida durante miles de años, en lugar de acabar enterrado en vertederos.