Ir a contenido

UN PARTIDO ÉPICO

Nadal-Federer, la historia de una final única de Wimbledon

Jaume Pujol-Galceran / Barcelona

Nadal, escala al palco tras ganar en Wimbledon. / REUTERS / ALESSIA PIERDOMENICO

Nadal, escala al palco tras ganar en Wimbledon.
Nadal muestra el trofeo, caída la noche en Wimbledon.

/

Pantalones pirata y camiseta sin mangas. Subido sobre el tejadillo de las cabinas de retransmisión de televisión de la central de Wimbledon. Caida ya la noche, bajo una lluvia de flashes, Rafael Nadal celebraba el triunfo en el torneo que más ansiaba después de ganar a Roger Federer en una batalla de 4 horas y 48 minutos, en un partido que tuvo ganado mucho antes, pudo perder al final e incluso pudo suspenderse por falta de luz natural. Una década después el recuerdo de aquella final y todo lo que sucedió está extraido en la primera biografía del tenista 'Rafael Nadal, crónica de un fenómeno' (RBA, 2009) de Manel Serras y Jaume Pujol-Galceran.

El recuerdo del éxito 

El Rolex  de la pista central del All England Lawn Tennis and Crocquet Club de Wimbledon, marca las 15.25 horas del domingo 6 de julio de 2008 cuando Steve Adams, socio del club y encargado de acompañar a los jugadores a la pista central, se acerca a Rafael Nadal y Roger Federer. La lluvia ha obligado a retrasar el inicio de la final previsto para las 14.00 como marca la tradición. Por unos momentos se ha temido que tuviera que suspenderse el partido hasta el lunes.

-- Caballeros, ¿Listos?

La central ruge cuando los dos tenistas entran  precedidos por un empleado del club que lleva sus bolsas. Nadal pisa primero la hierba y saluda al público levantando su mano izquierda. Tras él, Federer sonríe tímidamente. El cielo está encapotado y los augurios no son nada buenos.

Desde que comenzó el torneo hay expectación por ver luna final catalogada ya como histórica. Para Federer una derrota supondría el final de un reinado de cinco títulos consecutivos que comparte con Bjorn Borg. Para Nadal un triunfo sería la confirmación de su progresión como tenista capaz de ganar en cualquier superficie, conquistar un título que antes solo ha ganado un español, Manuel Santana, presente en el palco, y arrebatarle el número 1 mundial al campeón suizo.“Será un partido de dos gigantes. El rey invencible contra el aspirante a rey. Nadal me h impresionado pero Federer es mi favorito, comenta Boris Becker, triple campeón de Wimbledon y ahora comentarista de tv. “Federer tiene mucha presión. Si pierde será el final de su reinado y como número 1”, dice John McEnroe, cuatro veces campeón del torneo, que vivió una final parecida en 1980 contra Bjorn Borg, considerada la mejor de la historia, y que horas antes ha estado peloteando con Nadal.

Dos sets para Nadal

La tensión se palpa en los rostros de Federer y Nadal  mientras calientan. El silencio es sepulcral, solo se oye el golpe de la bola contra los cordajes de las raquetas. Los espectadores que llenan las gradas sienten que van a vivir una final especial. Y comienza el partido. Federer saca y Nadal le gana el primer punto con un gran resto. Es un aviso. Las cosas no pueden empezar mejor. Tres juegos después Nadal consigue el primer 'break'. Una ventaja suficiente para apuntarse el primer set por 6-4. En el segundo Federer parece reaccionar y se adelanta 3-0 y 4-1. Pero Nadal no solo consigue recuperar esa desventaja sino que gana cinco juegos seguidos y se apunta el segundo set con otro 6-4. La sorpresa es general. Nadal ha ganado las dos primeras mangas. No es normal. Federer está tenso y perdido.

La final parece decidida aunque el número uno del mundo lucha para evitarlo en la tercera manga en la que manteniendo su saque hasta el 5-4. Justo en el momento que la lluvia obliga a interrumpir por primera vez la final. El juez de silla, el francés Pascal Maria, suspende el partido y para su reloj a las 16.52 horas. A Federer le ha salvado la campana como a esos boxeadores que se mueven groguis sobre el ring a la espera del KO definitivo. Nadal y Federer corren al vestuario, mientras en menos de 20 segundos los empleados del club cubren la pista con una lona. La final no volverá a comenzar hasta las 18.12 horas (una hora menos en España).

