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Girona encadena tres meses seguidos de temporales extremos: temporal, vendavales y la dana

Las comarcas de Girona han sufrido un enero lluvioso, un febrero de fuertes vientos ligados a borrascas y un marzo con lluvia intensa en el interior, superando los 200 mm en algunos puntos

Girona vive con la sensación de temporal permanente desde enero

Girona vive con la sensación de temporal permanente desde enero / Marc Martí / DDG

Jesús Badenes

Girona
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Girona no vive en este 2026 un único temporal largo. Esa sería la respuesta rápida. A pie de calle hay una misma sensación: cuando termina una cara del mal tiempo, entra otra. Porque Girona lleva tres meses con episodios distintos que se han ido solapando: un enero de lluvia fuerte en la Costa Brava y en el que la nieve ganó espesor en el Ripollès, un febrero de vendavales, con restricciones de movilidad, afectaciones en la R11 y heridos en Sant Pau de Segúries y Ribes de Freser, y un marzo con lluvia intensa en el interior gerundense que volvió a golpear Lliurona, Santa Pau, Batet de la Serra, Sant Pau de Segúries, Molló-Fabert, la Vall de Bianya y Mieres, además de nuevas tramontanadas en Portbou.

El primer golpe entra por mar. Según la AEMET, enero de 2026 en Catalunya fue muy húmedo, con una precipitación media de 137 mm, el 292% del valor de referencia, y se situó como el cuarto enero más lluvioso desde el inicio de la serie. En Girona, las cifras descienden hasta puntos muy concretos del mapa: 224 mm en L’Estartit, 219,5 en Girona-Sant Daniel y 182,4 en Castelló d’Empúries. En el Empordà hubo zonas con más del 450% del valor normal del mes.

El Meteocat atribuye este enero al dominio de las bajas atlánticas y de la circulación zonal del oeste. Entre el 16 y el 20 de enero hubo un episodio de precipitación extensa, y los días 18 y 19 un potente temporal de levante afectó sobre todo a la Costa Brava, donde puntualmente se superaron los 200 mm en 24 horas. Después, entre el 24 y el 28 de enero, otra depresión aún dejó más de 50 mm en el Alt Empordà. El trimestre, por tanto, arrancaba con un temporal de lluvia y de mala mar en la fachada litoral gerundense.

Enero, sin embargo, no puede leerse solo desde la costa. Mientras el temporal de levante descargaba en el Empordà y en Girona, en el Ripollès la nieve también ganaba espesor. El Meteocat sitúa una nevada en el Pirineo los días 9 y 10 de enero y otra entre el 16 y el 20, cuando en la alta montaña se acumuló más de medio metro de nieve.

A finales de mes, la AEMET medía 230 centímetros en Vallter 2000 y 148 en Núria. Pocos días después, el Meteocat consignaba 144 centímetros en Núria, récord de su serie, y 280 en Vallter. La nieve, de hecho, llegó a complicar el acceso a Vallter en pleno temporal de levante.

Febrero: el mes de los vendavales

Febrero cambiaba de cara, pero no daba ningún respiro. La AEMET explica que el dinamismo atmosférico de enero continuó buena parte del mes siguiente y que, en Cataluña, más que la lluvia, el principal impacto vino de los temporales de viento, ligados a las borrascas NILS, ORIANA y PEDRO. Entre el 10 y el 19 de febrero se encadenaron episodios de vientos fuertes, y el mismo informe habla de temporales severos de viento y de una actividad atmosférica extraordinaria aquella temporada.

En Girona, este febrero de viento se notó de verdad. El 14 de febrero, con la borrasca ORIANA, la AEMET recoge 172 km/h en Portbou, con rachas huracanadas en el Empordà. El Govern llegó a limitar la movilidad innecesaria y a suspender actividad educativa y asistencial no urgente para el 12 de febrero ante un riesgo extremo de vendavales.

Ese mismo día, la R11 quedó interrumpida entre Girona y Maçanet-Massanes por la caída de un árbol, y en el Trueta ingresó en estado grave un hombre herido en Sant Pau de Segúries.

