Control de velocidad

Los nuevos sistemas de la DGT para pillarte antes de que frenes al ver un radar

Un radar convencional situado en una vía situada en el Área Metropolitana de Barcelona.

Un radar convencional situado en una vía situada en el Área Metropolitana de Barcelona. / Ferran Nadeu

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Lola Gutiérrez

Uno de los principales factores de riesgo en la carretera es conducir excediendo los límites de velocidad. Así lo confirman numerosos estudios facilitados por la Dirección General de Tráfico (DGT), que apuntan a que la probabilidad de morir o de sufrir lesiones graves es mucho mayor en un accidente con velocidad excesiva que en otro con una velocidad moderada.

Por ello, la DGT cuenta con una amplia red de radares fijos que tienen como objetivo controlar la rapidez de circulación de los vehículos y velar por el cumplimiento de las normas de tráfico. Los dispositivos se encuentran distribuidos por todo el territorio y, a menudo, escondidos a la vista de los conductores.

Sin embargo, la posición de estos dispositivos es de conocimiento público y está al alcance de cualquiera en la página oficial de la DGT.

Frenazo al llegar al radar

Es por ello por lo que los conductores suelen pegar frenazo en el sitio donde está colocado el radar y luego seguir circulando a una velocidad superior a la permitida, hasta que se encuentren con el siguiente radar.

La DGT, harta de esto y como no puede poner radares en cada kilómetro de la red de carreteras del Estado, ha optado por dos medidas que hará que los conductores amantes de la velocidad lo tengan aún más difícil para seguir corriendo: radares en cascada y radares de tramo.

El radar de tramo se anuncia con carteles que indican su principio y su fin y marcan la velocidad a la que se puede circular en el tramo que discurre entre esas dos señales, que es de entre tres y cinco kilómetros.

Cámara, no radar

En realidad no es un radar, puesto que no emite ninguna señal hacia el vehículo, sino que usa una cámara de visión artificial similar a la de los semáforos de algunas ciudades. Cada una de las cámaras, una por carril, graba de forma continua a los vehículos que circulan mediante luz continua de infrarrojos. Estas cámaras están sincronizadas por fibra óptica y satélite, de modo que sus relojes marquen la misma hora.

Así pues, se colocan al inicio del tramo a controlar las citadas cámaras, con infrarrojos para poder funcionar también de noche, con reconocimiento de las matrículas de los vehículos. Cuando pasa un vehículo, se toma una imagen y se registra la hora exacta, con segundos, de la entrada.

Matrícula y hora

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Al final del tramo hay otra cámara que vuelve a tomar una imagen, para identificar el mismo número de matrícula, y se registra la hora exacta de salida. Así se calcula la velocidad media a la que circula un vehículo entre dos dispositivos electrónicos.

Los radares en cascada, que pueden ser fijos o móviles, son algo más maquiavélicos: se colocan cerca de un primer radar fijo, que ya lleva un tiempo puesto y que es conocido por los conductores, y cuando estos aceleran tras pasar ese primer radar, son pillados por este segundo y son multados.