Episodio canicular

Ola de calor: estos son los principales factores de riesgo para tu salud de las altas temperaturas

Un estudio demuestra que las altas temperaturas afectan más a las mujeres. / Martha Jordan

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El Periódico

Más allá de las afectaciones ligadas directamente a la exposición al sol en épocas de altas temperaturas como pueden ser los golpes de calor, la deshidratación, las insolaciones, el fallo multiorgánico, los problemas de insomnio u otro tipo de dolencias como la miliaria, estos episodios caniculares pueden provocar una respuesta fisiológica insuficiente del sistema termorregulador que puede alterar nuestras funciones vitales cuando el organismo es incapaz de compensar las variaciones de temperatura corporal.

Tal y como detalla el Ministerio de Sanidad, las olas de calor suponen un potencial riesgo para la salud. Dermatitis, edemas, quemaduras, insolaciones, fatiga, calambres, agotamiento y síncopes son algunos de estos riesgos, que en los casos más graves pueden dejar secuelas y, en episodios extremos, poner en riesgo la vida. 

Y es que una temperatura muy elevada produce pérdida de agua y electrolitos que son necesarios para el normal funcionamiento de los distintos órganos.

El impacto de la exposición al calor excesivo está influido por el envejecimiento fisiológico y las enfermedades subyacentes. Normalmente un individuo sano tolera una variación de su temperatura interna de aproximadamente 3ºC sin que sus condiciones físicas y mentales se alteren de forma importante. A partir de 37ºC se produce una reacción fisiológica de defensa.

Los grupos de personas más afectados

Las personas mayores, los niños muy pequeños -lactantes y menores de 4 años- y las mujeres gestantes son más sensibles a estos cambios de temperatura.

Los primeros, especialmente si están por encima de los 65 años, tienen reducida la sensación de calor y por lo tanto la capacidad de protegerse, existiendo un paralelismo entre la disminución de la percepción de sed y la percepción del calor, especialmente cuando sufren enfermedades neurodegenerativas.

A ello se suma la termólisis reducida del anciano -la capacidad de vasodilatación capilar disminuye en las personas mayores-, que también ocurre en la diabetes y las enfermedades neurodegenerativas.

Los niños que tienen problemas crónicos de salud o los que toman determinados medicamentos, pueden ser, como los adultos, más susceptibles a enfermedades relacionadas con el calor.

Pero, además, en la infancia se dan características fisiológicas específicas, en su mayoría relacionadas con la composición del agua corporal, el patrón de sudor y la producción de calor metabólico, que ponen a los niños en desventaja termorreguladora en comparación con los adultos, sobre todo cuando hacen ejercicio o están muy activos físicamente en ambientes calientes o húmedos.

Los niños con sobrepeso o que visten con demasiada ropa, sobre todo si no transpira, son también más susceptibles.

¿Cuáles son los principales factores de riesgo?

Además de los indicados por género y edad, los efectos de las altas temperaturas en la salud está determinado por diferentes patrones según su cuadro clínico.

Así, son más susceptibles las personas que padecen enfermedades cardiovasculares, respiratorias y mentales, aquellas con enfermedades crónicas como diabetes u obesidad mórbida, y aquellas sometidas a ciertos tratamientos médicos (diuréticos, neurolépticos, anticolinérgicos y tranquilizantes).

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Por otro lado, el riesgo también es alto en aquellas personas con trastornos de la memoria, dificultades de comprensión o de orientación o poca autonomía en la vida cotidiana y las que tienen dificultades en la adaptación al calor y que padecen enfermedades agudas durante los episodios de temperaturas excesivas.

Por supuesto, el riesgo de padecer problemas de salud en épocas de calor extremo aumenta con el consumo de alcohol y otras drogas. Y no se puede dejar de lado los factores ambientales, laborales o sociales, como puede ser unas condiciones de insalubridad térmica en el puesto de trabajo o el hecho de vivir en la calle y, por lo tanto, estar más expuesto a las inclemencias meteorológicas.