Entrevista
Alain Hernández: "Los actores debemos proponer cosas de nuestro personaje aunque no estén en el guion"
El actor protagoniza la serie de Atresplayer 'Las hijas de la criada', basada en la novela de Sonsoles Ónega
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Alain Hernández, en 'Las hijas de la criada' / ATRESMEDIA

Para Alain Hernández (Barcelona, 1975), la interpretación fue un 'hobby' que se le escapó de las manos. El actor, que estudió Márketing y Relaciones Públicas, se apuntó a un curso de teatro para airearse de la empresa familiar de jamones. Le gustó tanto, que quiso probar suerte en los escenarios y los platós, a pesar del terremoto que desató esa decisión entre los suyos. Lleva ya varias décadas en la profesión, en títulos como 'Sueños de libertad', 'Cites', 'La Riera', 'La caza', 'Mar de plástico', 'Madres. Amor y vida'... Ahora es uno de los protagonistas de 'Las hijas de la criada', la serie de Atresplayer que adapta la novela homónima de Sonsoles Ónega, ganadora del Premio Planeta en 2023. También está rodando una comedia para 3Cat y HBO Max, 'In vitro'.
--Una curiosidad: ¿El nombre le viene porque sus padres eran fans de Alain Delon?
No eran tan cinéfilos. Mi padre tuvo que emigrar a Francia con su hermano cuando tenía 13 añitos para trabajar y enviar dinero al pueblo. Estuvo allí siete años. El mejor amigo francés que tuvo se llamaba Alain y le dijo: "Le pondré tu nombre a algún hijo que tenga". Y me tocó.
--Es el protagonista masculino de 'Las hijas de la criada'. Interpreta al patriarca de los Valdés, Gustavo, un hombre que quiere a su esposa pero que no puede reprimir sus pasiones y es el origen de todo el lío que se monta. Preséntelo para quien no se haya leído la novela.
Es el patriarca de una familia pudiente en la Galicia de 1900. Eso te daba un estatus social y se tomaban ciertos derechos sobre los subordinados. Era algo bastante normalizado en la época. El origen de todo no es tanto el hecho de tener ese 'affair' con la criada, sino lo que pasa después. Por las meigas, que haberlas, haylas, nacen al mismo tiempo la hija de la criada, que se ha quedado embarazada de él, y la hija de su esposa. Ahí empieza un secreto que va a arrastrar hasta las últimas consecuencias, y que le lleva a marcharse con la familia a Cuba para no afrontarlo. Se tiran unos cuantos años allí, unos 17 o 18, y luego regresan a Galicia.
--La serie está ambientada en una época en la que las mujeres estaban muy limitadas. Sin embargo aquí sacan adelante la empresa familiar y son unas adelantadas a su tiempo.
Son excepciones en la historia, porque no es que estuvieran muy limitadas, es que estaban casi anuladas. Y eso no hay que olvidarlo. Aquí quizá se toman ciertas licencias a la hora de explicar la historia, pero hay que poner en valor todo lo que han conseguido las mujeres en estos años. No podemos caer en: “Ah, pues ya en esa época eran así de luchadoras y conseguían todo lo que se proponían”. Sí, algunas lo lograron, pero eran las menos, precisamente por el machismo tan normalizado. Y también cuántos hombres en la historia han sido empujados o arrastrados a ciertas conductas o comentarios solo porque el entorno te obligaba a ello, porque si no no eras suficientemente hombre. Pero sí, es la historia de unas mujeres muy luchadoras, resilientes, que además se apoyan entre ellas, con sororidad.
--¿Se ha leído la novela?
Todavía no he tenido ocasión. Tengo el tiempo muy limitado entre el trabajo y la familia. Me dedico básicamente a leer y estudiar los guiones que, por suerte, tengo que hacer, que eso significa que hay trabajo. De hecho, antes de rodar un proyecto basado en una novela ya me recomendaron una vez que quizá era mejor no leerla, porque te desvías de lo que realmente es el guion. Me pasó con 'Palmeras en la nieve', basada en la novela de Luz Gabás, pero aquí ya ha sido decisión propia. Si no, luego empiezas a pensar: “¿Y por qué no hemos puesto aquella escena de la novela que me gustaba? ¿Por qué han adaptado esto así?”. Te haces preguntas que creo que son innecesarias para nuestro trabajo.
--Cuando hace algo basado en una novela que ha sido un 'best-seller', ¿siente la responsabilidad de que haya tanta gente que ya se la ha leído y tenga una idea previa de Gustavo Valdés?
No lo suelo pensar mucho. Sí que piensas que hay que estar a la altura de una gran novela, pero cuando empiezas a rodar, o incluso antes, cuando ves la magnitud del proyecto y de la producción, confías en que va a estar bien. Vas a muerte con el rodaje y ya está. Es verdad que cuando se adaptan novelas cada persona tiene su imagen mental de los personajes y luego, al verlo en pantalla, hay gente que se sorprende o se decepciona porque había imaginado otra cosa. !A lo mejor alguien se había imaginado a Gustavo con un pelazo tremendo y mi Gustavo es calvo!

