Seguridad vial
Alerta en algunas carreteras: conductores con el carnet retirado llegan en coche al juicio o a los cursos de recuperación de puntos
«No hay mes en que no se detecte uno o dos casos en Galicia. Y eso que no podemos acudir a todas las citaciones judiciales ni a todas las pruebas», alerta el jefe de la Guardia Civil de Tráfico sobre un perfil al que hacen seguimiento a través de las unidades de Usuarios de Riesgo (UdR)

Una patrulla de la Guardia Civil, en un control de alcoholemia en una carretera de A Coruña. / G. C.
Sorprendido al volante en A Coruña bebido y con el carné retirado hasta 2051; un ourensano que llega conduciendo a su propio juicio por circular con el permiso retirado; un vecino de Bergantiños que lleva nueve años sin carné y ni siquiera se presenta ante el juez; un conductor interceptado en Vilagarcía camino de otro juicio por la misma infracción, esta vez también bajo los efectos de las drogas; en Noia, un hombre sorprendido dos veces en media hora sin permiso y ebrio; en Ferrol, una mujer detenida en dos ocasiones tras casi 60 años conduciendo sin carné; en Carral, un reincidente que acumula ocho episodios similares y ni acude a declarar, un conductor con el carné retirado y con orden de detención da positivo en alcohol en un accidente en Zas… Son casos recientes que parecen excepcionales, pero que en Galicia se repiten con una frecuencia que desconcierta incluso a quienes los persiguen.
Van vestidos de paisano, se desplazan en coches que no llaman la atención y conocen los hábitos de los conductores más peligrosos de Galicia. Son agentes de la unidad de Usuarios de Riesgo (UdR) de la Guardia Civil de Tráfico en Galicia, un grupo pionero creado en 2017 que nació casi como un experimento y que hoy es referencia para otras comunidades.
Su misión es simple de explicar, pero llevarlo a la práctica no lo es tanto: vigilar a quienes no deberían estar al volante. Conductores con el permiso retirado por orden judicial, sin puntos, multirreincidentes en alcohol o drogas, o directamente sin haberse sacado nunca el carné.
Un perfil que, lejos de esconderse, suele repetir patrones diarios: llevar a los niños al colegio, ir al trabajo, acudir a citas médicas… conduciendo. Pero hay un escenario que los agentes ya describen como «surrealista» y que se repite con frecuencia: conductores a los que les ha sido retirado el carné y que acuden a los juzgados o a los cursos de recuperación de puntos… al volante.
El teniente coronel Antonio Hidalgo, jefe de la Guardia Civil de Tráfico en Galicia, lo resume con una mezcla de resignación y alarma: «No hay mes en que no detectemos uno o dos casos. Y eso que no podemos acudir a todas las citaciones judiciales ni a todos los cursos».
Son más de 1.000 conductores de riesgo que Tráfico tiene identificados en las carreteras gallegas, más de 400 en la provincia de A Coruña y que forman parte de este protocolo especial de vigilancia. En esta lista hay incluso infractores que llevan diez años sin carné por pérdida total de puntos y otros con al menos una decena de condenas por alcohol o drogas en su historial.
Lo llamativo es cuando acuden en su propio vehículo a lugares donde saben que se pueden topar con la Guardia Civil. Los agentes no dan crédito, pero es cada vez más frecuente encontrarse con estos delincuentes que acumulan ya varias retiradas del carné. El equipo de la UdR llega centro donde se imparte el curso de recuperación total, espera discretamente en el exterior y observa cómo algunos de los asistentes —personas que están allí precisamente por haber perdido todos los créditos— aparcan su coche y entran... como si nada. Lo mismo ocurre en los juzgados: citados por un delito contra la seguridad vial tras la retirada del permiso, se presentan conduciendo y regresan a su domicilio al volante.
Multirreincidente con varias retiradas de permiso
«Se trata de un perfil de delincuente multirreincidente que acumula varias retiradas del carné», detalla Hidalgo, al tiempo que advierte que la unidad hace lo que puede, pero los recursos son limitados. «Si pudiéramos acudir a todas las citaciones y a todos los cursos, detectaríamos muchos más casos».
La paradoja es evidente: el sistema obliga a los infractores a acudir físicamente a cursos y juicios, pero no existe un control sistemático sobre cómo llegan. Y ahí es donde esta unidad se convierte en el último dique de contención.
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