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Neurobiología

Descubren cómo funciona la risa en el cerebro: el doble circuito neuronal al descubierto

Mientras que la risa involuntaria se basa en vías de señalización evolutivamente antiguas, la risa consciente se genera en regiones similares a las del lenguaje

Una buena carcajada está cerca de las conductas de juego observadas en otros mamíferos.

Una buena carcajada está cerca de las conductas de juego observadas en otros mamíferos. / Pixabay.

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EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21

EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21

Madrid
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Reír parece una de las actividades más simples y naturales que existen. Sin embargo, detrás de una carcajada se esconde una maquinaria cerebral sorprendentemente compleja. El problema hasta ahora ha sido demostrarlo: resulta difícil provocar emociones auténticas dentro de un laboratorio, y aún más complicado observar en tiempo real qué sucede en el cerebro cuando una persona ríe a carcajadas.

Esta situación ha comenzado a cambiar gracias a técnicas clínicas que emplean electrodos intracraneales, capaces de registrar y estimular regiones cerebrales concretas con una precisión sin precedentes. Estas herramientas han permitido a los investigadores observar relaciones causales directas entre determinadas áreas cerebrales y las distintas formas de la risa, según un nuevo estudio publicado en la revista Trends in Neurosciences.

Un descubrimiento que divide la risa en dos

La principal conclusión de los autores de este estudio es que la risa no responde a un único mecanismo biológico: las evidencias acústicas, perceptuales y neurológicas muestran que existe una diferencia clara entre la risa espontánea, impulsada por una emoción real, y la risa voluntaria, utilizada conscientemente en situaciones sociales cotidianas.

Aunque para quien escucha ambas pueden parecer similares, el cerebro las genera mediante circuitos distintos.

La risa espontánea: un vestigio de nuestra historia evolutiva

Cuando una carcajada surge sin esfuerzo ni planificación, entra en funcionamiento una red ancestral conocida como sistema cíngulo-temporal. Esta vía involucra estructuras profundas relacionadas con la emoción y el comportamiento afectivo, entre ellas la corteza cingulada anterior pregenual, el polo temporal y el hipotálamo.

Los investigadores describen este sistema como una especie de mecanismo de activación emocional que coordina la expresión vocal con cambios reales en nuestro estado interno: la risa espontánea modifica procesos fisiológicos, favorece la liberación de neurotransmisores asociados al bienestar y contribuye a reforzar los vínculos sociales. De hecho, algunos estudios anteriores ya habían sugerido que la risa compartida aumenta la tolerancia al dolor y fortalece la cohesión entre individuos.

Desde una perspectiva evolutiva, esta conclusión resulta especialmente interesante: una carcajada sincera parece estar más cerca de las conductas de juego observadas en otros mamíferos que de las sofisticadas interacciones sociales humanas.

La ciencia descubre que el cerebro utiliza dos circuitos distintos para reír: uno emocional e instintivo, otro social y voluntario. Una pista clave para entender cómo pensamos, sentimos y nos relacionamos.

El cerebro utiliza dos circuitos distintos para reír: uno emocional e instintivo, otro social y voluntario. Una pista clave para entender cómo pensamos, sentimos y nos relacionamos. / IA/T21

La risa voluntaria: una herramienta de comunicación

La situación cambia, sin embargo, cuando reímos deliberadamente. Esa sonrisa que acompaña una conversación, suaviza una discrepancia o expresa cortesía, depende de otro circuito cerebral: el sistema lateral motor-opercular.

A diferencia de la red emocional profunda, este sistema comparte recursos neuronales con los mecanismos que utilizamos para hablar. Por eso requiere un control mucho más preciso de la respiración, la laringe y los músculos implicados en la vocalización.

Lo relevante aquí es que la risa deja de ser únicamente una emoción para convertirse también en una forma de comunicación.

En otras palabras, el cerebro utiliza la risa como una herramienta social. Sirve para mostrar cooperación, reducir tensiones, generar cercanía o señalar que compartimos un mismo contexto emocional.

Implicaciones para la neurología y la psiquiatría

Comprender esta separación funcional tiene consecuencias que van mucho más allá de la curiosidad científica.

Las alteraciones de la risa aparecen en numerosos trastornos neurológicos y psiquiátricos. Entre ellos destacan las convulsiones gelásticas, episodios epilépticos caracterizados por ataques repentinos de risa que no guardan relación con una experiencia subjetiva de alegría.

El hallazgo también ayuda a comprender mejor determinados perfiles neurodivergentes. En personas dentro del espectro autista, por ejemplo, la capacidad para experimentar una risa espontánea suele permanecer intacta, mientras que los mecanismos implicados en la integración social de la risa pueden presentar diferencias funcionales.

Estas observaciones podrían contribuir en el futuro al desarrollo de herramientas diagnósticas y terapéuticas más precisas.

Referencia

The neural basis of laughter. Caruana F., Scott S. Trends in Neurosciences, 2026. DOI:10.1016/j.tins.2026.05.002

La "piedra Rosetta" de la neurobiología

Los autores del estudio consideran que la risa podría convertirse en una auténtica "piedra Rosetta" de la neurociencia.

Al igual que la famosa estela egipcia permitió a los lingüistas descifrar jeroglíficos comparándolos con idiomas conocidos, el estudio de la risa permite a los científicos "traducir" y conectar procesos cerebrales que parecían operar de forma aislada: emoción, lenguaje, interacción social, dolor y comportamiento. Pocas conductas humanas reúnen tantos procesos en un solo acto.

Comprender cómo alterna el cerebro entre una carcajada involuntaria y una risa social cuidadosamente modulada, no solo ayuda a explicar un comportamiento cotidiano, sino que también proporciona una ventana privilegiada para entender cómo surgieron algunas de las capacidades cognitivas que nos definen como especie.

Dicho de otro modo, la investigación ayuda a explicar por qué la risa desempeña un papel tan relevante en fenómenos tan distintos como la cohesión social, el lenguaje y determinados trastornos neurológicos.

Fuente: Levante - EMV