Televisión y Mas
Como panes…

TVyMAS Lunes 23 / EPC

Se nos ha ido Chuck Norris a los 86 años. Y lo hizo nueve días después de publicar un video personal en su cuenta de instagram, en el que se le podía ver practicando boxeo, una de sus pasiones. Su familia no facilitó detalles del fatal desenlace.
Nacido en Oklahoma en el año 1940, y cuyo nombre original era Carlos Ray Norris, el famoso artista experto en boxeo, artes marciales, seis veces campeón del mundo de kárate, pero sobre todo actor, pasó a la gloria de la pantalla grande con películas de éxito como “El furor del dragón”, que co-protagonizó con Bruce Lee, y “Desaparecido en combate”, entre muchas otras. Por su parte, en televisión, lo que habitualmente nos ocupa, lo petó con la serie “Walter, Texas Ranger”, emitida con éxito en todo el mundo y que en España corrió a cargo de Telecinco.
Norris se convirtió en el símbolo de toda una época tanto en la gran pantalla como también en la vida, y sin que lo supiera nos referíamos a él de manera habitual para sintetizar la resolución de cualquier conflicto, al mencionarlo con una sencilla frase: “¿Quién se cree que es, Chuck Norris?”.
Quienes fuimos adolescentes en la década de los 70 y los 80, y pasábamos una tarde a la semana en aquellos cines de reestreno de Barcelona, las películas de acción suponían nuestro punto de conexión con la modernidad. ¿Les cuento? Me refiero a salas como el Fémina, Savoy, Río, Maryland, Cinerama, Avenida, Capitol, Virrey, Dante, Venecia, Horta, Turó… No hace falta que siga porque la lista es interminable; cines que incluían dos películas en cartel y en donde nos comíamos la merienda preparada en casa.
Se trataba de un género en el que la acción era tremendamente espectacular, pero en el que difícilmente se mostraban armas de fuego. Por ello, dicha acción se nos vendía de manera muy inocente. Allí veíamos muchos saltos, muchos golpes -bien disimulados- pero poca sangre, que era visible en los labios y cuyo sabor y textura no tenía nada que envidiar al ketchup.
Aquellos saltos en el aire nos mostraban cómo Chuck Norris era capaz de realizar una pirueta, sorteando la altura de un edificio y generar un “ohhhh” entre el público, que oscilaba entre la admiración y la risa de los espectadores. Y cuando algo se torcía aparecía nuestro amigo para imponer el bien y repartir… Pues eso es… como panes.
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