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Televisión y Mas

La radio de las mil vidas

TVyMAS; La radio de las mil vidas

Sergi Mas

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Hoy viernes celebramos el Día Mundial de la Radio. Pero vamos a ver, reflexionemos. Está muy bien que a la radio, como medio de comunicación, se le dedique una jornada mundial por los méritos conseguidos a través de su historia, trascendencia, pervivencia y su constante reinvención.

Al final, esto del “Día Mundial” sirve para que los programas principales de las emisoras abandonen los estudios centrales y se ventilen durante toda la mañana (por cierto, existe muy poca ventilación en los estudios).

Hace décadas, la radio era un gran mamotreto, del tamaño de una caja de zapatos, que se colocaba en mitad del comedor de las casas. Aquel cacharro era la única forma de conectarnos con la realidad de una manera más o menos inmediata, o a lo que se nos vendía como realidad.

Llegó otro armatoste: la televisión. ¡Vaya! Demasiados aparatos para un comedor. ¿Dónde colocamos la radio, pues? No hay problema: la radio se reinventó y empezó a suministrar receptores más pequeños, empezando por los de mesa y luego los de bolsillo con la onda media, que incluían un único auricular de color blanco; después se incorporó a las cadenas de música (¿quién no ha tenido una minicadena con doble platina para grabar emisoras de radio y discos?), para seguir en los maravillosos walkman, con cassette incorporado.

Los automóviles también disponían de radio, a la que posteriormente se le sumó el cassette, el cartucho, el CD y la FM; en los últimos años, a través de los sistemas RDS, DAB o DAB Plus. Falta, como el comer, que el propio medio explique de qué va todo esto, porque al final acabará teniendo más sistemas que oyentes.

¿Que apareció un invento llamado teléfono móvil? No hay problema. Aquí está la radio. Hace más de una década que ese tipo de terminales incorporaba un chip con una aplicación para escuchar la radio en FM, especialmente los modelos Android. Los de Apple también, siempre tan egocéntricos, pero la empresa ‘capaba’ su propio chisme y los iPhone jamás tuvieron FM. Intereses de las compañías de telefonía cerraron esta aplicación; las radios realizaron un nuevo salto mortal y… “¡Alehop!” aparecieron las aplicaciones de radio para la telefonía móvil. Pongámosle a la radio algún problema, que siempre nos aportará una solución. Viva la radio.

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