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Paleogenética

Los mosquitos desarrollaron el gusto por la sangre humana hace casi 2 millones de años

Un estudio genético muestra que la preferencia por los humanos surgió en el sudeste asiático tras la llegada de los primeros homínidos

Un análisis de ADN revela cuándo y dónde surgió el comportamiento que hoy favorece la transmisión de la malaria.

Un análisis de ADN revela cuándo y dónde surgió el comportamiento que hoy favorece la transmisión de la malaria. / Crédito: National Institute of Allergy and Infectious Diseases en Unsplash.

Pablo Javier Piacente / T21

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La preferencia de algunos mosquitos, incluidos aquellos que transmiten malaria, por alimentarse de sangre humana puede haber evolucionado en respuesta a la llegada de los primeros homínidos al sudeste asiático, hace alrededor de 1,8 millones de años.

Un nuevo estudio publicado en la revista Scientific Reports indica que la atracción de algunos mosquitos por la sangre humana no es reciente: comenzó hace entre 1,6 y 2,9 millones de años. El análisis genético sugiere que la aparición de homínidos en Asia impulsó un cambio evolutivo, que hoy influye en la transmisión de enfermedades como la malaria.

Hace alrededor de 2 millones de años, los ancestros de algunos mosquitos desarrollaron una predilección por la sangre humana que alteró su papel en la historia de las enfermedades. Esa es la conclusión central de una investigación internacional que reúne a científicos de universidades e institutos de Estados Unidos, Reino Unido, Malasia, Tailandia, India y Australia.

La evolución favoreció mutaciones en los receptores olfativos de los mosquitos

Según una nota de prensa, la investigación reconstruye la historia evolutiva de mosquitos del grupo Leucosphyrus, con un impacto importante en la actualidad en la transmisión de la malaria en el sudeste asiático. El equipo científico analizó secuencias de ADN de 38 ejemplares pertenecientes a 11 especies del grupo Leucosphyrus, obtenidos entre 1992 y 2020.

Mediante modelos computacionales y estimaciones de tasas de mutación, los autores infirieron que la preferencia por alimentarse con sangre humana apareció una sola vez en esa línea evolutiva, en algún momento entre hace 2,9 y 1,6 millones de años, en una región denominada Sundaland, que incluía a la península Malaya, Borneo, Sumatra y Java.

Los resultados se relacionan con la probable llegada de homínidos, en particular poblaciones ligadas a Homo erectus, al sudeste asiático alrededor de 1,8 millones de años atrás. Esa coincidencia temporal llevó a los investigadores a proponer que la aparición de homínidos pudo haber ofrecido una nueva y abundante fuente de sangre, creando una presión selectiva que favoreció mutaciones en los receptores olfativos y gustativos de los mosquitos, para acercarse al olor humano.

Cambios genéticos que atraen a los mosquitos y alternativas para reducir la transmisión de enfermedades

Vale recordar que únicamente un pequeño número de las más de 3.500 especies de mosquitos prefieren alimentarse de sangre humana: esa conducta es clave para convertir a un insecto en un vector eficiente de patógenos que afectan a las poblaciones humanas.

Referencia

Early hominin arrival in Southeast Asia triggered the evolution of major human malaria vectors. Upasana Shyamsunder et al. Scientific Reports (2026). DOI:https://doi.org/10.1038/s41598-026-35456-y

Cambios en genes que regulan la detección de compuestos presentes en la piel humana pueden explicar por qué algunos linajes, como Leucosphyrus, terminaron volcándose hacia los seres humanos como fuente de alimento. Los autores subrayan que sus hallazgos ofrecen una línea de evidencia no arqueológica para la presencia humana antigua en Sundaland, un área con un registro fósil fragmentario de homínidos. Es decir, la firma genética dejada en los mosquitos complementa y amplía aquello que se conoce por restos óseos y artefactos.

Al mismo tiempo, comprender cuándo y cómo surgió la predilección por la sangre humana ayuda a identificar los mecanismos moleculares que podrían ser blanco de nuevas estrategias de control vectorial. Si la atracción por el olor humano depende de cambios específicos en receptores sensoriales, esos receptores podrían convertirse en alternativas para repelentes más efectivos o para intervenciones genéticas que reduzcan la transmisión.