Ciencias planetarias
El Niño 2026: el Pacífico se prepara para un calentamiento sin precedentes que puede alterar el clima global
Los modelos apuntan a un episodio excepcional, con efectos globales que podrían impactar el próximo invierno en España y Europa

Recreación artísitica de Infraestructuras y viviendas devastadas por una riada extrema en el litoral mediterráneo, atrapada por montañas y alimentada por tormentas persistentes. / IA/T21

El Niño ya está activo en el Pacífico ecuatorial y los últimos pronósticos elevan la alerta: existe una probabilidad del 63% de que alcance una intensidad “muy fuerte” entre noviembre de 2026 y enero de 2027, situándose entre los mayores episodios observados desde que hay registros fiables. NOAA mantiene el aviso oficial de El Niño y anticipa que se reforzará durante el otoño boreal. El hecho comprobado: el océano Pacífico se está calentando con rapidez y puede alterar la circulación atmosférica en un planeta que ya parte de temperaturas récord, advierte la Organización Meteorológica Mundial.
Un fenómeno que puede batir marcas
El Niño es la fase cálida de un sistema natural conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur). Se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico tropical central y oriental se calientan más de lo habitual y los vientos, las lluvias y la circulación atmosférica cambian a escala planetaria.
La NOAA estima que el evento actual seguirá ganando fuerza hasta final de año y da un 63% de probabilidad a que sea “muy fuerte” durante el invierno del hemisferio norte. Por su parte, los experimentos de predicción del Geophysical Fluid Dynamics Laboratory de NOAA apuntan a un máximo a finales de otoño o comienzos de invierno y sitúan todos los miembros de su conjunto de simulaciones en niveles comparables a los grandes El Niño del último siglo.
La hipótesis más llamativa procede de un análisis de 14 sistemas internacionales de predicción estacional y 667 simulaciones: su resultado medio sitúa el máximo del calentamiento en la región Niño 3.4 (zona clave del Pacífico ecuatorial central) cerca de 3,6 grados Celsius por encima de su referencia histórica. Sería aproximadamente un grado más que el récord previo en esa métrica, según el análisis divulgado por Yale Climate Connections.
Por qué importa fuera del Pacífico
El Niño reorganiza la maquinaria tropical de lluvias y modifica las corrientes en chorro, los grandes ríos de aire de la alta atmósfera. De ahí que un cambio de temperatura en una franja concreta del Pacífico pueda alterar los patrones de precipitación y temperatura a miles de kilómetros de distancia.
La Organización Meteorológica Mundial advierte que un episodio fuerte puede agravar las sequías, los episodios de lluvia intensa, las olas de calor terrestres y marinas y otros fenómenos extremos. Sus proyecciones, publicadas en mayo, estimaban un 80% de probabilidad de El Niño entre junio y agosto de 2026, con probabilidades cercanas o superiores al 90% de que continuase hasta al menos noviembre.
Las consecuencias no serán idénticas en todos los lugares. El patrón más consistente apunta a menos lluvias en Indonesia y otras zonas del sudeste asiático, un riesgo que puede favorecer incendios forestales y estrés hídrico; también puede debilitar el monzón de India. En sentido contrario, algunas áreas de la costa occidental de Sudamérica y del sur de Estados Unidos tienden a registrar lluvias más abundantes, aunque el resultado final depende de otros factores atmosféricos.

En esta figura destacan algunos aspectos. Primero, ningún evento en siglo y medio de observaciones ha superado significativamente los 2,75 °C. Segundo, el 80 % central del conjunto de pronósticos de este año se sitúa completamente en o por encima de ese récord histórico: incluso el extremo inferior de la nube (2,8 °C) lo roza. / T21/Adaptación del original de Zeke Hausfather.
Calor global: el combustible añadido
Un El Niño intenso no “crea” por sí solo el calentamiento global, pero puede amplificarlo temporalmente. Al liberar hacia la atmósfera calor acumulado en el océano, suele elevar la temperatura media mundial durante los meses posteriores a su maduración.
Esta vez el contexto es distinto al de los grandes episodios del pasado: océanos y atmósfera han seguido calentándose por las emisiones de gases de efecto invernadero. Eso eleva el nivel desde el que actúa El Niño y aumenta la posibilidad de récords globales de temperatura entre finales de 2026 y 2027.
Al mismo tiempo, un clima más cálido no garantiza que se repitan exactamente los mapas de impactos conocidos. La investigación científica indica que el patrón de calentamiento de los océanos puede modificar las teleconexiones (las conexiones atmosféricas a distancia) asociadas a El Niño. Un estudio publicado en el Journal of Climate concluyó en 2014 que esos cambios de fondo pueden alterar e incluso debilitar algunas respuestas regionales históricas.
¿Y España? Precaución y prudencia
Para España, hablar ya de un invierno turbulento sería prematuro. El Niño influye con más claridad en los trópicos y en algunas regiones de América, mientras que su señal sobre Europa occidental resulta más variable y puede quedar enmascarada por otros engranajes del clima, como la Oscilación del Atlántico Norte, el patrón que empuja las borrascas atlánticas hacia el norte o hacia el sur de Europa.
Un El Niño fuerte puede contribuir a cambiar la circulación planetaria y, por tanto, las condiciones de partida de la temporada fría. Pero no permite afirmar hoy que España vaya a tener un invierno más seco, más lluvioso, más cálido o frío: esas previsiones solo ganarán fiabilidad cuando se acerque el otoño y los servicios meteorológicos actualicen sus modelos estacionales.
El Centro Europeo de Predicción Meteorológica a Plazo Medio subrayaba en primavera que había un consenso sólido sobre el desarrollo de El Niño, pero no unanimidad sobre su magnitud exacta. Esa advertencia sigue siendo esencial: que los modelos coincidan es una señal relevante, no una garantía de ocurrencia.
La clave: prepararse con sensatez
Pero lo cierto es que el riesgo se está acumulando. Si el Pacífico confirma el escenario que dibujan los modelos, gobiernos, sistemas sanitarios, agricultores, gestores del agua y servicios de protección civil dispondrán de meses para anticipar impactos previsibles: calor más peligroso, presión sobre cultivos, sequías en unas regiones y lluvias torrenciales en otras.
El Niño no decide el tiempo de cada día. Lo que sí puede hacer es inclinar la balanza de una temporada entera, y este año esa balanza podría estar moviéndose con una fuerza inédita hacia no sabemos muy bien dónde, aunque seguro que es un escenario complicado e inédito.
Fuente: Levante - EMV
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