Neurociencias

Un ingreso extra en la familia cambia el cerebro de los bebés

Los recién nacidos captan el cambio y se adaptan, mejorando su rendimiento cognitivo

Un ingreso extra en la familia cambia el cerebro de los bebés
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Redacción T21

Un experimento histórico ha confirmado que ayudar a una familia en apuros económicos moldea el cerebro de sus bebés y potencia las capacidades cognitivas y emocionales del recién nacido.

Ayudar económicamente a una familia en apuros ayuda a moldear el cerebro de sus bebés, según una amplio estudio histórico desarrollado en Estados Unidos.

Aunque se sabe que existe una relación entre los ingresos familiares y el desarrollo infantil, es la primera vez que se constata experimentalmente cómo la pobreza afecta a los más pequeños.

El estudio se centra en el primer año de un recién nacido y en evaluar cómo la reducción de la pobreza familiar puede afectar al desarrollo cognitivo de los más pequeños.

Concebido en 2012 e Iniciado en 2018, el estudio analizó la situación de mil madres de bajos ingresos de Estados Unidos poco después de haber dado a luz.

Aleatoriamente, le fue asignada a cada madre una tarjeta bancaria con la que podían disponer cada mes de una cantidad de dinero que oscilaba entre los 333 dólares y los 20 dólares.

Evidencias

Las familias destinatarias de esos ingresos extraordinarios no necesitan justificar dónde se lo gastan, ni tampoco asumen compromiso alguno para su reembolso.

Debido a la pandemia, solo se pudo estudiar la situación de 435 bebés, de los mil que participaron en el experimento, a los cuales se les midió la actividad eléctrica del cerebro en una serie de sesiones desarrolladas en sus hogares.

A pesar de esta limitación, para los investigadores quedó meridianamente claro que el apoyo económico a las madres de bajos ingresos puede cambiar la actividad cerebral del recién nacido durante el primer año de vida, señalan en un comunicado.

Los investigadores apreciaron que los hijos de las madres que habían recibido más dinero mostraban una actividad cerebral mayor que la de los hijos de las familias que habían recibido menos dinero.

La diferencia importa para el desarrollo cerebral de los recién nacidos a lo largo del primer año de vida, aunque en la actualidad el estudio continuará aportando ingresos a las familias hasta que los pequeños alcancen los cuatro años de edad.

Adaptación

Luego se verán los resultados a más largo plazo, si bien los investigadores advierten que las mediciones de la actividad cerebral pueden cambiar en las fases posteriores del estudio.

Los investigadores aclaran que su descubrimiento no significa que los hijos de madres económicamente menos estresadas por el dinero tengan mejores cerebros que los demás niños del experimento.

Lo que más bien refleja este estudio es que el hecho de asegurar a una familia más de 300 dólares al mes cambia las circunstancias familiares y que los cerebros de los recién nacidos no solo perciben ese ambiente, sino que además se adaptan a esos cambios.

Los investigadores no han podido determinar qué circunstancias concretas de la familia han desencadenado la mayor actividad cerebral de los recién nacidos, aunque están investigando si esa reacción cognitiva tiene relación con los gastos del hogar, el comportamiento de los padres, las relaciones familiares o la situación de estrés ambiental.

Más adelante

Los investigadores destacan que será necesaria más investigación para ver si estos cambios en la actividad cerebral son perdurables, o si influyen en un mejor desarrollo cognitivo a medida que los niños crecen, aunque suponen que ese mayor rendimiento se podrá medir más adelante.

Estudios anteriores han podido apreciar que una intensa actividad cerebral en los recién nacidos es más frecuente si forman parte de una familia con mejores ingresos.

Estas diferencias se aprecian posteriormente en mejores rendimientos en el lenguaje, la cognición y en los comportamientos socioemocionales, aunque no está claro que sea siempre así.

La pobreza se ha asociado en el pasado con diferencias en el desarrollo cerebral de los niños. Sin embargo, hasta ahora, no se había podido establecer que la pobreza en sí causa diferencias en el desarrollo infantil, o si crecer en la pobreza simplemente está asociado con otros factores que causan esas diferencias.

Mejores políticas

Esta es la incógnita que ha despejado la nueva investigación y sus autores confían en que sus resultados permitan diseñar mejores políticas para abordar la pobreza.

"Tradicionalmente, los debates sobre las políticas de transferencia de ingresos dirigidas a familias de bajos ingresos en los Estados Unidos se han centrado en la oferta de mano de obra materna en lugar del bienestar infantil", escriben los autores en su artículo, publicado en PNAS.

"Nuestros hallazgos subrayan la importancia de cambiar este enfoque para centrar más la atención en si las políticas de transferencia de ingresos promueven el desarrollo de los niños", concluyen.

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El estudio, dirigido por la neurocientífica Kimberly Noble, de la Universidad de Columbia, es el resultado de una colaboración interdisciplinar entre neurociencia, economía, psicología y política social en la que también han participado la Universidad de Wisconsin, Madison; la Escuela de Políticas Públicas de Sanford en Duke; la Universidad de California, Irvine; la Universidad de Nueva York y la Universidad de Maryland.

Referencia

The impact of a poverty reduction intervention on infant brain activity. Sonya V. Troller-Renfree et al. PNAS February 1, 2022 119 (5) e2115649119. DOI:https://doi.org/10.1073/pnas.2115649119