Genética / Antropología
El olfato humano evolucionó con la dieta y el estilo de vida: genética y cultura actuaron en conjunto
Una investigación en poblaciones indígenas de Malasia sugiere que la caza, la recolección y la agricultura influyeron en los genes del olfato

Un análisis genético revela que los receptores del olor evolucionaron de manera distinta según la dieta y el entorno. / Crédito: Pixabay/CC0 Public Domain.
Desde la capacidad de detectar el olor del suelo húmedo hasta el que identifica a la fruta madura, el sistema olfativo humano ha evolucionado a lo largo de miles de años en respuesta a cómo vive la gente y qué come, según un nuevo estudio genético.
El sentido del olfato humano no habría evolucionado de forma aislada, sino condicionado por la alimentación y la forma de vida. Una investigación publicada en la revista Cell Reports apunta a que cultura, entorno y biología avanzaron juntos en la evolución del olfato humano.
Durante mucho tiempo se sostuvo que el ser humano fue perdiendo parte de su capacidad olfativa a medida que dependió menos del olor para sobrevivir. Sin embargo, el nuevo estudio genético liderado por investigadores de la Universidad de Fudan, en China, sugiere una historia más compleja: el sentido del olfato humano habría evolucionado en estrecha relación con la alimentación, el entorno y las formas de vida.
El olfato y los cambios culturales
La investigación analizó poblaciones indígenas de Malasia, para concluir que los genes olfativos también fueron moldeados por grandes cambios culturales, como el paso de la caza y recolección a la agricultura. De acuerdo a una nota de prensa, el trabajo se centró en los Orang Asli, un conjunto de pueblos con estilos de vida tradicionales muy distintos.
Los científicos estudiaron a 50 personas de tres grupos: los Negritos, cazadores-recolectores; los Senoi, vinculados en gran medida a la agricultura rotativa; y los Proto-Malay, mayoritariamente agricultores tradicionales. A partir de ese análisis compararon la diversidad de los genes receptores del olfato entre los distintos modos de vida y con datos genómicos de otras poblaciones del mundo.
El indicio más llamativo apareció entre los Negritos. Según el estudio, este grupo conservó mejor sus genes olfativos y acumuló menos mutaciones dañinas que suelen perjudicar la función de los receptores de olor. En otras palabras, habría existido una presión evolutiva para mantener un olfato funcional en un contexto donde detectar frutas, plantas comestibles o presas podía ser decisivo para sobrevivir en la selva.
Los resultados fueron diferentes entre los grupos más ligados a la agricultura. En esas poblaciones, los investigadores observaron más cambios en los genes olfativos, sugiriendo que algunos receptores no solo participan en la percepción de olores, sino también en otras funciones corporales.
Una evolución compleja y multicausal
Un ejemplo clave fue el gen OR12D3, cuya variante en el grupo Jakun, un subgrupo de los Proto-Malay, se diferencia de la hallada en otros Orang Asli. Estudios previos lo habían relacionado con el metabolismo de la insulina, pero el equipo de investigación plantea que esa peculiaridad podría estar vinculada a una dieta más rica en carbohidratos.
Referencia
Gene-culture coevolution shapes olfactory receptor gene diversity in Orang Asli populations. Yueyang Ma et al. Cell Reports (2026). DOI:https://doi.org/10.1016/j.celrep.2026.117181
En líneas generales, el nuevo estudio propone una idea de fondo: el olfato humano no solo se adapta a los olores del entorno, sino también a la manera en que las sociedades obtienen y consumen alimentos.
Los autores sostienen que esta es la primera demostración genética clara de la relación entre olfato y forma de vida, y que cultura, ambiente y biología evolucionaron juntos. No se ha perdido el olfato, sino que esa capacidad siguió siendo relevante y se reconfiguró según las necesidades de cada población.
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