Estrenos de series
El regreso de 'Fallout', el fenómeno de Prime Video sobre el posapocalipsis más chalado y más real
Hablamos con la 'showrunner' Geneva Robertson-Dworet y estrellas de la serie como Walton Goggins y Justin Theroux sobre la esperada segunda temporada, que llega al ‘streamer’ este miércoles a las 3.00 de la madrugada

Ella Purnell en la segunda temporada de Fallout. / Lorenzo Sisti

Que una serie o película se basen en un videojuego ya ha dejado de preocuparnos: al caer ese material de base en manos de gente que lo entiende y entiende también lo que se necesita extirpar o sumar, han llegado productos exitosos a todos los niveles, que se sostienen sobre sí mismos e interesan incluso al público nada gamer.
Ahí queda el ejemplo de ‘Fallout’ (Prime Video, segunda temporada desde el miércoles, día 17), adaptación a serie de la saga de videojuegos de rol tácticos sobre un mundo posapocalíptico donde matas o mueres. Producida por los creadores de ‘Westworld’, con su primera temporada convenció a la crítica, recibió 16 nominaciones a los Emmy (incluyendo la de mejor serie dramática) y fue vista por 65 millones de espectadores en sus dos primeras semanas.
Prime Video sabe que tiene un fenómeno entre manos y quiere hacerlo crecer todavía más si cabe; de ahí que su segunda temporada vaya a estrenarse no de una tacada, como la primera, sino a razón de capítulo por semana, una forma más eficaz y duradera de instalarse en la conversación cultural. En el primer episodio veremos a la heroína Lucy MacLean (Ella Purnell) y al fantástico antihéroe El Necrófago (Walton Goggins) retomar la búsqueda del padre de la primera, que al final de la anterior temporada se reveló como agente de Vault-Tec, la corporación que construyó los refugios antinucleares para el gobierno y que tenía planes para experimentos inhumanos con sus moradores.
Hank huyó con servoarmadura hacia New Vegas, escenario de una icónica entrega de la saga de videojuegos. “Al tener que adentrarnos en ese territorio, estudiamos ese juego tan clásico”, nos explica la guionista Geneva Robertson-Dworet (‘Capitana Marvel’), cocreadora y coshowrunner de la serie con Graham Wagner (‘Portlandia’, ‘The offfice’). “Intentamos ser tan fieles como fuera posible, pero, a la vez, debíamos redefinir todo, ya que esta temporada se desarrolla quince años después de lo sucedido en aquel juego. No sería creíble que en el mundo de ‘Fallout’, eternamente en guerra, todo se hubiera mantenido intacto durante este tiempo. Podremos ver a algunas facciones cambiadas o alteradas, a robots que ya no funcionan como antes… Y no, no son errores, sino claras necesidades narrativas”.
La fisicidad de todo
En la primera temporada, el productor Jonathan Nolan introdujo un sano interés por rodar de forma práctica y no virtual todo cuanto fuera posible. Es decir, debían usarse muñecos de verdad para las criaturas. O prescindir de dioramas sintéticos para apostar por decorados reales a cargo del diseñador de producción Howard Cummings, ganador de premios Emmy por ‘Detrás del candelabro’ y ‘The Knick’. “Queríamos tomar toda esa belleza física y hacer una versión aún más grande”, dice Robertson-Dworet sobre la nueva temporada. “Espero que los fans sepan apreciarlo cuando vean los capítulos. De hecho, viajamos por toda California, de las montañas a los desiertos, para rodar estos episodios”.
La fisicidad de la producción sirve a los actores para imaginarse más fácilmente en ese mundo. Nos lo explica Aaron Moten, el actor que da vida a Maximus, ambicioso escudero de la Hermandad del Acero, organización paramilitar tecno-religiosa que, al menos en teoría, vela por la seguridad del Yermo, la tierra irradiada de la superficie. “He trabajado en proyectos donde tenemos detrás una pantalla verde o azul. Y es algo que no dispara la imaginación. Recuerdo estar filmando las primeras secuencias de la Hermandad en Utah, en la antigua base aérea de Wendover, y lo mucho que me ayudó pasar tiempo en los barracones, mirar los pósters que Cummings había puesto en las paredes, saber qué es lo primero que mi personaje ve al despertar cada mañana… Lo que buscas es vivir esta situación extraordinaria como lo haría una persona real”.
Goggins & Theroux
El carismático secundario Walton Goggins está teniendo uno de los años de su vida: tras pasar por ‘The White Lotus’ como el escurridizo buscavidas Rick Hatchett, vuelve a deslumbrar en ‘Fallout’ haciendo de no uno, sino dos personajes, se podría decir: es Cooper Howard, antigua y afable estrella del wéstern, y el Necrófago, el cínico mutante cazarrecompensas en que acabó convertido. “Desde luego, era estimulante la idea de interpretar a la misma persona en dos encarnaciones separadas por 200 años y una guerra nuclear”, dice el actor. “Pensar en ambos mundos, y hacerlos tan específicos, tan reales como fuera posible. Las circunstancias en las que se mueven los personajes son más grandes que la vida, pero ellos debían parecer gente como nosotros”, remata como haciendo eco de las palabras de Moten.
Justin Theroux consiguió en parte gracias a Goggins el papel de Robert House, el visionario empresario que ayudó a Las Vegas a sobrevivir al desastre nuclear. Es un multimillonario excéntrico al estilo de Howard Hughes, “del que me encantaba mirar esas fotos que tiene sentado en la cabina de su hidroavión”, dice Theroux. “Pero el facsímil es más de ciertos multimillonarios de ahora”.
Es curioso que estos dos amigos no hubiesen colaborado hasta ahora, dado su mutuo interés por los proyectos de género crudos, virulentos; también por la comedia sobre hombres demasiado pagados de sí mismos. “Desafío a cualquiera a que me diga una mala interpretación de Walton Goggins”, dice el antiguo colaborador de David Lynch. “Y me da igual si es un puto anuncio de McDonald’s o lo que sea. Este tío es realmente bueno. Después lo conoces y ves que realmente es buen tío. Luego trabajas con él y, claro, es todo lo que esperas”. Para devolverle el amor, Goggins recuerda la memorable labor de Theroux en ‘The Leftovers’ como Kevin Garvey, aquel jefe de policía que intentaba dar imagen de compostura en un mundo cambiado (o mejor dicho, vaciado) y en mitad de una lucha interna con fuerzas oscuras. “Yo no podría haber abordado ese personaje como él. Me llegué a deprimir pensando en eso. Pero tampoco sentía celos o envidia, solo profunda admiración y respeto”.
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