Ciencias de la Tierra

El volcán de Tonga liberó 50 millones de toneladas de vapor que podrían calentar aún más a la Tierra

También desencadenó una extraña onda atmosférica que ha eludido la detección de los especialistas durante los últimos 85 años

El volcán de Tonga liberó 50 millones de toneladas de vapor que podrían calentar aún más a la Tierra
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Pablo Javier Piacente

La descomunal erupción ocurrida hace ocho meses arrojó la asombrosa cantidad de 50 millones de toneladas de vapor de agua a la atmósfera, además de grandes cantidades de cenizas y gases volcánicos. La inyección masiva de vapor aumentó la cantidad de humedad en la estratosfera global en aproximadamente un 5%: esto podría desencadenar un ciclo de enfriamiento estratosférico y calentamiento de la superficie, con efectos que se mantendrían durante los próximos meses.

La erupción del volcán submarino Hunga Tonga–Hunga Haʻapai en el Pacífico Sur a principios de este año fue probablemente la más poderosa que el mundo haya experimentado desde la famosa erupción de 1883 en Krakatoa, Indonesia. Ahora, un nuevo estudio publicado recientemente en la revista Science sostiene que el evento inyectó 50 millones de toneladas métricas de vapor de agua directamente en la estratosfera, generando cambios que podrían provocar un mayor calentamiento de la superficie terrestre.

De acuerdo a una nota de prensa de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia (AAAS), los hallazgos sugieren que este evento probablemente haya iniciado una respuesta atmosférica diferente a la provocada por otras grandes erupciones volcánicas anteriores. Se sabe que las grandes erupciones volcánicas pueden expulsar cantidades significativas de gases, cenizas y otras partículas a la atmósfera, influyendo en la química y la dinámica de la estratosfera durante varios años después de la erupción. 

Un comportamiento diferente

Sin embargo, no se considera que las erupciones volcánicas sean una fuente importante de vapor de agua estratosférico. Incluso, las erupciones más grandes del siglo pasado solo han resultado en inyecciones menores de vapor de agua. Por el contrario, los gases que contienen azufre son habitualmente los más abundantes que se inyectan en la estratosfera a partir de estos eventos: pueden provocar una disminución de la temperatura del clima global y una destrucción acelerada del ozono. 

Al parecer, el volcán de Tonga mostró una dinámica completamente diferente: empleando mediciones in situ, el grupo de científicos liderado por Holger Vömel descubrió que este evento inyectó una cantidad masiva de vapor de agua directamente en la estratosfera, incrementando potencialmente el vapor de agua estratosférico en al menos un 5% en promedio global. 

Los impactos atmosféricos de este evento sin precedentes siguen siendo inciertos, pero los investigadores sugieren que las mayores cantidades de vapor de agua podrían contribuir al enfriamiento estratosférico global y al calentamiento de la superficie de la Tierra en los próximos meses, con consecuencias que podrían mantenerse por más tiempo con respecto a otros fenómenos similares. 

Extrañas ondas atmosféricas

Por otro lado, una investigación realizada en la Universidad de Hawái en Manoa comprobó que la erupción en Tonga desencadenó una onda atmosférica inusual, que ha eludido la detección de los especialistas durante los últimos 85 años. El estudio, publicado recientemente en la revista Journal of the Atmospheric Sciences, se basó en datos de observación y simulaciones por ordenador para descubrir la existencia de ondas Pekeris durante el evento: se trata de extrañas ondas atmosféricas teorizadas en 1937, pero que nunca se habían demostrado en la naturaleza hasta hoy.

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Las ondas observadas a gran velocidad después de la erupción de Krakatoa, a principios del siglo XX, generaron que el científico inglés Horace Lamb desarrollara una teoría física para este tipo de fenómenos, que actualmente se conocen como ondas Lamb. Sin embargo, en 1937 el matemático y geofísico Chaim Pekeris amplió el tratamiento teórico de Lamb y concluyó que también debería ser posible una solución de segunda onda, con una velocidad horizontal más lenta

Pekeris buscó evidencias de estas ondas más lentas en las observaciones de la presión después de la erupción de Krakatoa, pero no logró presentar un caso convincente. Según una nota de prensa, los autores de la nueva investigación concluyeron que los pulsos simulados y observados por ordenador en toda la cuenca del Pacífico muestran que el frente de onda más lento se podía ver en regiones amplias durante el evento de Tonga, y que sus propiedades coincidían con las predichas por Pekeris hace casi un siglo.