Neurociencias / Ciencia y Sociedad
La actividad cerebral llega a extremos inesperados en los aficionados al fútbol
Se ha registrado una mayor actividad en regiones cerebrales relacionadas con la recompensa y el estrés

¿Qué pasa en el cerebro de un fanático del fútbol? / Crédito: manzke-freigeist en Pixabay.
Los investigadores descubrieron en un estudio que ciertas regiones y circuitos del cerebro se activaban al ver partidos de fútbol en los que participaba el equipo favorito de los voluntarios, desencadenando emociones y comportamientos positivos y negativos de carácter extremo. Los científicos dicen que estos patrones también podrían aplicarse a otros tipos de fanatismo y que los circuitos se forjan en etapas tempranas de la vida.
Un estudio publicado en la revista Radiology y liderado por el científico chileno Francisco Zamorano, de la Universidad San Sebastián de Santiago de Chile, muestra que la actividad neuronal de los seguidores del fútbol puede llegar a extremos inesperados cuando su equipo se enfrenta a un rival histórico o en las últimas instancias de torneos de importancia. Los hallazgos son de gran importancia, considerando que el fútbol es un fenómeno global, con especial incidencia en España, Europa y Sudamérica.
La investigación se centró en el análisis, mediante resonancia magnética funcional (fMRI), de la respuesta cerebral de 60 hombres sanos de entre 20 y 45 años de edad, aficionados de dos clubes con tradición de rivalidad. Los participantes vieron 63 secuencias de goles, tanto de su equipo favorito como del rival, y también de un equipo neutral. Al mismo tiempo, respondieron a un cuestionario que medía el grado o escala de fanatismo, de acuerdo a una nota de prensa.
Una “montaña rusa” emocional y de química cerebral
Los hallazgos dejaron en claro que cuando el equipo del aficionado marcaba contra el rival, se activaban de manera intensa los circuitos de recompensa cerebral. En cambio, cuando su equipo era derrotado por ese mismo rival, se producía una “supresión paradójica” del córtex cingulado anterior dorsal (dACC), una región clave para el autocontrol. En otras palabras, la emoción toma el mando cuando gana el equipo propio, y el control se debilita cuando pierde. Dicha oscilación es más marcada cuanto más elevado es el nivel de fanatismo del espectador, según desvela el estudio.
Además de describir la “montaña rusa emocional” que vive el fanático, los autores sugieren que estos mecanismos cerebrales, o sea la recompensa elevada y el control reducido cuando la identidad de grupo se ve amenazada, no se limitan al deporte: podrían extenderse a ámbitos como la política, los conflictos sectarios y la polarización social.
El propio Zamorano advierte en el comunicado que estos circuitos se “forjan desde la infancia”: la calidad de la crianza, el estrés y el aprendizaje social moldean el equilibrio entre valoración y control, que luego puede hacer a una persona más vulnerable a estas emociones extremas. “Clínicamente, este patrón implica una vulnerabilidad dependiente del estado, por lo cual un breve período de calma o la eliminación de los desencadenantes podría permitir que el sistema de control se recupere. Es probable que la misma firma neuronal se generalice más allá del deporte y se observe también en otros conflictos”, concluyó el especialista.
Referencia
Spectrum of Engagement in Football Fans: A Functional Neuroimaging Study. Francisco Zamorano et al. Radiology (2025). DOI:https://doi.org/10.1148/radiol.242595
Gestión de multitudes
Sin dudas, saber que en décimas de segundo el “cerebro futbolístico” o del fanático en general puede pasar de euforia a vulnerabilidad al estallido emocional permite diseñar estrategias para la gestión de multitudes, creando entornos que contemplen la dimensión cerebral del espectáculo. Esto resulta vital en países europeos y sudamericanos, de los cuales España es un ejemplo claro, en los cuales el fútbol se vive con especial intensidad.
Las imágenes cerebrales incluidas muestran mapas de activación que diferencian claramente victorias de derrotas frente a un clásico rival o al competir contra otros equipos. En consecuencia, el estudio indica que no es solo verde, azul, rojo, blanco o amarillo en una camiseta: también es dopamina, circuitos de control y una identidad cerebral que se activa con cada competencia deportiva que se inicia.
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