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Panel del Ara Pacis. La identidad del personaje femenino del centro ha sido muy debatida a lo largo de la historia. FrDr / Wikimedia Commons, CC BY-SA

Panel del Ara Pacis. La identidad del personaje femenino del centro ha sido muy debatida a lo largo de la historia. FrDr / Wikimedia Commons, CC BY-SA / FrDr / Wikimedia Commons, CC BY-SA

Imaginar, anhelar y construir la paz ha sido una constante a lo largo de todas las épocas históricas y por parte de todas las sociedades. Se ha entendido que el motor de la historia han sido los conflictos, ya que estos son intrínsecos a la condición humana. Sin embargo, estos conflictos pueden solucionarse a través de la violencia o pacíficamente. Por tanto, en las sociedades en las que existió la guerra, también existió la idea de paz.

Pero ¿qué paz? Desde los estudios para la paz se ha analizado la complejidad de este término, tanto para definirla como para practicarla. La paz tiene un significado mucho más amplio que la ausencia de guerra y se puede relacionar también con otras ideas como el bienestar o la abundancia.

Sin duda, cada época imaginó el significado de paz desde su propio contexto. Lo que desde nuestra sociedad occidental actual podemos definir como paz no tiene por qué ser compartido por otra cultura o haber sido definido así en otro momento del pasado, ya que es un concepto contingente históricamente.

La paz como mujer en el mundo antiguo

Históricamente, la paz estuvo feminizada. Concretamente, como han analizado en varias publicaciones Cándida Martínez y María Dolores Mirón, en el mundo antiguo la construcción visual de la paz se ha hecho mayoritariamente a través de la imagen de una mujer.

Esta representación no es casual, puesto que la división de géneros normativa determinó que las mujeres estuviesen excluidas –formalmente– del ejercicio de la guerra a la vez que fueron las reproductoras de la comunidad. La reproducción no era únicamente una cuestión biológica, sino que también llevaba implícito el cuidado, por lo que dentro de esta construcción de género las mujeres estuvieron más cerca de la protección y defensa de la vida que de su destrucción.La representación más destacada de cómo la mentalidad antigua entendió la paz es la escultura de Eirene sujetando a Pluto, de la que se han conservado diferentes reproducciones posteriores y que originalmente fue esculpida en el siglo IV a.e.c. por Kephisodotos y colocada en el ágora de Atenas.

La asociación entre Eirene, como diosa de la Paz, y Pluto, la riqueza, demuestra la percepción en la Grecia Antigua de la idea de paz como positiva y deseada, ya que prometía el crecimiento y el bienestar de las sociedades casi en un sentido maternal.

El concepto de paz en Augusto

Esta idea de paz también tuvo pervivencia en época romana. Especialmente, la paz como concepto comenzó a emplearse durante las guerras civiles que asolaron a la República romana.

Pero sin duda, el momento culminante en la representación de la paz en Roma fue con la erección del Altar del Ara Pacis tras finalizar las campañas militares de Augusto y proclamar la pacificación del mundo conocido. Es precisamente en los momentos de mayor conflictividad y violencia cuando la paz adquiere relevancia como idea anhelada.

Este altar es una estructura rectangular cuyas paredes están completamente decoradas con relieves, presentando una simbología compleja. Uno de los paneles más llamativos es el panel trasero del altar, en el que se representa una figura femenina sedente, velada y con corona vegetal, sujetando dos niños gemelos en su regazo y rodeada de un ambiente de abundancia animal y vegetal, y acompañada de dos figuras femeninas de menor envergadura que se sientan en criaturas reales o mitológicas.La identidad de la figura femenina central ha sido debatida ya que solo puede interpretarse. Se ha propuesto que pudiese ser la representación de Tellus, Venus, Ceres o Pax, entre otras. Pese al debate, la identificación más aceptada es que se trata de la representación alegórica de las ideas subyacentes al establecimiento de la paz por parte de Augusto.

Al igual que en Grecia, la paz como concepto se feminizó, tomó forma y cuerpo de mujer, y transmitió ideas de abundancia, riqueza y prosperidad aludiendo a la fertilidad agrícola, animal y humana.

Las Augustas, parte de la propaganda oficial

El Ara Pacis fue un monumento erigido en Roma con una clara intencionalidad propagandística, en el que Augusto se presentaba a sí mismo como garante y promotor de la paz, lo que al mismo tiempo otorgaba legitimidad a su figura.

Pero la familia de Augusto también fue representada en este monumento. Esa fue la primera vez que aparecieron mujeres y niños en un monumento del Estado romano. Por tanto, el Ara Pacis también esbozaba un principio dinástico claro, ya que esa paz estaba asegurada por Augusto principalmente, pero también por su familia.

El cambio político de República a Imperio determinó que Augusto y su familia, la domus augustea, fuesen el centro de la política y de la vida civil en Roma. Las mujeres, como partes integrantes de esta familia, también participaron en la estructura de poder, aunque nunca pudiesen participar en la política formal porque les estaba vetado.

Sin embargo, desde el decreto senatorial del 35 a.e.c., sus imágenes pudieron ser colocadas en espacios públicos y, tal y como se constata en el Ara Pacis, formaron parte de la propaganda oficial del Estado. Ejercieron esta visibilidad pública y política desde su posición de género. En una sociedad en la que la paz se representó con cuerpo y forma de mujer, las mujeres más importantes de Roma, las Augustas, incorporaron símbolos alusivos a las ideas de paz en sus representaciones, como la corona de espigas o el cuerno de la abundancia.

¿Por qué hablar de paz?

En una sociedad en la que la violencia está a la orden del día, como en la nuestra, es necesario visibilizar las realidades de paz pasadas, creando referentes históricos que puedan ser incorporados en el presente. En este análisis se busca demostrar cómo la paz fue una herramienta muy poderosa, hasta el punto de ser una promesa política, precisamente porque generaba bienestar y prosperidad.

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En este sentido, debemos recuperar ese deseo de paz como algo positivo, para que sea nuestro horizonte social y político.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

The Conversation