24 sep 2020

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ABIERTO DE TENIS DE EEUU

Thiem se hace por fin grande

A los 27 años, con una remontada histórica ante Zverev en un 'thriller', conquista su primer grande en Nueva York

El triunfo del austríaco y el de Osaka ponen un broche impecable a un torneo atípico marcado por el coronavirus

Idoya Noain

Dominic Thiem, tras ganar el Abierto de EEUU.

Dominic Thiem, tras ganar el Abierto de EEUU. / GETTY IMAGES NORTH AMERICA

Desde que Novak Djokovic fue expulsado del Abierto de Estados Unidos más anómalo, primer 'major' organizado en la era del coronavirus y marcado por las ausencias de Rafael Nadal y Roger Federer, se sabía que un nuevo nombre se sumaría al de campeones de Grand Slam por primera vez en seis años. Con Dominic Thiem y Alexander Zverev clasificados para la final en Flushing Meadows, solo faltaba saber cuál sería. Y tras un 'thriller' en la final el domingo, con un tie break de infarto en el quinto set, acabó siendo el austríaco, 3 del mundo y favorito, quien triunfó.

Con un 2-6, 4-6, 6-4, 6-3 y 7-6 (8-6) labrado en cuatro horas Thiem ha logrado por fin hacerse grande. El futuro del deporte del que tanto se ha hablado se ha hecho presente. Porque con él, 27 años, un tenista nacido en los años 90 debuta en el palmarés tan copado tres lustros por los tres grandes.

“He dedicado básicamente toda mi vida hasta ahora a ganar uno de los cuatro majors y ahora lo he conseguido”, decía paladeando esa gloria que tanto se había anticipado en su destino Thiem, frenado dos veces en París por Nadal y una en Australia por Nole. Y el que un día fue considerado especialista de tierra, versión siglo XXI de su compatriota Thomas Muster (que ganó en París en 1995 y llegó al número uno), reconfirmaba su valía en todas las superficies.

Una remontada histórica

Ganar no fue fácil con su buen amigo 'Sascha'  al otro lado de la red. El alemán de 23 años, tan brillante como a menudo irregular, fue quien en su primera final grande mostró contundente consistencia en las dos primeras mangas, pero Thiem, ajeno a los malos augurios de la historia, a 71 años en que nadie en su situación había logrado acabar ganando un Abierto de EEUU, dejó una remontada para los anales.

Con ambos sirviendo por el partido en la montaña rusa que fue la quinta manga, era de justicia llegar al tie break. La presión pesaba en las dos raquetas, en las dos cabezas. Pero en Thiem “de algún modo la fe fue más fuerte que el cuerpo”. Y cuando un revés de Zverev se fue demasiado largo, cayó emocionado al cemento de Arthur Ashe, donde ha ganado más que un trofeo y un cheque de tres millones de dólares. “Con esta meta lograda”, decía, “pienso y espero estar un poco más relajado y jugar un poco más libre en las mayores citas”.

Un torneo "seguro" y "bueno para el tenis"

La primera prueba la tendrá en Roland Garros, segundo grande de la era coronavirus, diferente al torneo neoyorquino porque permitirá público aunque sea limitado pero donde se podrán seguir algunas lecciones de un torneo que no hace tanto pareció improbable y que, aunque con descenso en audiencias televisivas en EEUU (en un panorama ahora superpoblado de eventos), ha triunfado.

Ni el título de Osaka ni el de Thiem merecen asterisco, pese a las ausencias en sus cuadros. Ha habido controversias como el confinamiento impuesto a jugadores franceses y la descalificación de su favorita en dobles tras el positivo de Benoit Paire, pero casi nadie lleva la contraria a Mike Dowse, consejero delegado de la federación de EEUU, que ha dicho: “Ha sido seguro, ha sido bueno para el tenis y en lo financiero ha sido bueno para los jugadores y el ecosistema tenístico”.