Latigazos a los caballos


Esto me ocurrió este domingo. Después de la comida y desde el sofá llegó mi “momento televisión”. Me puse a hacer zapping para comprobar en qué canal me quedaba y en seguida me quedé. Fue en el canal principal de Movistar (“Vamos”) que estaba emitiendo unas carreras de caballos.
A mi jamás me han apasionado, más bien todo lo contrario, y ahora explico el porqué. Hubo una época, sobre los años 80, en la que esas carreras tomaron parte de los espacios deportivos, y no se emitía el mítico 'Estudio Estadio' sin las dichosas carreras. Nunca supe si era algo patrocinado, tolerado, o piensen ustedes cualquier otra teoría. Pero recuerdo que sus locutores narraban de forma exultante y eufórica la recta final de cada carrera.
Tampoco había muchos expertos en esta modalidad, así que el nivel medio era bastante “flojinchi”. Todo ello con una extraña lógica que explicaba que a quienes nos gustaba el fútbol nos tenían que agradar aquellas carreras desde el hipódromo de la Zarzuela. ¿Y porqué no, petanca? Pues no. Era hípica. Vamos. Vuelvo al relato del pasado domingo.
Y por lo que vi yo pensaba que con el paso del tiempo la técnica habría abandonado esos azotes absolutamente desagradables propios de la edad media que un jockey propinaba al equino en la recta final de una carrera. Pues estamos igual. O peor. En 2025 se actúa igual en un hipódromo de como lo hacían los nobles en Francia o en Inglaterra en el siglo XVIII. Si el caballo corre poco, hostia que te crío. Y cinco metros después, otra hostia más. Y yo lo siento pero no puedo con eso.
Miren. Uno que ya tiene una edad va atesorando muchas taras. Y una de las que tengo, de la que además me siento orgulloso, es que no soporto que maltraten a un animal, aunque sea con la excusa de una presunta práctica deportiva. Además, desde sus orígenes hasta hoy en día, al público presente se le permite apostar pasta por el caballo ganador. Ya ven que tenemos todos los ingredientes de la paella clasista que reúne dinero, apuestas y maltrato animal.
He leído documentación que afirma que para que el caballo no se distraiga, “el jinete lleva ese látigo para poder golpear al caballo en el hombro y así mantener su atención en la carrera sin que se distraiga”. Con ustedes: el ser humano, señoras y señores; siempre priorizando su diversión por encima del estado de un animal. ¡Vamos!
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