Televisión y Mas
Gracias, Alsina

Atresmedia / Vídeo: El periódico

Lo pienso en frío y no estaba en mi imaginario dedicarle un artículo a un profesional que ha sido noticia en los últimos días tan sólo, tan sólo, porque modifica su aparición durante el programa que dirigía, porque en el fondo es eso.
Porque Carlos Alsina ni deja Onda Cero, ni mucho menos deja la radio, cosa que sus seguidores no le perdonaríamos, sino que tan sólo empieza algo más tarde, apartándose de la primera línea de la actualidad con el arranque de la nueva temporada, a partir de finales de agosto. Sí, finales de agosto. Esa parte del año en la que más de la mitad de la población está de vacaciones y que en los últimos años los directivos de las emisoras de radio han entrado en un pánico absurdo para arrancar la programación post-veraniega ahí, justo a finales de agosto, como si fuera la llave maestra de la temporada, juntando presencialmente a sustitutos y titulares, pese a que no se realizan encuestas para el EGM, que por cierto también hace vacaciones. Pero les da lo mismo. Como siempre, siempre hay alguien que empieza y otras radios que le siguen. Bueno, por suerte no todas. Pero nunca lo entenderé.
Así que tras las vacaciones, nos quedamos sin Alsina y sin su media sonrisa, sus preguntas y, lo que suelen ser mejor, sus repreguntas; sus gafas puestas en la punta de la nariz y realizando esa mirada triple: al guión, al invitado y al técnico. Alsina mejorará su calidad de vida y, aunque esté a partir de las 10, tengo la certeza que los oyentes escucharemos otro programa.
Cuando nos abandona un referente los oyentes padecemos un extraño desasosiego temporal que implica no escuchar la voz amiga que nos acompaña y que se acaba transformando en una imprescindible guía personal. Cuesta que nuestra voz guía se marche y todavía más confiar en otra de confianza. Nos sentimos huérfanos cuando otros referentes lo dejaron, como García (hace ya 26 años, cuando desapareció de la noche a la mañana); o Luis del Olmo que hizo lo propio (¿para cuando un homenaje nacional?); o el día que Puyal dijo hasta aquí, y se acabó. A los oyentes cuesta habituarnos a esta nueva vida. Pero se sale. De la ausencia se sale con otra presencia.
Pero es que Alsina es mucho Alsina. Y al fin y al cabo, a eso se le llama poder. El maravilloso poder de la voz y las palabras. Viva la radio.
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