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Televisión y Mas

Los regalos de la tele

TVyMAS; Los regalos de la tele

Sergi Mas

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Los programas de televisión son, pues eso, programas de televisión. Pero existen algunos que se acaban convirtiendo en un regalo para los sentidos, las emociones y hasta los sentimientos.

El actor Roger Casamajor (La Seu d’Urgell, 1976) fue el invitado del primer episodio de la nueva temporada del 'Quanta guerra!'de TV3, al mando del cual está Eloi Vila. Ya advertí la pasada temporada que Eloi tiene el don de generar una empatía y una proximidad hacia el invitado y a los espectadores que lo reúnen pocos comunicadores. Es un Don porque eso, o se tiene o no se tiene. Y Eloi lo tiene. 

Me encantó un detalle de algo que en televisión estamos poco acostumbrados a ver cuando se realizan de verdad: los abrazos. Porque en cualquier programa invitados y presentadores se abrazan, a menudo sin ganas. Pero Eloi se acerca al invitado, lo abraza, no lo suelta y lo siente de verdad. Para que luego se diga que la tele es un medio frío. Para nada. La tele transparenta este regalo. 

Y otro regalo: el que nos ofreció Oriol Jara, guionista, escritor, productor de televisión y, ojo porque no estamos acostumbrados a esto: activista cristiano. ¿Perdón? ¿Un activista que prescribe aquello que piensa desde la paz, la sonrisa, la calma y el respeto, sin insultar a nadie que no piense como él? ¿Me lo pueden envolver para regalo, por favor? A Oriol lo entrevistaron este miércoles en la tertulia del 'Tot es Mou' (TV3), justo en mitad del bombardeo informativo diario, mientras inexplicablemente hemos normalizado hablar de cadáveres que se concretan en números, las víctimas de las guerras que machacan nuestro mundo. 

Les diré algo: cuando se emite un directo, en los platós de televisión se producen conversaciones en voz baja, normalmente por parte de auxiliares o quienes preparan la siguiente escena que marca la escaleta. Son las llamadas “animadas conversaciones silenciosas”, como las bautizaba mi amigo, ya jubilado, el gran regidor Àlex Baldomà. Pues me cuentan que mientras hablaba Oriol se generó en el plató un silencio tan intenso que navegaba entre el respeto y la admiración. Fue toda una delicia, convertida en un regalo televisivo. Gràcies Oriol!

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