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Manuel Villegas, exconsejero de Salud de la comunidad de Murcia.

Manuel Villegas, exconsejero de Salud de la comunidad de Murcia.

Óscar Zurriaga, Universitat de València

Parece un simple pinchazo. Pero está cargado de significados: esperanza, investigación, logística, dosis, temores, ética. La vacunación de la COVID-19 representa un hito en muchos campos. Y todos somos conscientes de lo mucho que hay en juego.

Tras el primer logro, esto es, desarrollar varias vacunas en un tiempo récord, se plantea otro gran reto: inmunizar a una porción considerable de la población en un tiempo igualmente récord. Esto pone a prueba los recursos y organización de todos los sistemas sanitarios, pero también los valores y prioridades de una sociedad. Porque no hay que obviar que es imposible disponer de todas las dosis de vacuna necesarias e inyectarlas a todas las personas al mismo tiempo.

¿Cómo se prioriza?

Para responder a esta pregunta primero hay que analizar para qué se vacuna. La finalidad principal de la vacunación es prevenir que las personas enfermen. Pero también ayuda a reducir la gravedad y mortalidad una vez se contrae la enfermedad. Además, inmunizando a una parte sustancial de la población se intenta controlar la epidemia.

Con estos objetivos en mente, hay que decidir cómo se distribuye este recurso limitado. Y es necesario aplicar algún criterio, preferiblemente basado en los conocimientos técnicos y en la ética, para garantizar un acceso y una distribución justa y equitativa, sin desigualdades.

En esto está basada la estrategia de vacunación frente a COVID-19 establecida en España. Se centra en un marco ético que contempla los principios de igualdad y dignidad de derechos, necesidad, equidad, protección a la discapacidad y al menor, beneficio social y reciprocidad. También considera la participación, transparencia y rendición de cuentas, así como la importancia de la información y la educación.

Sabiendo que, al principio, la disponibilidad de vacunas sería limitada y se incrementaría progresivamente, se establecieron tres etapas. La primera se dirige a vacunar a grupos altamente prioritarios. En la segunda, la intención es que puedan acceder otros grupos prioritarios. Y en la tercera, completar la vacunación del resto de grupos de población.

Las primeras vacunaciones

Para decidir quiénes forman estos tres conjuntos, se valoraron diferentes grupos de población (residentes en centros de mayores, personal sanitario y sociosanitario, población en diferentes grupos de edad o situación de dependencia, trabajadores esenciales, etc.). También se aplicaron criterios de riesgo (de exposición, de impacto social o económico negativo, y de transmitir la infección a otros). Incluso tuvieron en cuenta la factibilidad (facilidad para identificar a las personas de un determinado grupo) y la aceptación y/o rechazo.

El resultado es que, para la primera etapa, se ha considerado como altamente prioritarios a:

  1. Residentes en centros de mayores y personal sanitario y sociosanitario que trabaja en esos centros y de atención a grandes dependientes.

  2. Personal de primera línea en el ámbito sanitario y sociosanitario.

  3. Otro personal sanitario y sociosanitario.

  4. Personas consideradas como grandes dependientes no institucionalizadas.

Y en ello estamos. Porque la etapa 1 no ha concluido todavía, y la escasez de vacuna persiste. En la segunda actualización (de 21 de enero de 2021) se ha concretado más la estrategia, especificando qué personas concretas componen cada grupo, incluido el personal del ámbito sanitario y sociosanitario.

Igualmente, se ha avanzado ya cuál será el siguiente grupo que se incluirá en la próxima etapa: la población de 80 y más años. Queda por decidir quienes serán los siguientes.

Prioridades y priorizados

Si hay pautas y criterios establecidos, ¿cómo es posible que estemos asistiendo a estos “saltos de la cola” (o vacunas de estraperlo” como dice Elvira Lindo)?

Son varios los motivos:

  • En la primera versión de la estrategia no se concretaban algunos conceptos. Decir, por ejemplo, “personal sanitario” es muy amplio. Aunque la ambigüedad se ha ido corrigiendo en las actualizaciones, todavía persiste un cierto margen de interpretación. Por ejemplo, no todos entienden del mismo modo eso de “en función del riesgo de exposición”. Lo que está claro es que en ningún sitio se habla de alcaldes o consejeros dentro de la primera etapa.

  • En cada territorio es la administración responsable la que se ocupa de la implantación de la estrategia. Aunque es absolutamente lógico y necesario, implica que se incrementa la cantidad de posibles “interpretaciones” de aquellos aspectos no suficientemente cerrados.

  • Hemos visto que, además de la estrategia nacional, existen otras a más pequeña escala. Por ejemplo, la subsecretaría del Ministerio de Defensa dictó una instrucción con criterios de priorización diferentes a los ya mencionados. Estos incluían a los contingentes militares desplegados en diferentes operaciones, al personal sanitario y al personal de unidades operativas –también a su cadena de mando– que tuvieran un mayor riesgo de contagio en función de las misiones encomendadas. Pero no hay constancia de los criterios utilizados para esta priorización. Además de que la ambigüedad permite discrecionalidad al aplicarla.

  • La dichosa sexta dosis de los viales de la vacuna de Pfizer/BioNTech ha sido otro elemento clave. Aunque cada vial suministrado contiene una cantidad que permitiría administrar 6 dosis, por desconocimiento se han venido utilizando oficialmente 5. Ahora la Agencia Europea del Medicamento (EMA) ha aclarado que puede utilizarse la sexta si se emplea el material de inyección adecuado. Pero durante un tiempo hemos dispuesto de dosis adicionales, oficialmente no contempladas, que, por desgracia, se han utilizado en ocasiones a conveniencia, en ausencia de un protocolo que estandarizara el uso de esas dosis.

  • Luego está la picaresca, el “estraperlo” mencionado. Desgraciadamente, y pese a todas las consideraciones éticas y de solidaridad que se hagan, parece que siempre habrá quien las interprete a su favor y no al de la colectividad. Y con escasa asunción de responsabilidades.

Transparencia y control

Lamentablemente estos episodios acaban poniendo en cuestión toda la estrategia de vacunación. Y especialmente los criterios de priorización que tan costosamente se han consensuado. La transparencia y el control son la mejor opción dado que, afortunadamente, se dispone de información de todo el proceso. Y mejor es que se hable de prioridades y no de “priorizados”.

Óscar Zurriaga, Profesor Titular. Dpto. de Medicina Preventiva y Salud Pública (UV). Serv. Estudios Epidemiológicos y Estadist. Sanit. (Generalitat Valenciana). Unid. Mixta Investigación Enfermedades Raras UV-FISABIO. CIBER Epidemiología y Salud Pública, Universitat de València

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Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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