Antropología

La forma del cerebro humano casi no se modificó en los últimos 160.000 años

Los cambios en el cráneo se deberían a variantes en la estructura facial, pero no en el cerebro

La forma del cerebro humano casi no se modificó en los últimos 160.000 años

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Pablo Javier Piacente

Una nueva investigación sostiene que los cambios en la forma de la caja craneana durante la evolución humana se relacionaron con alteraciones en la cara, en lugar de modificaciones en el cerebro. De esta manera, la forma del cerebro como estructura independiente casi no habría cambiado en los últimos 160.000 años.

Científicos de la Universidad de Zúrich, en Suiza, concluyen en un nuevo estudio publicado recientemente en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), que la transformación física del cráneo humano en los últimos 160.000 años fue impulsada por alteraciones en la cara, causadas por cambios en la dieta y el estilo de vida. En consecuencia, la transformación no se habría originado por la evolución del cerebro como se pensaba anteriormente, en base a teorías aún vigentes y aceptadas. 

Al parecer, el análisis de fósiles de humanos antiguos y su comparación con la anatomía actual sugiere que los cambios en la forma de la caja craneana se han producido por variantes en la estructura maxilofacial, que se habrían desarrollado a partir de modificaciones en la función masticatoria y respiratoria. A su vez, estos cambios tendrían su origen en nuevos hábitos alimenticios y comportamientos socioculturales, que se fueron adquiriendo con el paso del tiempo.

Resultados concluyentes

El equipo de investigadores, liderado por Christoph Zollikofer, restauró digitalmente los cráneos de 50 homínidos recuperados en Etiopía e Israel, incluyendo especímenes de Homo sapiens, Homo erectus y Neanderthales. Posteriormente, los modelos 3D de los fósiles se compararon con 125 especímenes humanos modernos. De acuerdo a un artículo publicado en New Scientist, la comparación de las cajas cerebrales de los humanos a lo largo de la historia permite aislar por primera vez el papel del cerebro en la evolución del cráneo.

La gran sorpresa llegó cuando los científicos comprobaron que aunque el tamaño y las proporciones de los cráneos de los niños Homo sapiens de hace 160.000 años eran comparables a las registradas en los niños de hoy, los adultos antiguos mostraban notables diferencias con sus semejantes modernos, como por ejemplo rostros mucho más largos y rasgos más pronunciados. 

Este dato cobra trascendencia cuando entendemos que mientras los rostros humanos continúan creciendo hasta los 20 años, el cerebro en cambio alcanza alrededor del 95 por ciento de su tamaño adulto a los 6 años de edad.

De esta manera, la conclusión es lógica: si los fósiles de los niños de hace 160.000 años, con cerebros casi completamente desarrollados, se parecen en su estructura craneal a los niños de la actualidad, en tanto que los fósiles de adultos mostraban cráneos muy diferentes a los contemporáneos, es fácil descartar que los cerebros hayan cambiado significativamente de forma. En consecuencia, si no fue el cerebro el que impulsó los cambios en el cráneo, deben existir otras causas que hayan motivado estas modificaciones. 

Cambios alimenticios y de hábitos

En el estudio, los científicos concluyen que los resultados sugieren que la forma peculiar de los primeros cráneos de los adultos Homo sapiens probablemente se originó en diferencias en la dieta y el estilo de vida, en lugar de una anatomía cerebral diferente.

Todo indicaría que modificaciones en la alimentación o una menor necesidad de oxígeno podrían haber sido los responsables. Los rostros de los humanos modernos son mucho más pequeños y sutiles que los de sus antepasados: el cambio se habría acelerado cuando los cazadores-recolectores se transformaron en agricultores hace unos 12.000 años, comenzando a comer alimentos más blandos, y generando una menor carga sobre el cráneo al masticar.

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Aunque esta hipótesis aún debe ser verificada y contrastada, los hallazgos marcan un nuevo papel del cerebro en comparación al resto de la estructura craneal, cuando hasta el momento se pensaba que la evolución de ambos era indisoluble. Al mismo tiempo, dejan en claro que la dieta y el estilo de vida poseen un impacto transformador a largo plazo cuya impronta y profundidad recién estamos descubriendo.  

Referencia

Endocranial ontogeny and evolution in early Homo sapiens: The evidence from Herto, Ethiopia. Christoph P. E. Zollikofer et al. PNAS (2022). DOI:https://doi.org/10.1073/pnas.2123553119