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Televisión y Mas

Peleas entre abogados

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Sergi Mas

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Entiendo que cada operador sostiene que lleva la razón y que con la Ley en la mano pretenderá llegar hasta la muerte. Los dos. O hasta que el rival se canse por desgaste. También los dos. Muy lícito. Esta pelea entre abogados de Atresmedia y Mediaset sobre la autoría y los derechos de los programas Pasapalabra, El Rosco, AlaZ o como narices le vayan cambiando el nombre a la criatura, se encuentra a años luz del espectador que ve el programa y se cambiará de cadena en función de quien emita el concurso.

La erosión reputacional diaria entre ambos canales supone tal desgaste para ambos que si le denominásemos cabezonería u orgullo nadie notaría la diferencia. Todo va camino de convertirse en una disputa ‘ad eternum’ que no conduce a nada, porque como cualquier género televisivo algún día el concurso sufrirá su desgaste, lo verán cuatro personas y finalizará. Y hasta aquí el chocolate del loro.

Bien haría Mediaset -especialmente Telecinco antes que Cuatro- en volcar esfuerzos para hacer más atractivos y menos repetitivos sus contenidos en lugar de realizar, como ha hecho, una promoción del regreso de El Rosco a Telecinco. ¿Por qué escribo esto? Porque la primera cadena de Mediaset firmó el pasado viernes, con un 5,3 % de cuota de pantalla, el peor dato diario de su historia en sus 36 años de emisión. No siempre tiene razón quien legalmente gana la batalla, sino quien actúa de forma más inteligente en una disputa.

Que nadie descarte que ambas cadenas acaben emitiendo una serie de ficción, en horario de prime time, con producciones separadas y protagonistas distintos, sobre despachos de abogados que trabajan para una televisión en donde la trama consiste en enviar mensajes indirectos a la cadena de la competencia. En fin…

Haciendo las paces comiendo heces

Pues nada, que tras un episodio televisivo impropio, Marta Gómez Montero y Jesús Cintora hicieron las paces. La periodista montó un pollo a l’ast en un discurso en el que llegó al límite, mentando a sus hijos y quejándose de comer mierda, para volver al día siguiente porque el presidente de RTVE, con buen criterio, le abrió la puerta. Lícito. Pero el próximo drama que Marta monte en un plató su credibilidad estará al nivel del desaparecido Sálvame. Ella sabrá. Ella sabrá. Ella sabrá.

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