Entrevista YOTELE
Carlos García Miranda: "Sonsoles Ónega tiene una empatía absoluta y eso es único"
El guionista, escritor y colaborador de televisión nos presenta 'Lobos feroces', su nuevo trabajo literario inspirado en un caso real.

Carlos García Miranda presenta 'Lobos feroces' / Atresmedia

Carlos García Miranda da un paso más en su trayectoria literaria con 'Lobos feroces', una novela con la que se adentra en un thriller más adulto sin renunciar a los temas que han marcado buena parte de su obra. El escritor y guionista parte del caso real del llamado niño Pedrín para construir una ficción cargada de misterio, mitos y desapariciones, al tiempo que sigue inmerso en varios de los proyectos televisivos más comentados del momento, como 'FOQ: Nueva generación', 'Los protegidos' o su faceta como colaborador en 'Y ahora Sonsoles'.
YOTELE. 'Lobos feroces' supone un salto al thriller más adulto. ¿Tenías desde hace tiempo la necesidad de entrar en ese territorio o te apetecía explorar esta historia esta historia concretamente?
CARLOS GARCÍA MIRANDA. A mí me encanta el juvenil y lo he disfrutado mucho en todas las historias que he hecho en literatura, pero es cierto que llevaba tiempo queriendo dar el salto al adulto, porque me permite explorar otro tipo de tramas como la que tenía en esta historia.
No me imaginaba a unos chavales investigando qué ocurre con el niño Pedrín. Aquí mandaba más el germen de la historia, ese documental que hice hace años, y mandaba más la historia que fue el origen de la construcción posterior de la novela. Y esa historia requería unos protagonistas más adultos.
Dicho esto, es verdad que están los protagonistas, que son un profesor universitario y una casi graduada en la Escuela de Policía, pero aun así todavía hay un entorno medio académico alrededor. Porque está la Escuela Nacional de Policía y la universidad, aunque sea con profesores y con graduados. Todavía hay algo ahí de lo que me cuesta despegarme.
YOTELE. No te separas del género juvenil del todo todavía.
CARLOS GARCÍA MIRANDA. Yo tengo que poner una clase al final. Pero sí, sobre todo es que la historia requería de unos protagonistas más adultos, de un entorno más adulto y de una escritura que abriera esa horquilla a un público también más adulto.
YOTELE. La historia parte de un documental. ¿Cómo llegaste a ese caso?
CARLOS GARCÍA MIRANDA. Esto fue hace unos veinte años aproximadamente. Tengo 46, así que debería de tener veintipocos, 23, 24 o 25 años. Un día, por casualidad, fui a El Escorial con una amiga que tenía otra amiga allí y, paseando, me contó la historia de un niño que había desaparecido en El Escorial. Había una cruz en el monte Abantos y una historia de espíritus y fantasmas: la gente que subía al monte por la noche decía que aparecía el espíritu del niño y se vengaba porque lo habían matado.
Aquella historia del niño Pedrín me la guardé y, unos años después, me puse a investigarla para hacer un corto de ficción cuando estudiaba Comunicación. Tenía una asignatura en la que había que hacer un guion de ficción y yo quería hacer un primer corto. Me puse a escribir un guion de terror utilizando esa historia de fantasmas de El Escorial.
Pero al documentarme descubrí la realidad de lo que había ocurrido: que había sido un niño que había desaparecido en 1892, a finales del siglo XIX, que se había perdido en el monasterio de El Escorial, que lo habían visto entrar, pero nadie lo había visto salir. Y que en aquella historia se acusó a un vecino del Escorial, al que los textos de la época llamaban casi “el tonto del pueblo”, un hombre violento que había sido acusado de otras agresiones.
En aquel momento fue juzgado como culpable, pero el pueblo señalaba a los frailes del monasterio. Entonces empecé a investigar, a tirar de ese hilo, y llegué a la conclusión de que aquella historia, que ocultaba un crimen bastante truculento, se había convertido en una historia de fantasmas, que era la que a mí me había llegado.
Básicamente, la creación de los mitos y las leyendas se puede resumir así: verdades duras acaban convertidas en historias de fantasmas. Es más fácil para el pueblo asumir una historia de fantasmas que una posible historia de crimen y pederastia ocurrida en los alrededores del monasterio.
YOTELE. ¿Te interesaba más el misterio del caso en sí o lo que dice de una comunidad y de cómo se construyen ese tipo de leyendas?
