Ciencia y sociedad
¿Tres consciencias en una? Un modelo evolutivo replantea el misterio de la mente
La consciencia no sería un evento mágico restringido a nuestro córtex, sino una compleja alarma evolutiva desplegada en tres actos

Ilustración conceptual de un cerebro evolutivo con tres capas de consciencia sobre un fondo cósmico. / IA/T21

La consciencia sería un continuo biológico y funcional que distingue tres fenómenos básicos y sus papeles adaptativos: activación básica, alerta general y autoconsciencia reflexiva. Esta propuesta abre una puerta a debates sobre derechos animales, inteligencia artificial y modelos de mente no humanos.
La consciencia no sería un bloque indiferenciado, homogéneo, igual en todos los seres y circunstancias, sino un continuo biológico que la evolución habría desplegado, capa a capa, formando una arquitectura compleja en la que no sólo la sofisticación del córtex cuenta, sino donde las profundidades más antiguas del cerebro animal habrían dejado una huella ineludible en nuestra experiencia consciente, según una nueva teoría, llamada ALARM theory of consciousness, desarrollada por Albert Newen y Carlos Montemayor y publicada en la revista Philosophical Transactions of the Royal Society B.
Frente a la tendencia dominante en la ciencia de la mente, que centra la reflexión sobre la consciencia en modelos computacionales estrictamente corticales —casi siempre humanos—, la propuesta ALARM invita a detenernos en la historia evolutiva del sentir consciente. El resultado es un modelo funcional que distingue tres fenómenos básicos y sus papeles adaptativos: activación básica, alerta general y autoconsciencia reflexiva.
Datos clave de esta investigación
- Hallazgo principal: La consciencia no es única ni exclusivamente humana o cortical; se compone de tres fenómenos evolutivos diferenciados: activación básica (subcortical), alerta general (cortical) y autoconsciencia reflexiva.
- Metodología: Revisión y contraste de hallazgos neurológicos y filosóficos, proponiendo una clasificación funcional y evolutiva de los tipos de consciencia y sus funciones adaptativas a partir de datos comparados en animales y humanos.
- Resultado destacado: Identificación de la activación básica como forma más primitiva, responsable de respuestas inmediatas y aprendizaje de un solo ensayo, desafiando teorías centradas en el córtex cerebral como único sustrato.
- Aportación conceptual: Plantea que la autoconsciencia reflexiva no es una forma aparte, sino una atención general aplicada sobre contenidos referidos al propio sujeto, integrando así los tres niveles en un continuo funcional.
- Implicación interdisciplinar: Abre la vía a debates éticos sobre derechos animales, inspira nuevas aproximaciones para la conciencia artificial en IA y desafía a las teorías dominantes de la neurociencia tradicional.
- Próximo paso: Ampliar la exploración experimental con animales no humanos y sistemas artificiales, así como repensar el alcance de la consciencia en seres vivos con sistemas nerviosos menos complejos.
Referencia
Three types of phenomenal consciousness and their functional roles: unfolding the ALARM theory of consciousness. Albert Newen and Carlos Montemayor. Philosophical Transactions of the Royal Society B, 13 November 2025, DOI:https://doi.org/10.1098/rstb.2024.0314
Consciencia biológica
La primera, la activación básica (basic arousal), reside en lo más profundo y antiguo del sistema nervioso. No necesita lenguajes, ni razonamiento, ni tampoco una corteza desarrollada. Su función es radicalmente biológica: desencadenar alarmas cuando la vida está en riesgo, activar el dolor, el miedo o el asco ante amenazas inmediatas y, sobre todo, forjar aprendizajes decisivos con una sola experiencia. Es la consciencia animal por excelencia, inmediata, corporal, orientada a la supervivencia pura y dura. La investigación actual revela que esta forma de sentir —presentada en mamíferos, aves, e incluso reptiles y peces— depende de sistemas subcorticales: la consciencia no “nace” con el cerebro humano moderno, sino que lo precede.
Voz de alerta
La segunda capa, la alerta general (general alertness), es el escenario donde emerge la atención, la memoria flexible y el repertorio de respuestas adaptativas. Aquí sí entra en juego la corteza cerebral, pero el propósito evolutivo cambia: se trata de anticipar y planificar, de construir modelos complejos del entorno y tomar decisiones ajustadas a las circunstancias.
Esta consciencia atencional permite el aprendizaje acumulativo, la toma de decisiones flexible y la adaptación cultural. Es la base de la inteligencia que atribuimos a muchos vertebrados y que en el ser humano se potencia al máximo.
Consciencia refleja
La tercera dimensión, la autoconsciencia reflexiva (reflexive self-consciousness), no es otra consciencia aparte, sino una aplicación especializada de la alerta general. Se activa cuando el foco atencional se dirige hacia uno mismo, permitiendo la metacognición, la planificación a largo plazo, la construcción de la identidad personal y la atribución de mente a los otros. Este fenómeno, lejos de ser exclusivo del Homo sapiens, se observa —aunque de forma elemental— en otras especies sociales capaces de reconocerse o prever conductas ajenas.
Nueva mirada
Este triángulo teórico resulta relevante porque desafía las interpretaciones predominantes centradas en la “ventana cortical humana” como único escenario de la experiencia consciente. Sus implicaciones no son sólo filosóficas: reconocer la base evolutiva y funcional de estas capas de consciencia ayuda a explicar los gradientes de sentir y saber que existen en la naturaleza y, al mismo tiempo, abre una puerta a debates sobre derechos animales, inteligencia artificial y modelos de mente no humanos.
La ALARM theory, por tanto, nos enfrenta a los prejuicios implícitos en la ciencia de la mente y a la necesidad de pensar la consciencia como un continuo biológico y funcional, no como un evento mágico restringido a nuestro córtex. En este sentido, la teoría dialoga con avances recientes en neurociencia comparada y bioética (bien documentados en el artículo) y nos emplaza a revisar nuestras certezas sobre qué, quién y cómo siente la naturaleza.
Este marco puede influir no sólo en el estudio de la mente y su origen, sino también en la reflexión sobre los sistemas artificiales, modelados hoy con crecientes aspiraciones adaptativas y sensibles.
Estos autores sugieren que la consciencia no sería un milagro, sino una compleja alarma evolutiva desplegada en tres actos, cada uno de ellos tan fascinante e inquietante como la propia evolución.
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