Gerociencia
Un estudio revela las huellas moleculares que distinguen a los centenarios del envejecimiento ordinario
Llegar a los cien años no es un accidente, sino el resultado de décadas de equilibrios mantenidos gracias a la eficiencia celular y la reducción de radicales libres

Los científicos compararon la sangre de centenarios con la de octogenarios y, posteriormente, con la de adultos de entre 30 y 60 años. / © SWISS100/Jos Schmid

Un estudio publicado en Aging Cell acaba de identificar en la sangre de los centenarios las huellas moleculares concretas que distinguen el envejecimiento excepcional del ordinario.
Hay personas que llegan a los cien años sin haber padecido diabetes, sin un diagnóstico de cáncer, sin deterioro cognitivo significativo. La biología molecular empieza a ofrecer respuestas concretas sobre qué ocurre en el interior de esas personas que el tiempo parece tratar de otro modo.
Un estudio publicado en la revista Aging Cell por investigadores de la Universidad de Ginebra y la Universidad de Lausana ha analizado las proteínas que circulan en la sangre de 39 centenarios suizos y las comparó con las de personas de mediana edad y con pacientes geriátricos hospitalizados de entre 80 y 90 años.
El trabajo, enmarcado en el proyecto SWISS100 —el primer estudio suizo de gran escala dedicado específicamente a los centenarios—, midió 720 proteínas distintas en muestras de plasma sanguíneo, incluyendo marcadores inflamatorios y cardiovasculares. De todas ellas, 583 presentaron diferencias de expresión significativas entre los tres grupos estudiados. Pero el hallazgo más llamativo fue otro: 37 proteínas mostraban en los centenarios un perfil muy similar al de los adultos jóvenes, de 30 a 60 años, y claramente distinto del que presentan los octogenarios. Apenas eran un 5% del total analizado, pero un 5% que señala con precisión algunos de los mecanismos que podrían explicar por qué ciertas personas envejecen de forma excepcional.
Las 5 claves del estudio
- Una firma molecular propia. Los centenarios conservan 37 proteínas en sangre con niveles propios de adultos jóvenes, ausentes en octogenarios.
- Mitocondrias más eficientes. Producen menos radicales libres, por lo que necesitan menos defensas antioxidantes (no al revés).
- Inflamación controlada. Proteínas del inflammaging como la interleucina 1 alfa aparecen significativamente más bajas que en pacientes geriátricos.
- Metabolismo glucídico más afinado. La proteína DPP-4 favorece el equilibrio de insulina sin sobrecargar el sistema pancreático.
- El envejecimiento no es lineal. La mayoría de proteínas asociadas a la edad siguen trayectorias no lineales; los centenarios representan una categoría biológica que no encaja en los parámetros habituales.
Referencia
Plasma Proteome Profiling of Centenarians Across Switzerland Reveals Key Youth-Associated Proteins. Delhaes F. et al. Aging Cell, 2026. DOI: 10.1111/acel.70409
Estrés oxidativo, la clave
El resultado más determinante tiene que ver con el estrés oxidativo. Las células producen radicales libres como subproducto natural de sus procesos metabólicos, y cuando se acumulan en exceso dañan proteínas, membranas y el propio ADN, acelerando el envejecimiento. En las personas mayores, el organismo compensa esa acumulación fabricando más proteínas antioxidantes.
Pero los centenarios del estudio muestran niveles más bajos de esas proteínas defensivas, lo que a primera vista parece una paradoja. La explicación, según los autores, es la contraria: los centenarios no necesitan tanta defensa porque producen menos radicales libres desde el principio. Su maquinaria celular, y en particular sus mitocondrias, funciona con mayor eficiencia y genera menos residuos tóxicos.
Otras proteínas identificadas apuntan a la inflamación crónica de bajo nivel, conocida en la literatura científica como inflammaging, un proceso que se considera uno de los principales aceleradores del envejecimiento patológico. La interleucina 1 alfa, una proteína con un papel central en la activación de respuestas inflamatorias, aparece en niveles significativamente más bajos en los centenarios que en los pacientes geriátricos. También se observaron diferencias relevantes en proteínas que regulan la matriz extracelular, esa estructura de soporte que rodea las células y que tiende a degradarse con la edad, comprometiendo la integridad de tejidos y órganos.
Mecanismo paradójico
Un tercer hallazgo destaca por sus implicaciones metabólicas. La proteína DPP-4, que degrada el GLP-1 (la hormona que estimula la secreción de insulina y que hoy es la base farmacológica de medicamentos ampliamente usados contra la diabetes y la obesidad) se mantiene bien preservada en los centenarios. Esto contribuye a un equilibrio glucémico sin necesidad de producir grandes cantidades de insulina, lo que protege contra el hiperinsulinismo y el síndrome metabólico. En palabras del investigador principal Flavien Delhaes, es un mecanismo aparentemente paradójico: el metabolismo de los centenarios no es más intenso, sino más afinado.
Desde el punto de vista metodológico, el estudio aplicó un análisis proteómico basado en tecnología de ensayo por extensión de proximidad, que permite medir con precisión la concentración de cientos de proteínas en una sola muestra. Además, los investigadores identificaron que la mayoría de las proteínas no siguen trayectorias lineales a lo largo de la vida, sino patrones no lineales: algunas se disparan de forma exponencial, otras se estabilizan o incluso revierten su tendencia al cruzar el umbral de los cien años. Eso indica que los biomarcadores del envejecimiento no pueden interpretarse del mismo modo en todas las edades, y que los centenarios representan, biológicamente, una categoría propia.
Acumulación de factores
Los autores son cautelosos sobre las implicaciones clínicas inmediatas. El componente genético de la longevidad explica solo alrededor del 25% de la variabilidad observada, lo que deja un margen amplio para factores que sí pueden modificarse. La dieta, el ejercicio físico y los vínculos sociales aparecen en sus conclusiones no como recomendaciones genéricas, sino como variables con efectos moleculares demostrables: una pieza de fruta por la mañana reduce el estrés oxidativo en sangre a lo largo del día; mantener actividad física preserva la matriz extracelular en un estado más joven; controlar el peso protege el metabolismo glucídico.
Lo que la sangre de los centenarios sugiere es que llegar sano a los cien años no es un accidente biológico aislado, sino el resultado acumulado de décadas de equilibrios bien mantenidos.
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