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Ciencias de la Tierra / Biología

El retroceso de los glaciares podría facilitar la propagación de enfermedades entre las abejas

Un estudio en los Alpes suizos revela que los cambios en la vegetación provocados por el deshielo podrían aumentar el contacto entre abejas domésticas y silvestres y favorecer la circulación de patógenos

Abejas salvajes en ranúnculo.

Abejas salvajes en ranúnculo. / Crédito: Gianalberto Losapio / Unil.

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Pablo Javier Piacente / T21

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Un nuevo estudio muestra que el retroceso de los glaciares y los cambios en la vegetación podrían influir en la propagación de ciertos patógenos entre las abejas melíferas y las abejas silvestres, haciendo más compleja aún la situación de especies clave para el ambiente y actualmente amenazadas por el cambio climático de raíz antropogénica.

El deshielo de los glaciares alpinos no solo modifica el paisaje: también puede alterar las relaciones entre plantas, abejas y microorganismos y, con ello, las vías de transmisión de algunos patógenos. Así lo expluca un estudio publicado en la revista Oikos, que ha analizado cómo el retroceso de un glaciar suizo afecta a la presencia de enfermedades en abejas domésticas y silvestres.

La investigación se desarrolló en el entorno del glaciar Mont Miné, en el cantón suizo del Valais, un territorio que permite observar distintas fases de la retirada del hielo. Los científicos de la Universidad de Lausana, en Suiza, y la Universidad de Milán, en Italia, estudiaron cuatro etapas de sucesión ecológica, desde zonas recientemente liberadas por el glaciar hasta áreas más antiguas en las que la vegetación ha evolucionado hacia formaciones forestales. En total, analizaron 335 abejas, 230 de ellas silvestres y 105 pertenecientes a la especie doméstica Apis mellifera.

Abejas, parásitos y virus

El equipo buscó cinco agentes patógenos: tres virus, el virus de las alas deformadas (DWV), el virus de la parálisis aguda de las abejas (ABPV) y el virus de la parálisis crónica (CBPV), y dos parásitos, Nosema ceranae y Lotmaria passim. Todos ellos aparecieron en las abejas melíferas, mientras que en las abejas silvestres solo se detectaron Nosema ceranae y el virus DWV. Además, las variantes del DWV halladas diferían entre ambos grupos: la variante A predominó en las abejas silvestres y la B en las melíferas.

A primera vista, el resultado podría parecer tranquilizador: las comunidades de patógenos están claramente separadas entre las abejas domésticas y las silvestres. Sin embargo, esa separación podría no mantenerse a medida que avance el retroceso glaciar.

Competencia por los recursos florales

La explicación está en las flores, ya que las abejas melíferas y las silvestres no utilizan exactamente los mismos recursos. Según una nota de prensa, el estudio halló que las primeras se concentraban especialmente en unas pocas especies vegetales, algunas de ellas visitadas con mucha menos frecuencia por las abejas silvestres. De las 37 especies de plantas en las que se observaron abejas, 26 fueron visitadas exclusivamente por abejas silvestres. Este reparto reduce los encuentros indirectos entre ambos grupos y, potencialmente, las oportunidades de transmisión de patógenos.

El problema es que el paisaje cambia con el glaciar. Cuando el hielo retrocede, las plantas pioneras colonizan primero el terreno recién descubierto. Con el paso del tiempo, la composición vegetal se transforma: algunas especies ganan presencia y otras, que pueden ofrecer recursos florales importantes para los polinizadores, disminuyen. Esa modificación puede hacer que las distintas especies de abejas dependan cada vez más de las mismas flores.

Glaciar del Mont Miné y la marca de su frente en 2016.

Glaciar del Mont Miné y la marca de su frente en 2016. / Crédito: Gianalberto Losapio / Unil.

Retirada del glaciar y dinámica de los patógenos

Las flores, en este escenario, pueden convertirse en puntos de encuentro invisibles. Una abeja infectada puede depositar partículas infecciosas sobre una flor y otra puede recogerlas posteriormente. Si aumenta el número de especies que comparten esos recursos, también puede aumentar la posibilidad de que los patógenos salten de una comunidad de abejas a otra.

Los datos del estudio ofrecen además una pista sobre esta posible evolución. La abundancia del virus DWV estuvo relacionada con la fase de retirada del glaciar y fue mayor en las etapas más antiguas. En otras palabras, el avance de la sucesión ecológica no fue neutral para la dinámica de los patógenos.

Los autores destacan que se trata de un estudio de caso y que sus resultados no permiten afirmar que el retroceso de los glaciares vaya a provocar necesariamente un aumento generalizado de las enfermedades entre las abejas. La investigación se realizó en un único frente glaciar y los científicos ya piensan en nuevos estudios en otros lugares y con distintas densidades de abejas, para comprobar si el patrón se repite.

Referencia

Unshared on the top: strong segregation of pathogen communities between western honey bees and wild bees in a retreating glacier foreland. Andrea Ferrari et al. Oikos (2026). DOI:https://doi.org/10.1002/oik.12516

Una amenaza ambiental que podría ser grave

La importancia del hallazgo va más allá de las propias abejas: los polinizadores sostienen buena parte de la reproducción de las plantas silvestres y desempeñan un papel esencial en numerosos sistemas agrícolas. El retroceso glaciar, por lo tanto, no consiste únicamente en la desaparición de una masa de hielo: desencadena una cadena de transformaciones ecológicas que puede modificar quién comparte las flores, qué recursos están disponibles y cómo circulan los patógenos.

El estudio muestra así una consecuencia menos visible del cambio climático: al cambiar el paisaje, también pueden cambiar las redes de contacto que mantienen unidos a los organismos. Y en el caso de las abejas, esas transformaciones podrían convertir una separación natural frente a las enfermedades en una frontera cada vez más difusa.

Fuente: Levante - EMV