Abierto de Tenis de EEUU

Medvedev arruina la proeza de Djokovic

  • El ruso de 25 años y número dos del mundo gana en Nueva York su primer grande con un triple 6-4

  • El serbio se queda sin su Grand Slam y se mantiene empatado a 20 grandes con Nadal y Federer

Medvedev celebra su victoria del US Open ante Djokovic

Medvedev celebra su victoria del US Open ante Djokovic

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Idoya Noain
Idoya Noain

Periodista

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Todo estaba listo para escribir el histórico capítulo. La organización del Abierto de Estados Unidos se había esforzado porque desde el inicio del torneo estuviera en Flushing Meadows Rod Laver, el hombre al que Novak Djokovic podía tomar el testigo en una gesta monumental: el Grand Slam, los cuatro grandes de un año, que el australiano ganó por última vez en 1969 y que en el cuadro femenino logró Steffi Graf en 1988, ella además con el inigualado hito de sumar el oro olímpico.

Si conquistaba su cuarto título neoyorquino el serbio, número uno del mundo, se anotaría además a los 34 años su grande número 21, uno más que Roger Federer y Rafael Nadal. La proeza estaba ahí, a un paso. Daniil Medvedev se la arruinó.

Olvidando o quizá vengándose de la final de Australia en la que Djokovic le aplastó, e indudablemente con lecciones aprendidas, el número dos mundial fue quien esta vez golpeó sin piedad a la bestia. En dos horas y cuarto y en solo tres sets, con un triple 6-4, el moscovita de 25 años, con un hambre voraz por su primer grande, quedaba finalmente satisfecho en su tercera final tras la de Australia y otra en Flushing Meadows que Nadal le ganó a base de garra en 2019.

Lo había avisado Medvedev ya tras ganar su semifinal a Felix Auger-Aliassime. “Voy a dar todo lo que me queda, y me queda mucho”. Fue desde luego más que suficiente para un Djokovic que se desdibujó y sucumbió al peso de la historia.

Darlo todo

En su camino hasta esta final el ruso solo había cedido un set mientras que Djokovic llegaba de cuatro partidos en los que que había perdido el primero. Y aunque Nole había prometido que jugaría la final como si fuera el último partido de su carrera y pondría “corazón, alma, cuerpo y cabeza” algunos de esos elementos fallaron, más de uno.

Medvedev inició el encuentro mostrando su ambición y rompiendo el servicio al serbio e incluso volvió a tener doble oportunidad de hacerlo en el tercer juego, y aunque la manga se desarrolló con algo de cautela a ambos lados de la red el ruso dominó. En la segunda la lucha se intensificó pero también lo hizo la ansiedad de Djokovic, junto a muestras de frustración. En el cuarto juego tenía una bola de break cuando un error del sistema de altavoces hizo sonar la música y llevó a volver a jugar el punto, que Medvedev salvó. Volvió a tener en ese juego otra oportunidad Nole y también la dejó escapar. Y no esperó ni siquiera a que el ruso acabara salvando para golpear con rabia la raqueta contra el cemento azul.

La tensión acabó comiéndose al campeón y en el tercer set Medvedev le rompió los dos primeros servicios. Djokovic logró salvar la primera bola de partido y luego romper, pero la remontada era imposible ante un rival intratable, capaz de aislarse del irrespetuoso comportamiento de unos fans deseosos del hito del Grand Slam. Sin esos gritos y abucheos posiblemente el ruso no hubiera cometido alguna doble falta en la recta final, pero en la tercera oportunidad de que el partido se decidiera había un nuevo campeón, y no era Djokovic.

El relevo

Ese honor es para un jugador que reconocía que supo aprovechar la presión que la historia ejercía sobre Djokovic y utilizarla a su favor. “Puse la presión sobre él, es lo que he conseguido hacer”, explicaba.

En Medvedev se agolpaban dos sentimientos. Aseguraba que sentía el triunfo por Djokovic, al que en la pista definió como "el más grande la historia". Pero a la vez ganar en un partido de tanta expectación añadida intensificaba su felicidad. "Saber que conseguí frenarle definitivamente lo hace más dulce y me da confianza para lo que que venga".

Medveded se ratifica en primera posición en el campo de la siguiente generación, como reconocía Djokovic “ya la actual”, lista para ocupar el espacio que empieza a abrirse tras los tres lustros de dominio del trío de maestros.

"Pasar página"

“Creo que el tenis está en buenas manos”, declaraba también el serbio reconociendo que "la transición en cierta forma ya había empezado con la victoria el año pasado de Dominique Thiem en Nueva York y era inevitable". Pero está muy lejos de considerar la derrota de este domingo como algo que represente más que un trago “duro” que le hace sentir "tristeza y decepción" y, a la vez, cierto "alivio" por haber acabado esta carrera hacia la gloria absoluta que "mental y emocionalmente era demasiado".

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"Los mayores seguimos aquí, intentando iluminar el deporte", aseguraba, palabras que se en avaladas por un año bajo cualquier parámetro ya estratosférico con títulos en Australia, Roland Garros y Wimbledon y final en Nueva York. “Voy a intentar ganar más slams, jugar por mi país",

"En tenis aprendemos muy rápido cómo pasar página”, decía también Djokovic. “Muy pronto habrá más retos. He aprendido a superar este tipo de derrotas duras en las finales de slam, las que más duelen. Intento sacar lecciones, aprender a ser más fuerte y seguir adelante”.