Arqueología
¡Ötzi vive! El microbioma de una momia de 5.300 años sigue vivo
Un estudio revela que en el cuerpo del Hombre de Hielo persisten comunidades microbianas antiguas, levaduras adaptadas al frío y rastros del microbioma original

La momia se conserva en una cámara de refrigeración a una temperatura constante de -6°C y una humedad relativa del 99%. / Crédito: South Tyrol Museum of Archaeology/Eurac Research/Marion Lafogler.
Más de 5.300 años después de su muerte, Ötzi sigue ofreciendo pistas sobre la vida en la Edad del Cobre: una investigación revela que el microbioma de la momia hallada en los Alpes conserva restos de microbios ancestrales, especies llegadas después desde el glaciar y levaduras capaces de sobrevivir en condiciones extremas.
Una nueva investigación sobre Ötzi, la célebre momia hallada en los Alpes de Ötztal en 1991, sugiere que su historia biológica no terminó hace 5.300 años. Lejos de ser un resto inmóvil, el cuerpo del llamado “Hombre de Hielo” alberga un ecosistema microbiano complejo en el que conviven microorganismos ancestrales, colonizadores más recientes y especies adaptadas al frío que podrían seguir vivas bajo las condiciones actuales de conservación.
El estudio publicado en la revista Microbiome y liderado por Eurac Research deja ver que el equipo científico analizó una combinación amplia de muestras: hielo de la superficie de la momia, agua de deshielo del interior, hisopados de distintas zonas del cuerpo, contenidos estomacales, tejidos internos y también un suelo conservado desde el hallazgo original.
Microbios intestinales y levaduras adaptadas al frío
Con ese enfoque, los investigadores lograron separar, al menos en parte, qué microbios pertenecían al ecosistema original del cuerpo, cuáles llegaron después desde el glaciar y cuáles fueron introducidos por la conservación moderna. De acuerdo a una nota de prensa, la conclusión principal es que Ötzi no conserva un solo microbioma, sino una sucesión de comunidades microbianas superpuestas en el tiempo.
Entre los hallazgos más llamativos aparece la persistencia de material genético del microbioma intestinal original. Según los autores, el intestino y el contenido estomacal aún guardan rastros de la flora asociada al individuo en vida, con similitudes con microbiomas humanos antiguos y poco parecidos a los de poblaciones industrializadas actuales. Esa ventana al pasado resulta valiosa, porque permite observar cómo vivían y se relacionaban con sus microbios los primeros europeos de la Edad del Cobre.
Pero quizás el punto más sorprendente son las levaduras adaptadas al frío. El estudio identificó cuatro cepas de hongos fríos (Glaciozyma, Mrakia, Phenoliferia y Goffeauzyma) recuperadas de la piel, el agua interna y otras muestras de la momia. Su parentesco con microorganismos de regiones como la Antártida y el Ártico sugiere un origen glaciar.

Colonias de levadura tomadas de una muestra del estómago de Ötzi. / Crédito: Eurac Research | Andrea De Giovanni.
Fermentaciones a baja temperatura, procesos industriales y hasta pan
Algunas de esas células muestran un ADN muy degradado, pero otras conservan un material genético mejor preservado, lo que apunta a que podrían seguir existiendo bajo las condiciones de almacenamiento actuales, a unos -6 °C y con alta humedad, quizás en estado latente o con metabolismo muy lento.
La investigación también sugiere que parte de la microbiota actual podría haber sido favorecida por tratamientos aplicados tras el descubrimiento de Ötzi, como el uso de fenol para frenar el crecimiento fúngico. Los científicos detectaron capacidad genética para degradar ese compuesto en varios microorganismos, lo que sugiere que la química de conservación pudo actuar como presión selectiva sobre la comunidad microbiana.
Referencia
The Iceman’s microbiome: unveiling millennia of microbial diversity and continuity. Mohamed S. Sarhan et al. Microbiome (2026). DOI:https://doi.org/10.1186/s40168-026-02417-6
De esta manera, el método para preservar la momia también habría contribuido a moldear su microbioma. Incluso, las levaduras de Ötzi podrían tener aplicaciones prácticas, desde fermentaciones a baja temperatura hasta procesos industriales más eficientes desde el punto de vista energético.
"Intentamos hacer una masa madre con las levaduras. Al principio no se adaptó al entorno de la harina, pero luego continuamos durante un período más largo y refrescamos la mezcla aproximadamente cada dos semanas, para que la levadura pudiera adaptarse lentamente. Al final, obtuvimos una masa completamente normal que subió en 24 horas, muy similar al pan convencional", indicó en el comunicado el microbiólogo Mohamed Sarhan, uno de los autores del estudio.
Fuente: Levante - EMV
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