Toni Nadal se duerme

-- Hombre, ahora no era necesario que hicieras aparecer la lluvia – le comenta socarrón Rafael a su tío Toni Nadal cuando entra en el vestuario, recordando como de niño una vez le hizo creer que con sus extraordinarias dotes de mago podría hacer llover para que detuvieran un partido que estaba perdiendo.

Rafael aprovecha ese descanso para reponer fuerzas y curar un pequeño problema en el dedo de un pie. El doctor Ángel Ruiz-Cotorro se lo lleva a una habitación próxima para tratarle y aplicarle una inyección que le adormezca la zona y le permita jugar sin dolor. Toni, que no soporta ver las agujas, se estira en un banco del vestuario y mientras espera ¡se queda dormido! Nadal no puede creerlo cuando vuelve a su lado tras el tratamiento.

-- Estamos en la final de Wimbledon y se ha dormido, le comenta atónito al doctor.

--Venga Toni despierta que volvemos a la pista--, le dice para despertarle, pero aún tardarán más de media hora en volver a salir. Toni se muestra confiado.

-- Tranquilo Rafael. Tienes que seguir jugando como hasta ahora y ganar tu saque de salida. Si igualas a 5-5  Federer notará la presión porque sabe que si pierde su saque todo se habrá acabado para él – Toni sabe porqué le dice eso. En situaciones límite su sobrino es el más fuerte mentalmente. Rafael es capaz de disfrutar como un niño allí donde los demás sufren.

McEnroe: "¡Hay partido!"

Federer está contra las cuerdas pero esta vez cuando vuelve a la pista saca su orgullo y no se rinde. Nadal logra el 5-5 que le pedía Toni pero al contrario de lo que pensaba su tío, a Federer no le tiembla el pulso para lograr el 6-5 con tres primeros servicios excelente y un 'ace'. El partido ha cambiado. Federer no se va a rendir fácilmente y se apunta el set en el tie break por 7-5. “Hay partido” exclama McEnroe desde su cabina de comentarista.

El excampeón sabe lo que dice. En el cuarto set los dos tenistas mantienen su saque hasta forzar un segundo tie break . Le emoción va en aumento en las gradas. Nadal consigue adelantarse 5-2 y dispone después de dos saques para cerrar el partido y ganar la final. Federer está acorralado pero se juega cada punto con golpes maestros y logra remontar hasta igualar  5-5, 6-6 y 7-7. La emoción está al máximo. Nadal consigue su primer 'match ball' del partido pero no puede concretarlo y pierde los tres siguientes puntos y el cuarto set. “Increíble, lo ha tenido en su mano y se le ha escapado” comenta McEnroe.

Segundo parón por la lluvia

Por la cabeza de Nadal pasan como un flash los recuerdos de la  la final del año pasado y la ocasión que entonces dejó escapar. Ahora aún lo ha tenido  más cerca y tampoco lo ha aprovechado. Sentado en la silla espera el inicio del quinto y definitivo set. Su mente intenta olvidarse esa ocasión perdida. No está dispuesto a volver a perder. “Esta es tu oportunidad, lucha, lucha y lucha”, se dice para si.   

Desde la grada Toni intenta tranquilizarlo.

--Olvídate de lo que ha pasado. Concéntrate. Ahora no puedes permitir que se vaya en el marcador. Asegura tu saque.

Y así lo hace hasta que con 2-2 y 40-40 vuelve la lluvia. El Rolex de la central marca las 19.45 cuando por segunda vez deben volver al vestuario. Toni tarda en llegar porque tiene un recorrido más largo. En el camino piensa en que debe decir a su sobrino para animarle. Cree que tras  perder ese 'match ball' estará muy tocado.

-- Ahora no te duermas. ¿Eh?– le dice Rafael, sentado ya en el vestuario cuando le ve llegar. Toni sonríe. Su sobrino está entero y dispuesto para luchar. Eso es lo mejor que podía pasar.

Nadal: "Tranquilos, no fallaré"

-- Hemos perdido una ocasión. Pero no pasa nada –comienza a explicarle Toni--. El partido está abierto y puede ganar cualquiera. No aflojes, no bajes la guardia y lucha hasta el final. Estás muy cerca del título. Ahora no es una cuestión de jugar mejor o peor, ahora es una cuestión de nervios. Tienes que llegar al 4-4 y después ganará quien esté más fuerte de cabeza, no quien sepa jugar mejor al tenis.

Y entonces, Toni se queda absolutamente sorprendido con la respuesta de Nadal.