CARLOS GARCÍA MIRANDA. He tratado de mezclarlo todo. He intentado darle un peso de investigación, de thriller típico, de resolver un caso y de poner a unos protagonistas en peligro por ese caso, pero al mismo tiempo también trabajar toda esa realidad documentada de construcción de los mitos y de cómo preferimos quedarnos con medias verdades antes que con verdades completas.
Reconozco que en esta novela lo he pasado mejor en el proceso de documentación que en el de escritura. Enterándome de todo esto, de lo que había pasado, explorando por qué de pronto en la sentencia de aquel juicio se acaba condenando al Chato, por qué en ningún momento se investiga qué ocurre dentro del monasterio, en el que hay tres mil ventanas, donde nadie ve nada, el niño desaparece allí el día de Navidad y nadie sabe nada. En ningún momento se pide explicación a los frailes. Es curioso.
YOTELE. ¿Qué punto de ficción y qué punto de realidad has querido poner en la novela?
CARLOS GARCÍA MIRANDA. En realidad está todo bañado en ficción. En El Escorial ocurrió ese caso real, pero luego no ha habido más. Yo he inventado unas cuantas desapariciones más de menores en la Sierra de Guadarrama, relacionándolas con ese caso, como si los verdaderos responsables de aquel caso se hubieran mantenido a lo largo de los siglos. Todo eso ya es ficción.
Y, en realidad, lo que le ocurrió al niño Pedrín también es ficción, porque la verdad no se llegó a saber. Hay una verdad jurídica, que no sé si es la verdad real. Entonces, bueno, tiene una inspiración en un true crime, una parte potente de documentación y mucho de ficción.
YOTELE. Cuando escribes, viniendo tanto de la tele, ¿la forma de construir la novela es televisiva? ¿Piensas en una posible adaptación o escribes de otra manera?
CARLOS GARCÍA MIRANDA. Creo que al final estoy muy contaminado por la televisión, el cine y el guion. Por cómo funcionan las secuencias cortas, el ritmo acelerado, casi tres actos muy marcados, dos puntos de giro… Es una fórmula que tengo totalmente interiorizada.
También creo que la literatura, sobre todo la americana, debe mucho ya a ese formato más cercano al guion. Está todo muy mezclado. Ya no sé qué parte es de la literatura y qué parte es de las series o de las películas.
Yo trabajo de una manera parecida: en lugar de una escaleta por secuencias, hago una escaleta por capítulos. Trato de que cada capítulo tenga una extensión similar, casi como si fueran secuencias. Me pongo un número de páginas límite para no perderme y ponerme a escribir. Lo hago de una manera bastante poco romántica, mucho más metódica que otra cosa.
YOTELE. ¿Y ves una posible adaptación de 'Lobos feroces'?
CARLOS GARCÍA MIRANDA. Si la quieren hacer, que me llamen. Pero reconozco que, así como con 'El club de los lectores criminales' la escribí pensando en “quiero que adapten una de mis novelas”, esto es algo que ya he conseguido y me gusta mucho.
La novela tiene entidad en sí misma: es una historia, le pones unas tapas y listo, ya está hecha y no hace falta más. Creo que esta historia tiene entidad por sí misma, sin necesidad de que exista adaptación. Pero encantadísimo de que exista, por supuesto.
YOTELE. Dejando de lado 'Lobos feroces', ahora empezáis con la segunda temporada de 'FOQ: Nueva generación'. ¿Cómo se presenta?
CARLOS GARCÍA MIRANDA. Todavía nos falta tiempo para contar fechas, pero se presenta continuando su éxito, repitiendo todo lo que funciona y añadiendo cosas nuevas que harán que funcione mejor.
Lo dijimos un poco cuando se anunció la renovación: vamos a ampliar ese mundo para contar nuevas historias y para seguir viviendo esta nueva generación, que tiene algo muy característico, y es ese tono feel good, de buen rollo, que la ha convertido en personajes muy atractivos y ha hecho que sus historias lleguen a una nueva generación de público, no solo de actores, sino también de espectadores.
YOTELE. ¿Vamos a ver más guiños a la original o ya os apartáis completamente de aquella 'Física o química' de 2008?
CARLOS GARCÍA MIRANDA. Eso no te lo puedo contar. Tenéis que esperar a que arranquemos. Pero digamos que a mí la nostalgia siempre me gusta y es parte de mi marca en las cosas que hago y en las que escribo.
