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Nadal, relato de una reconstrucción

El jugador mallorquín vuelve a la cima tras superar dos años problemáticos en los que remodeló profundamente su tenis

Jaume Pujol-Galceran

Nadal, triunfal, en los Campos Elíseos de París.

Nadal, triunfal, en los Campos Elíseos de París. / AFP / GEOFFROY VAN DER HASSELT

Ansiedad y lesiones eran los recuerdos de las dos últimas temporadas desde que Rafael Nadal ganó Roland Garros en el 2014. En los dos últimos años tuvo que pasar una travesía por el desierto de la que llegó a temer que no saldría nunca. En el 2015 pasó por momentos muy complicados desde el punto de vista mental y, al año siguiente, cuando estaba en camino de superarlos una lesión en la muñeca izquierda que le obligó a retirarse de Roland Garros en tercera ronda le cortó su recuperación. 

"Fue un momento muy duro. Intenté seguir después de Roland Garros porque quería ir a los Juegos de Río, pero después decidí que no podía seguir así. Debía parar y recuperarme. No podía ir por las pistas sin sentirme bien, limitado físicamente. La muñeca me dolía y opté por parar y recuperarme. Creo que hice lo correcto", explicaba Nadal en París.

"La gente decía que jamás ganaría nada o que estaba finiquitado, pero al final Rafael se ha vuelto a demostrar a sí mismo con esfuerzo y dedicación se pueden conseguir las cosas" (Toni Nadal) 

La decisión fue acertada. Nadal incorporó a Carlos Moyà en el equipo y se encerró en Manacor para llevar a cabo una reconstrucción total de su tenis. Y el cambio ha sido espectacular. "Después de tantos problemas los últimos tiempos, haber sabido darle la vuelta y estar otra vez aquí te hace muy feliz. La gente que decía que jamás ganaría nada o que estaba finiquitado, que yo lo entiendo, pero al final Rafael se ha vuelto a demostrar a sí mismo que con esfuerzo, dedicación, se pueden conseguir las cosas", valoraba con orgullo Toni Nadal

"Se ha adaptado al tenis moderno donde es prioritario pegar más fuerte y ser más rápido" (Moyà)

Su amigo Moyà también estaba orgulloso del cambio y el trabajo culminado en París. "Es uno de los tres mejores jugadores de la historia. La diferencia con otros es la calidad de su tenis y su ambición. Se ha adaptado al tenis moderno donde es prioritario pegar más fuerte y ser más rápido".

"Tácticamente busca más la bola, va más directo a ganar los puntos, comete menos errores, no especula tanto..."

A sus 31 años y con los títulos conseguidos pocos tenistas habrían hecho la reconstrucción de Nadal. Pero el mallorquín tiene un gen especial y único. "Trabajar y trabajar con humildad para mejorar" ha sido el consejo permanente de su tío Toni Nadal desde que comenzó a entrenarle. No hay más secretos. Y eso es lo que ha hecho siempre Nadal para evolucionar tenistícamente y salir de las crisis y lesiones que le han acompañado en su carrera.

MEJOR DERECHA, MEJOR SAQUE

El nuevo Nadal "ha dado un salto de calidad impresionante en su juego. Su derecha aún hace más daño y con el revés abre la pista y cambia de alturas. Su saque también ha mejorado mucho. Tácticamente busca más la bola, va más directo a ganar los puntos, comete menos errores y marca un ritmo brutal en los partidos. No especula tanto", destaca Francis Roig, segundo entrenador del mallorquín desde hace más de una década y que ha participado en la reconstrucción del campeón de Roland Garros.

"No era fácil salir de la ansiedad que tuvo en el 2015" (Francis Roig)

"Ganar a Wawrinka es un volver a empezar después de diez años, ha conseguido lo que necesitaba para realmente seguir con ilusión para volver a repetir los récords que haya por delante. No era fácil salir de la ansiedad que tuvo en el 2015", recalca Roig.

En el Abierto de Australia,  Nadal comenzó a ver el resultado de su trabajo. El partido que le ganó a Alexander Zverev en tercera ronda fue un clic. "Volvía a ganar un partido a cinco sets y lo hizo aplicando el cambio de juego que llevaba meses preparando. Para su confianza fue una victoria muy importante", aseguraba Moyà.

El premio del esfuerzo fue llegar a la final de Australia. Perderla  ante Roger Federer no le desanimó. Al contrario. Tampoco le afectó perder en las finales de Acapulco y Miami. Estaba en camino y preparado para el gran objetivo del año que era Roland Garros. La victoria en Montecarlo se lo confirmó.

A ese éxito le siguieron el décimo título también en Barcelona ante Dominic Thiem al que volvió a ganar unas semanas después en Madrid. Aunque en la Caja Mágica, el partido al que le dio valor fue la victoria en semifinales ante Novak Djokovic, después de siete derrotas consecutivas con el exnúmero 1 mundial. "No es lo mismo ganar al 100 del mundo que ganar a Djokovic. Es un plus de confianza", decía Toni Nadal. Y después de París esa confianza está por las nubes. Nadal vuelve a sentirse capaz de todo. Wimbledon y el número 1 mundial son ahora sus nuevos objetivos.

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