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EL GRAND SLAM PARISINO

Nadal, la reinvención del campeón

El chico que ganó Roland Garros en el 2005 se ha transformado en otro jugador aún mejor

Federer lleva 15 años sin encontrar la fórmula para ganar al mallorquín en París

Jaume Pujol-Galceran

Rafael Nadal posa con la Copa de los Mosqueteros en cada una de sus 12 ediciones victorias en París.

Rafael Nadal posa con la Copa de los Mosqueteros en cada una de sus 12 ediciones victorias en París. / REUTERS

Larga melena, una camiseta verde sin mangas de la que sobresalían unos poderosos brazos musculados y pantalones piratas blancos. La imagen de Rafael Nadal en Roland Garros del 2005, estirado sobre la arena tras ganar al argentino Mariano Puerta, nada tiene que ver con la del campeón que ayer levantaba la Copa de los Mosqueteros por 12ª vez. La transformación en 15 años ha sido tan brutal como eficaz para lograr todo lo que ha conseguido desde entonces.

"Aquel tenista era número 2 mundial en el 2005 y sigue siéndolo en el 2019. Para seguir al máximo nivel y lograr todo lo que ha logrado ha tenido que evolucionar, sí o sí", valora Carlos Moyà, su entrenador ahora, pero que en esa época lo conocía ya muy bien como jugador. Entrenaban muchas veces en Mallorca y el campeón de Roland Garros en 1998 ya le daba consejos.

La admiración de Federer

Nadal ha evolucionado. Se ha transformado en otro jugador, mucho mejor. En el 2005 ganó el título corriendo más que ninguno y devolviendo siempre una pelota más. Su servicio apenas superaba los 180 km/h. Con esas armas pudo vencer en semifinales al entonces indescutible número 1 mundial, Roger Federer. Quince años después se han vuelto a cruzar n la Philippe Chatrier en otras semifinales y Nadal le ha dado una lección de tenis al suizo sobre tierra.

Después de tanto tiempo, tras 39 enfrentamientos (14-2, en tierra para el mallorquín), Federer sigue sin encontrar la fórmula para ganarle. Y, a sus 37 años difícilmente la encontrará. "Nunca he encontrado a alguien que juegue como él para poder entrenarme, su manera de jugar en tierra y como defiende la pista es única", admitía Federer en París.

"Tampoco yo he encontrado a nadie que juegue como Federer, para entrenarme", decía Nadal. Pero esa situación nunca le ha agobiado como al suizo. Nadal siempre ha tenido un plan. Su tío Toni Nadal le enseñó desde pequeño a afrontar los partidos, a tener un plan y ejecutarlo. Buscar el camino para ser el mejor. "Mi objetivo cuando entro en un pista es hacer lo que sé, bien. Si cambias de estrategia en función del rival, tendrás problemas. Puedes reajustar cosas, pero has de jugar como siempre lo haces. Y eso es lo que hago siempre. Tengo confianza en mi plan de juego", explica Nadal.

Aún busca sus límites

"Hay unas carencias físicas propias de la edad, porque uno se hace mayor, pero las ha cubierto con más experiencia y conocimiento del juego. Rafa ha estado en constante evolución y aún sigue explorando sus límites ahora", cuenta Moyà.

Nadal ha mejorado en todos sus golpes. Ahora puede sacar a más de 200 km/h, su volea es más efectiva, la derecha aún más poderosa y ha transformado el revés, especialmente el cruzado, en una segunda derecha que destroza a sus rivales. Como si estuviera sobre un tablero de ajedrez, Nadal ve la jugada con cuatro movimientos de antelación. "Es un juego de entendimiento y posición en la pista. Todo su juego lo ha ido ajustando. No solo es pegar más fuerte. Se trata de quitarle tiempo al rival estando más encima. Eso sí, hay que hacerlo sin que tus tiros pierdan calidad", analiza Moyà.

La evolución del juego de Nadal ha sido geométrica, pero no ha sido fácil tampoco. Desde que Moyà se incorporó al equipo del mallorquín como entrenador junto a Francis Roig, ha tratado de convencerle que podía ganar igual con menos tiempo y desgaste en la pista.

Malditas lesiones

No ha sido fácil conseguirlo. Las lesiones y las dudas han estado presentes desde que tuvo su problema en la planta del pie tras ganar el primer Roland Garros. "Los médicos dudaban que pudiera seguir jugando al tenis", recuerda siempre Nadal.

El año pasado tuvo que parar después del Abierto de Estados Unidos por problemas en su rodilla derecha y aprovechó para operarse de unas molestias en el tobillo izquierdo.

Debutó en el Abierto de Australia, donde alcanzó la final ante Novak Djokovic pero la tendinitis en su rodilla derecha le hizo retirarse en Indian Wells y no jugar en Miami. La temporada se complicaba de nuevo y la gira europea en tierra no fue como esperaba. En Montecarlo encajó un 6-0 de Fabio Fognini y cayó en semifinales "jugando el peor partido de mi vida", admitió. 

En Barcelona, la situación cambió. "Para llegar arriba hay que subir los escalones , de uno a uno". Y eso es lo que ha hecho en su camino hasta la cima de París, que no ha sido fácil de alcanzar esta vez. "Hace poco tiempo no sabíamos si estaría compitiendo aquí", admitió nada más ganar, aún sobre la arcilla. "Su mérito es la actitud con la que ha afrontado los problemas. No es fácil conseguir lo que se da por hecho, pero cuando encuentras a alguien tan bueno y con tanta capacidad, el éxito es prácticamente seguro", dice con máxima admiración Moyà.