YOTELE. También te has puesto al frente de las nuevas temporadas de 'Los protegidos'. Con 'Un nuevo poder' parece que ya se han tocado muchos palos que se dejaron abiertos en la serie original. ¿La serie ha llegado a su final o aún hay más que contar de los Castillo?
CARLOS GARCÍA MIRANDA. No lo sé. La cadena es la que lo decide. Desde luego, desde el lado creativo siempre hay más historias que contar, porque con 'Los protegidos' tenemos unos personajes muy buenos, y al final de eso viven las historias. Las historias pueden ser infinitas cuando esos personajes funcionan de verdad.
En 'Los protegidos' hay tramas eternas que siempre funcionan. A veces consiste en cambiarles el envoltorio. En 'Un nuevo poder', por ejemplo, le pusimos el envoltorio de la Navidad y la serie parecía nueva. En 'ADN' los llevamos a esa escuela de poderes y de nuevo parecía otra cosa. Pero al final hay algo que une todas esas temporadas.
Fíjate que tienen como nombre propio cada una de ellas. Yo me empeño en que se vea que son distintas. Pero al final son los mismos personajes, solo que con nueva ropa, por decirlo así. Y eso hace que no se agote.
YOTELE. Más allá del guion, empezaste también a colaborar en 'Y ahora Sonsoles'. ¿Cómo surge esa aventura de dar el salto a la tele como colaborador?
CARLOS GARCÍA MIRANDA. Yo tampoco lo sé muy bien. Pasó porque conocí a una persona que trabajaba en el programa hace dos veranos. Querían probar gente nueva y esa persona me conocía desde hacía muchos años, sobre todo por las columnas de opinión que escribía, y se empeñó en que fuera.
Yo respondí con muchas dudas. Pensé: “¿Pero dónde voy yo si esto no lo he hecho nunca?”. Me dijo: “Sí, hombre, vente una tarde y lo pruebas”. Lo dejé ahí y al poco me llamaron diciendo: “Vienes esta tarde”. Me senté y descubrí que me lo pasaba muy bien y que me gustaba mucho.
Eso fue hace casi dos años, en verano, y es algo totalmente distinto a todo lo que hago. No tiene nada que ver el ritmo de un programa en directo. Me ha enseñado muchas cosas. Era algo que de verdad no sabía hacer. No es que en la escritura de guiones o en la producción ejecutiva ya lo sepa todo, porque me quedan muchísimas cosas por aprender, pero esto sí que fue algo completamente nuevo.
Y encima empecé con la mejor que hay en la televisión, que es Sonsoles Ónega, de la que he aprendido muchísimo. Para mí es como una bocanada de aire dentro del resto de mi semana. Voy a 'Y ahora Sonsoles' y durante ese rato me olvido totalmente de la novela, de si tengo este actor o no en una serie. Entro en algo totalmente distinto, que me divierte mucho y me enseña.
YOTELE. Vemos a veces esos piques cómicos con Sonsoles. ¿Cómo es tu relación con ella?
CARLOS GARCÍA MIRANDA. Estupenda. Es verdad que esos piques existen, porque yo puedo ser bastante insoportable, sobre todo en un plató. Doy mucha guerra. Allí me siento y callado no me quedo.
Pero la relación es estupenda. He aprendido muchísimo con ella. De verdad que la manera en la que maneja el programa, los tiempos, el plató… Y sobre todo ella tiene algo que yo creo que se tiene o no se tiene: una empatía absoluta con las historias que cuenta y con los invitados que van, y eso es único. Y luego, además, es muy divertida. Esos piques son, sobre todo, diversión.
YOTELE. ¿Qué pasos te gustaría seguir dando en el audiovisual? ¿Hay algo que te apetezca hacer y que todavía no hayas hecho?
CARLOS GARCÍA MIRANDA. He dirigido, pero no en ninguna de las series en las que he sido showrunner. Y esa es una de las cosas que tengo en el horizonte.
YOTELE. Para terminar, ¿por qué debe la gente leer 'Lobos feroces'?
CARLOS GARCÍA MIRANDA. Porque es una historia que no está contada, o que probablemente no se ha contado de forma verídica. No digo que yo lo haga, pero sí trato de resolver un misterio cuya resolución hasta ahora probablemente, si preguntáramos a los familiares del niño Pedrín —si estuvieran vivos después de tanto tiempo—, no sé si les dejaría satisfechos.
Además, es una historia llena de interrogantes que, como lector, tratas de resolver. Y eso siempre es de lo más estimulante.
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