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Diez años del "caranchoa"


Soy muy consciente de que no se trata de un aniversario que marque nuestras vidas ni que se trata de un asunto de Estado. Pero seguro que muchos de ustedes recordarán aquella broma callejera de un youtuber que le preguntó a un ciudadano de a pie una información.
Tras escuchar una amable respuesta, le replicó algo rápido, para que no se diese cuenta: “A ver si me aclaro, caranchoa”, pero el ciudadano todavía fue más rápido: “¿Caranchoa? A ver si te doy una hostia…”. Bien. Se la acabó dando porque el bromista reiteró el calificativo de “caranchoa”. Pese al tortazo, el youtuber difundió el video sin permiso y tras un juicio debió indemnizarle con 20.000 euros. Esa fue otra broma, con la que el youtuber no contaba.
Verán. Hace un par de semanas estuve a punto de ser víctima de estos colectivos bromistas. Estoy convencido de ello. Un servidor iba andando solo por la calle. Sólo: que nadie olvide este detalle importante. Y se me acercaron tres jóvenes. Por su apariencia es posible que alguno superase la mayoría de edad. La adolescencia de hoy en día tiene una altura bastante superior a la de mi época. Normal. Y uno de los tres me dijo: “Perdone, ¿me puede decir si por aquí cerca está la Avenida skjdote?”. Lógicamente no entendí su última palabra. Y le respondí: “Disculpa, no t’entenc”. Cuando dije esto, uno de los tres se le estuvo a punto de escapar la risa -por eso me fijé- y giró su cara. Pensé: “miau”. Y el cabecilla, volvió a repetirme, ahora ya vocalizando mejor sus palabras: “Si me puede decir si por aquí cerca está la Avenida del Cipote?”. Lo cliché enseguida, me quedé mirando a los tres, uno por uno, les dije: “Apa adéu, nois”. Y me marché. Ninguno hizo nada: ni me insistieron, ni intentaron salvar la broma.
Mientras volvía a casa me vinieron varias cosas a la cabeza. La primera de ellas fue que yo estaba siendo considerado como una persona vulnerable, “porque éstos tres no se atreven a hacerle la misma broma a un joven de 30 años que tiene la espalda como un Smart ”. Es así y se cierra el debate, no sea que por hacer una broma alguno reciba un sopapo que la boca.
La segunda cosa que pensé es si habían grabado la escena para emitirla posteriormente. E inmediatamente pensé: “¡Qué mas da! Si la emiten sin mi permiso, demanda al canto”. A menudo una broma inofensiva puede salir muy cara. Las cosas de la viralidad.
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