Alain Hernández y Verónica Sánchez, en 'Las hijas de la criada' / ATRESMEDIA
--Su anterior trabajo fue 'Sueños de libertad', que dejó voluntariamente. ¿No es una decisión arriesgada, por la estabilidad que da una serie diaria?
Yo firmé un contrato con la condición de hacer un año. Sabía lo duro que iba a ser. También hay otras realidades, compañeros que viven en Madrid con sus familias y lo tienen no diré más fácil porque siempre es difícil conciliar una serie diaria con tu día a día, pero lo viven de otra forma. Hubo preguntas sobre si quería seguir, pero me mantuve en mi decisión.
--Dejó la serie para conciliar.
Sí. Esa fue la razón más importante: poder estar un poco más con mis hijos. Luego salen otros proyectos, pero ya son trabajos más cortos. Normalmente los proyectos duran tres, tres meses y medio, y no te exigen estar cada día. Depende del plan de rodaje: a veces tienes semanas más ligeras y puedes estar más en casa. La diaria, en cambio, te exige estar ahí casi todos los días.
--Usted empezó en el teatro relativamente tarde.
Empecé a estudiar teatro con 28 años y a los 31 decidí dedicarme exclusivamente a la interpretación. Fue un momento complicado: decirlo en la familia, a mi esposa de entonces… Fueron momentos difíciles, pero tiré para adelante con mi decisión, igual que con lo de Jesús en 'Sueños de libertad'. Si tomo una decisión, es difícil que la cambie, salvo que pase algo muy traumático.
--Había estudiado Marketing y Relaciones Públicas porque se ocupaba de la empresa familiar de jamones. ¡Vaya cambio!
Fue un 'hobby' que se me escapó de las manos. Empecé un curso de teatro sin más pretensión que airearme de la empresa familiar, que es algo muy endogámico: le echas muchas horas y las reuniones familiares acaban siendo también de trabajo. Soy muy fan de 'Regreso al futuro' y a veces pienso: si cogiera el DeLorean y volviera a ese momento... ¿cómo sería esa realidad? ¿Seguiría casado con aquella mujer? ¿Tendría hijos con ella? ¿Qué habría pasado?

Carlota Baró y Alain Hernández, en 'Las hijas de la criada' / ATRESMEDIA
--En el rodaje de 'In vitro' comentaba que le dejaban aportar mucho al personaje. ¿En 'Las hijas de la criada' han sido más estrictos o también ha podido aportar cosas a Gustavo?
No es en el mismo género ['In vitro' es comedia], así que de entrada no hay tanto margen. En 'Las hijas de la criada', como en 'Sueños de libertad', al ser más melodrama hay algo más de atadura. Pero los directores siempre escuchan mis propuestas, porque soy un actor al que le gusta proponer, tanto en el 'acting' como incluso en el guion, decir ciertas cosas que no estaban escritas o interpretar de forma distinta lo que está escrito. Al ver que funcionan me van dejando más manga ancha. Y sí, ha habido cosas que me han dejado aportar y que creo que suman al personaje.
--Hay guionistas y creadores a los que no les gusta que los actores propongan cosas...
Me consta que los hay, pero tengo la suerte de que al final me salgo con la mía y soy de los pocos a los que les dejan 'morcillear' o meter cosas que no están. No es que sea partidario de que los actores y actrices puedan proponer cosas, es que deben hacerlo. Otra cosa es que luego funcione o no. Pero en los ensayos hay que proponer cosas. Creo que nuestra profesión también es eso: dar más opciones a la directora o al director de las que están escritas, no quedarse solo con eso, tener la inquietud de mejorar y conocer más al personaje. Porque cuando le das cosas que no están en el guion, lo haces más tuyo, empiezas a crear un vínculo que no está escrito y es muy de piel, de sensaciones, de sentimientos… Para mí es básico proponer, porque quiere decir que estás entendiendo, defendiendo y amando a tu personaje.
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