Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Obituario

Fallece Mercedes Carbó, la vigorosa y valiente ‘mamá del millón’

Madre de una niña con parálisis cerebral, se convirtió en una figura popularísima tras su paso por el programa 'Un millón para el mejor', que utilizó de altavoz para combatir el estigma de las personas con discapacidad

Mercè Carbó, 'La mamá del millón, durante una entrevista con EL PERIÓDICO el 2 de julio de 1999.

Mercè Carbó, 'La mamá del millón, durante una entrevista con EL PERIÓDICO el 2 de julio de 1999. / Jordi Morera / Archivo

Ignasi Fortuny

Ignasi Fortuny

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Hubo un tiempo, con la televisión en blanco y negro y un solo canal, en el que al nombre de Mercedes Carbó le añadían 'de Figueras'. Ella decía que, por mucho que amara a Jordi, su marido, no era de nadie: Mercè Carbó Colomer, nacida a dos días de finalizar 1930 en Barcelona y fallecida este viernes en Sant Cugat del Vallès. Pero Mercè, por cabezonería y amor, acabó siendo un poco de todos una vez bautizada como ‘La mamá del millón’. Fue en 1968, tras su participación en el concurso ‘Un millón para el mejor’ (Televisión Española), cuando se ganaría ese apodo y cambiaría su vida. Aunque, de hecho, ya lo había hecho unos años antes, cuando nació Lourdes con parálisis cerebral, la pequeña de sus cuatro hijos (Jaume, Pau y Jordi). Y, sobre todo, cambiaría la vida de muchas familias que convivían casi en secreto con la discapacidad. Porque a eso dedicaría su vida.

Vigorosa, alegre y orgullosa madre (luego abuela y bisabuela) y activista por los derechos de las personas con discapacidad, ‘La mamá del millón’ se convirtió en una estrella a finales de 1960 desde que participara en ese programa de audiencia y premio millonario de TVE en el que cada concursante guardaba un ‘secreto’. Ella, advirtió, lo desvelaría al final y conocedora de que el concurso se emitía en directo. En la última prueba, una rueda de prensa con periodistas ("de verdad", insistía al recordarlo), dijo: “Mi secreto mide un metro, tiene siete años y es subnormal”. “Subnormal”, tal y como los médicos se refirieron a Lourdes cuando nació. La dichosa palabra, al fin enterrada, la acompañó con orgullo durante muchos años. Carbó, tras numerosas visitas médicas, encontró en el neuropsiquiatra Jeroni de Moragas un doctor comprensivo ("a su hija solo le hace falta amor") y en el que confiar. Y ella, años después y en agradecimiento por todo lo que hizo por Lourdes, fundó un centro para personas con discapacidad, aún en funcionamiento, que lleva su nombre.

Romper el tabú

Con valentía, entereza, sin dramas, expuso delante de toda España aquello que nadie osaba ni cuchichear, que su hija tenía una discapacidad. Un desagradable episodio en el colegio infantil al que iba Lourdes la alentó a participar en el concurso con el único propósito de romper en voz alta, altísima, el tabú de que aquellos hijos, hermanos, medio escondidos, no eran “hijos del pecado” ni mucho menos, sino que eran, tan solo, niños, hijos, hermanos. Aquel gesto la llevó a una popularidad inimaginable, durante casi una década estuvo dando charlas por España, empoderando a familias como la suya y haciendo que, con su presencia, los gobernadores grises de la época se comprometieran a abrir colegios de educación especial allí por donde pasaba. En El Puerto de Santa María, a día de hoy, un colegio sigue luciendo su nombre: Mercedes Carbó.

En su casa de Barcelona guardaba innumerables obsequios que durante todos estos años le han entregado como muestra de agradecimiento. También revistas en las que aparecía (hasta este punto ella y su familia se convirtieron en tema de conversación) y fotografías con personajes de esos años, mandamases de todo tipo, que se le acercaban conocedores de su magnetismo. Ella, decía, sentía la necesidad de ayudar, y volcada estuvo desde entonces en dignificar la discapacidad y lograr mejores condiciones de vida para las familias, su único objetivo. También cuando ejerció de concejala en el Ayuntamiento de Barcelona o estuvo en la Diputació de Barcelona.

Carbó escribió en varias publicaciones, como en la revista ‘Lecturas’ (también publicó el libro 'Sonrisas rotas'), y muchos años después, ya instalada en una residencia de Sant Cugat por voluntad propia, donde cuidaba un pequeño huerto con la misma devoción con la que enfrentaba todo, cogió el timón de la revista de la institución. Inteligente y lúcida hasta el final, publicaba entrevistas con internos y confesaba que, a veces, corregía algunas respuestas que no cuadraban.

Hace unos años, al final de una larguísima mesa durante una celebración, sonreía mirando lo que ahora deja: cuatro hijos, cuatro nietos y once bisnietos. “Ves, mira qué bonito, yo ya me puedo morir tranquila”.

Suscríbete para seguir leyendo