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Neurociencias

¿Puede una máquina ser consciente? La biología busca la respuesta

Dos neurocientíficos replantean el debate sobre la consciencia artificial y analizan si depende del tejido biológico o del procesamiento de información

Investigadores analizan si una forma artificial de consciencia podría surgir al reproducir determinadas funciones del cerebro.

Investigadores analizan si una forma artificial de consciencia podría surgir al reproducir determinadas funciones del cerebro. / Crédito: Unsplash/CC0 Public Domain.

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Pablo Javier Piacente / T21

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La inteligencia artificial puede imitar cada vez mejor algunas capacidades humanas, pero sigue abierta una cuestión fundamental: ¿podría llegar a experimentar el mundo de forma subjetiva? Un nuevo estudio propone dejar a un lado, por ahora, la pregunta de si las IA actuales son conscientes y examinar qué nos enseña el cerebro biológico sobre las posibilidades de una futura consciencia artificial.

En una nueva investigación, dos neurocientíficos de la Universidad de Montreal, en Canadá, y la Freie Universität Berlin, en Alemania, eluden la cuestión de si los modelos de IA actuales son conscientes y, en cambio, plantean una pregunta más fundamental: ¿qué puede decirnos la biología sobre la posibilidad de la consciencia artificial? ¿Es el producto de tejidos biológicos o surge del procesamiento de información?

Experiencia subjetiva y consciencia

De acuerdo a una nota de prensa, el punto de partida es una dificultad todavía sin resolver: la ciencia no sabe exactamente por qué somos conscientes. En el debate conviven dos grandes perspectivas: una sostiene que la consciencia depende de la naturaleza biológica del cerebro, es decir, del tejido vivo que lo constituye. La otra, asociada al funcionalismo computacional, defiende que lo esencial no es el material, sino las funciones que realiza el cerebro y la manera en que procesa la información.

En el estudio publicado en la revista Trends Open, los investigadores centran su análisis en la llamada consciencia fenomenal: la existencia de una experiencia subjetiva. Ver el azul del cielo, escuchar una canción o sentir dolor son ejemplos de experiencias que cada individuo conoce de primera mano, y con una vivencia diferente en cada caso.

Sin embargo, que podamos experimentar esos estados no significa que comprendamos cómo surgen físicamente en el cerebro. Y precisamente ahí aparece el desafío para la inteligencia artificial: un sistema puede comportarse como si comprendiera algo sin que sepamos si realmente experimenta algo.

La biología como fuente de la consciencia

Una de las posiciones examinadas es el denominado naturalismo biológico, según el cual la biología sería indispensable para la consciencia. El argumento indica que todos los seres conscientes conocidos son organismos vivos y cuentan con cerebros biológicos.

Sin embargo, los autores del estudio sugieren que esa observación no demuestra por sí sola que la materia biológica sea una condición necesaria. Para convertir esa hipótesis en una teoría científica habría que identificar qué aporta la biología que no pueda reproducirse de otra manera.

Los científicos plantean un experimento mental para poner a prueba esta idea. Imaginan que una parte del cerebro humano fuese sustituida por un chip capaz de realizar exactamente las mismas funciones. Si la persona continuara comportándose, hablando y respondiendo de la misma manera, ¿habría cambiado su consciencia?

Una versión fuerte del naturalismo biológico tendría que responder que sí, porque una parte del tejido ya no sería biológica. El problema, señalan los investigadores, es que si no existe ninguna diferencia observable, esa afirmación sería difícil de comprobar experimentalmente.

La consciencia podría no depender del cerebro biológico, según un nuevo estudio.

La consciencia podría no depender del cerebro biológico, según un nuevo estudio. / Crédito: Steve A Johnson en Unsplash.

¿Es la información y sus procesos el origen de la consciencia?

La alternativa es el funcionalismo: la consciencia podría depender de determinadas formas de procesamiento de información, con independencia del material que las implemente. Eso no significa ignorar la biología: el cerebro posee características particulares, como la dinámica continua de su actividad, su capacidad de autorregulación, la integración de información y la interacción entre distintos niveles, que podrían resultar relevantes. La cuestión científica consiste en determinar cuáles de esas propiedades son realmente indispensables y por qué.

El estudio también advierte sobre una cuestión crucial. Que hasta ahora solo hayamos identificado consciencia en organismos biológicos no demuestra que una máquina no pueda tenerla. Del mismo modo, que los grandes modelos de lenguaje funcionen mediante predicción de texto no basta para concluir que carecen de capacidades cognitivas relevantes. Reducir un sistema complejo a una descripción sencilla no resuelve la cuestión de fondo.

Referencia

What biology can and cannot tell us about conscious AI. Ulysse Klatzmann et al. Trends Open (2026). DOI:https://dx.doi.org/10.1016/j.treopn.2026.07.012

Una incógnita abierta

Los especialistas no sostienen que las IA actuales sean conscientes, ni predicen cuándo podría surgir una consciencia artificial. Incluso, uno de los autores se declara agnóstico al respecto y afirma que le sorprendería que los modelos actuales desarrollasen consciencia, aunque no considera posible descartar por completo esa posibilidad.

Si la biología resulta imprescindible, quizá haya que construir sistemas artificiales que reproduzcan algunas de sus características. Si lo fundamental son ciertas funciones del procesamiento de información, el camino hacia una consciencia artificial podría estar abierto. Por ahora, la ciencia no tiene la respuesta: entender qué genera la consciencia puede ser uno de los grandes retos de la investigación en inteligencia artificial.

Fuente: Levante - EMV