La lluvia, en cambio, aflojó en el nordeste. El resumen climático de febrero de la AEMET señala precipitaciones muy escasas en el interior de Girona y un déficit pluviométrico en buena parte de la demarcación. El mes también fue cálido: el aeropuerto de Girona registró una temperatura media mensual de 11,2 grados.

Eso significa que febrero no entra en la historia del trimestre tanto por el agua como por el viento, por los avisos y por las afectaciones sobre la movilidad y la actividad diaria.

Marzo: la DANA castiga Lliurona, Santa Pau y Batet

Marzo vuelve a girar el mapa. El Meteocat describe un mes marcado por un dominio del flujo zonal, de oeste a este, con ondulaciones que se descolgaron de la corriente general y generaron perturbaciones aisladas en altura (DANA). Estas bolsas frías, situadas al suroeste de la península y después desplazadas hacia el nordeste, impulsaron humedad mediterránea y favorecieron la precipitación en el litoral, el prelitoral y el Prepirineo oriental. Marzo fue muy lluvioso en las tierras interiores gerundenses.

Entre el 5 y el 8 de marzo, el temporal de levante dejó más de 200 mm en sectores de la Garrotxa y del Alt Empordà. El boletín climático de marzo recoge 260,9 mm en Lliurona, 229,3 en Santa Pau y 202,2 en Batet de la Serra solo en aquel episodio. Si se mira el mes entero, el mapa aún sube más: 318,3 mm en Lliurona, 264,4 en Santa Pau, 253,5 en Sant Pau de Segúries, 245,1 en Molló-Fabert, 237,4 en Batet de la Serra, 225,8 en la Vall de Bianya y 225,4 en Mieres.

Y cuando la lluvia aflojó, el viento volvió. Ese mismo marzo añade dos tramontanadas, los días 15 y 29, con caídas de centenares de árboles en todo el territorio. El Meteocat destaca que se superaron los 100 km/h en varios puntos y el boletín concreta 167,4 km/h en Portbou - coll dels Belitres el día 15 y 168,5 km/h el día 29. La secuencia del trimestre queda así mucho más definida: enero de temporal de levante y nieve; febrero de vendavales; marzo de DANA, aguaceros y nueva tramontana en Portbou.

Por qué se han encadenado tantos episodios

La explicación inmediata es meteorológica y concreta. Lo que se ha ido repitiendo sobre las comarcas gerundenses es una combinación de depresiones, flujos de poniente, entradas de norte y bolsas frías en altura. Cuando una pieza sale del mapa, entra otra. Por eso 2026 se está viviendo en el Alt Empordà, el Baix Empordà, el Gironès, la Garrotxa y el Ripollès como un inicio de año sin apenas tregua meteorológica.

Al fondo se intuye el cambio climático. El estudio “75 años de desastres en España (1950-2025)”, elaborado por la Universidad de Oviedo, analiza 550 desastres y describe una aceleración de los episodios naturales en las últimas décadas. El trabajo señala que los fenómenos hidrometeorológicos y climatológicos suman aproximadamente el 39% del total y que tienden a aparecer concentrados en periodos especialmente cargados. También sitúa la media anual en 20,2 desastres entre 2011 y 2020 y en 14,2 entre 2021 y 2025.

En las comarcas gerundenses, este trasfondo se traduce ahora en una secuencia muy local: Portbou, L’Estartit, Castelló d’Empúries, Girona, Sant Pau de Segúries, Ribes de Freser, Lliurona, Santa Pau, Batet de la Serra, Molló-Fabert, la Vall de Bianya y Mieres. Girona ha pasado del temporal de levante al vendaval y del vendaval a la DANA sin apenas pausa entre un episodio y el siguiente. Por eso este 2026 se está viviendo como un año de temporales seguidos: no porque todo sea el mismo episodio, sino porque el viento y la lluvia se han ido sucediendo con fenómenos distintos de forma excepcional.

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