-- Ganaré. Bueno, no sé si ganaré, pero puedes estar tranquilo porque yo no fallaré. Estoy muy seguro de mi mismo. El año pasado no sabía si volvería a estar en una final y por eso lloré después de perderla. Pero ahora vuelvo a estar ahí y estoy seguro de que si pierdo tendré otra oportunidad el próximo año. Tranquilo, haré lo que debo hacer. No fallaré.

Cuando Toni llega al palco de jugadores, le dice a Carlos Costa: “Me ha dicho que no fallará y que ganará”. Se miran con una sonrisa incrédula. Pero los dos están contentos porque conocen a Rafael y saben que no es ningún farol. Está convencido de que puede hacerlo. A las 20.24 horas Federer vuelve a poner la bola en juego mientras el tímido sol que había aparecido empieza a caer y desaparecer entre las nubes. Apenas queda una hora de luz natural antes de tener que suspender la final. La igualdad en el marcador se mantiene no solo hasta el 4-4 que pedía Toni sino que sigue con 5-5, 6-6 y 7-7. El juez de silla Pascal Maria mira hacia el cielo cada vez más oscuro. La suspensión del partido parece inminente cuando Federer cede su saque en el decimoquinto juego de la última manga. El pentacampeón de Wimbledon no aguanta la presión y en el segundo match ball –tercero del partido—lanza su derecha contra la red. Se acabó.

Rompiendo el protocolo de Wimbledon

Después de 4 horas y 48 minutos de juego, a las 21.16 de la noche, Nadal cumple su promesa y hace realidad  el sueño de su vida al derrotar a Federer por 6-4, 6-4, 6-7 (5-7), 6-7 (8-10) y 9-7. Entonces todo se desborda. Se deja caer sobre la hierba, de espaldas, con los brazos abiertos. A pocos metros, en el palco, Toni de pie, grita “¡Si Rafel, si!”, mientras Carlos Costa, Rafa Maymó, Benito Pérez Barbadillo y el doctor Ángel Ruiz-Cotorro se abrazan y su hermano Sebastià y su cuñada Ana Maria se besan. Rafael se levanta del suelo y corre para encaramarse a lo alto del palco. Quiere  compartir su felicidad con ellos. Después, rompiendo todo el protocolo de Wimbledon, salta sobre el techo de las cabinas de televisión para ir a saludar a los Príncipes de Asturias que han venido a ver la final.

--Nos has emocionado España está orgullosa de ti, le dice el príncipe Felipe, mientras Nadal besa a la princesa Letizia.

En el otro extremo de la pista el resto de la familia de Nadal, sus abuelos, sus tíos, sus sobrinos y varios amigos, no pueden ocultar la emoción de ese momento mágico, mientras miles de flashes brillan en las gradas como si fueran pequeñas estrellas de una noche tan mágica como inolvidable intentado captar un instante único. La final más larga de la historia de las 122 ediciones de Wimbledon. “El mejor partido que nunca antes se ha visto” dice McEnroe, aún emocionado por el espectáculo vivido.

Federer se queda sin número 1: "Un desastre"

Minutos después Nadal recibe de manos del Duque de Kent la Challenge Cup, el trofeo que desde 1877 recibe el campeón de Wimbledon. Y como hace en todas sus victorias Nadal lo muerde feliz y orgulloso. “Es imposible explicar como me siento en este momento. Estoy muy feliz porque he cumplido un sueño. Muchas gracias a Roger, él es el mejor jugador de la historia y un deportista ejemplar tanto cuando gana como cuando pierde”, dice emocionado en su discurso respondiendo a Federer que tras recibir el plato de finalista le ha confesado su admiración públicamente. “Ha sido un honor poder volver a jugar aquí. Rafa es el peor rival que podía encontrar sobre mi mejor pista. Ha sido una pena no haber podido ganar, pero volveré el próximo año”, dice el suizo que luego, en la conferencia de prensa, catalogará su derrota como “un desastre”.

Wimbledon  abrió a Nadal las puertas del liderato mundial y rompió todos los esquemas en los que se había instalado el tenis mundial en los últimos cinco años. Federer comenzó a sentir que ya no era el número uno: había perdido ante Nadal en las dos últimas finales del Grand Slam y de forma muy dolorosa en La Catedral del tenis. Ya no podía ni siquiera asegurar que era el mejor en hierba y comenzaba a estar convencido de que los días de vino y rosas estaban acabando para él.

0 Comentarios
cargando