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Televisión y Mas

Las poses y las formas de Gonzalo Miró

TVyMAS Lunes 9

TVyMAS Lunes 9 / EPC

Sergi Mas

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Creo recordar que fue en el inicio de esta segunda temporada en la que escribo en esta columna que puse sobre el tapete el debate sobre si el presentador de un programa que emite una televisión pública puede opinar de cualquier tema. 

Bueno, mi respuesta fue “depende”. Porque sobre cómo hacer un huevo duro, o presentar las curiosidades del día, pues claro que puede opinar. No veo el problema. Pero la base de la pizza consistía en posicionarse a favor o en contra sobre lo que ha dicho un político. Con una particularidad: que si permitimos que se pueda opinar, que se permita a todos los presentadores de todas las cadenas. Televisión Española y Telemadrid; TV3 y Canal Sur. De lo contrario, no diré fascismo porque está muy de moda, sino que es sectarismo.

Pues nada, que hace días, en el 'Directo al grano' de La 1Marta Flich le dio la palabra a la periodista Isabel Durán, que con una tranquilidad pasmosa, que es su tono habitual, dijo: “no entiendo la actitud de Sánchez que cada vez se parece más a Franco”… Inmediatamente,, se escucharon algunas voces de desaprobación desde la mesa del tipo: “Hala, madre mía”… Gonzalo Miró echó la cabeza sobre la mesa y se descojonaba de la risa. 

Y a partir de aquí Gonzalo Miró, notoriamente enfadado, hizo el doble papel de presentador y de opinador: “Mira, es que cuando dices esas salvajadas hay que pararte, Isabel. Es que tú no puedes sentarte a decir que Pedro Sánchez cada vez se parece más a Franco”. Y todavía más enfadado, preguntaba: “¡¡A cuento de qué, basado en qué!!”. Un poco cani…

Me imaginé a un profesional de la BBC de viaje por España viendo las formas de Gonzalo Miró… Seguro que no se creería que ese canal es público. Y lo era. Por eso, si Miró ha de pasar un mal rato por escuchar lo que no le gusta escuchar: oiga, para la próxima vez no hace falta que inviten a la tertuliana.

Al final ese debate quedó marcado por esa escena. Me gustó más el tono de Isabel Durán, que envolvió su discurso con una forma impecable y un tono correcto, pero que cruzó Getafe, Chinchón y Aranjuez, tres de los pueblos por los que pasó Isabel, aunque entendí más coherente el posicionamiento de Gonzalo, pero lo perdió todo en sus formas. A menudo una sonrisa, una pausa, o un silencio resulta más demoledor que un enfado o un cabreo en un plató. 

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