22 feb 2020

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EL ABIERTO DE AUSTRALIA

Nadal y Kyrgios, yin y yang del tenis

El número 1 se enfrenta al polémico tenista australiano este lunes (09.00, Eurosport) por una plaza en cuartos

Jaume Pujol-Galceran

Rafael Nadal, durante el partido contra Carreño.

Rafael Nadal, durante el partido contra Carreño. / AAP / Scott Barbour

“Rafa tiene que olvidar todo lo que pase después del punto”, decía Carlos Moyà ante el partido que este lunes enfrentará a Rafael Nadal y Nick Kyrgios por una plaza en los cuartos de final del Abierto de Australia (09.00, Eurosport).

El entrenador del número 1 mundial tiene claro que a Nadal le espera una dura prueba ante un tenista tan talentoso como incontrolable en sus acciones que desquicia a sus rivales. “Será como jugar un partido de Copa Davis por el ambiente y por un rival al que este tipo de partidos motivan de forma especial”, dice el técnico mallorquín que, en 1997, perdió la final del torneo ante el estadounidense Pete Sampras.

Será la octava vez que Kyrgios y Nadal se enfrenten en la pista. De momento el número 1 ha ganado en cuatro ocasiones, la última en Wimbledon del año pasado, en un partido caliente de entrada por la polémica que mantenían ambos desde que el australiano se mofó de Nadal antes de la final del torneo de Acapulco, que ganó. Kyrgios puso un mensaje en Instagram utilizando los iconos de un fantasma y una jeringuilla.

“Kyrgios tiene un gran talento y eso es bueno para el circuito, pero no me gusta las otras cosas que hace en la pista”, decía Nadal en Melbourne antes de conocer que iba a cruzarse con el australiano otra vez. En Wimbledon quien desquició a Kyrgios fue Nadal con su juego. Le dio una lección de tenis.

Amenaza de suspensión

El tenista australiano ahora parece más tranquilo en su comportamiento en pista. Sobre él pesa una amenaza de la ATP de expulsión del circuito por seis meses, después de que el pasado mes de septiembre fuera sancionado con una multa de 25.000 dólares y 16 semanas sin jugar por su actitud antideportiva.

Kyrgios no ha vuelto a protagonizar incidentes, pero sobre la pista de tenis sigue siendo un jugador diabólico, capaz de la mayor genialidad y también del error más infantil. Su juego espectacular es un reclamo para cualquier torneo y él lo sabe. “Me sancionan pero me quieren ver jugar”, decía tras el último castigo.

Quien le conoce personalmente asegura que Kyrgios es un buen chico fuera de las pistas. Los devastadores incendios que ha vivido Australia le han hecho mostrar una cara muy humana públicamente. “Me he dado cuenta de que juego para más gente”, ha dicho en Melbourne. Kyrgios se ha volcado en la ayuda a los afectados por la catástrofe ecológica recaudando fondos con exhibiciones y dando 200 dolares por cada ‘ace’ en todos sus partidos desde su debut este año en la ATP Cup hata que finalice el Abierto de Australia.

Un jugador díscolo y espectacular

Kyrgios afronta el duelo con Nadal con un desgaste que puede pasarle factura después del maratoniano partido que jugó ante el ruso Karen Khachanov durante 4 horas y 26 minutos en el que se impuso en un dramático y emocionante ‘super tiebreak’ en el quinto set. “Las piernas me pesan 40 kilos cada una”, admitió al final de un partido espectacular, con golpes demoledores, dejadas inesperadas y también tiros perfectamente inútiles entre las piernas. 

Un partido en el que volvió a emerger el Kyrgios díscolo cuando se enfrentó al juez árbitro y fue advertido de sanción  advertencia. Sucedió en el tercer juego del quinto set (4-4, 30-15), cuando fue castigado por perder tiempo con el saque. Kyrgos protestó efusivamente porque en una jugada anterior se había hecho una herida en la mano y había pedido la toalla para limpiarse la lesión. “¿Eres estúpido?. Mira mi mano la tengo llena de sangre”, le dijo al juez de silla. “Haz tu trabajo y hazlo bien”, le insisitió en el cambio de pista.

Kyrgios es único, a veces payaso, otras irreverente y muchas genial. A final de su partido ante Khachanov, su rincón de descanso parecía la habitación de un quinceañero,  botellas llenas y vacías tiradas por el suelo a su alrededor, toallas usadas desperdigadas junto a su bolsa de raquetas abierta y con las cosas por encima del banco. Nada que ver con la pulcritud, casi enfermiza, de Nadal cuando coloca las botellas en el suelo durante sus partidos. El yin y el yang del tenis. Este lunes el espectáculo está servido.